
Angela Liliana Dotor Robayo, Alberto Romero Moscoso. (2025). https://doi.org/10.21789/24223158.2236
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ARTÍCULO DE INVESTIGACIÓN
no logró comprometer de manera importante los vectores determinantes —los aparatos de
transformación de materias primas, la consolidación del escenario de cultura material dispuesto
para el uso y desecho, el desarrollo de tecnologías para la fabricación y habitabidad, la relación
esencial con los saberes ingenieriles que se dispusieron como perspectiva de la idea de desarrollo,
entre otros— terminó tomando distancia ampliamente del decurso socio histórico del siglo XX. Los
diseños al servicio de una estructura de producción y comunicación, la cual no estuvieron en la
capacidad de comprender cabalmente, abonaron en el robustecimiento de las prácticas que
navegaron del mundo industrial al mundo de la información dispuesto sobre la poderosa idea de
mercancía. Sin comprender realmente las mercancías, apuntalaron su existencia en las
posibilidades de su comunicación o en las superficiales modificaciones de los escenarios de
producción, que no actualizaron la invitación formalista y funcional de la primera estética
industrial y tampoco estuvieron en capacidad de revertir la consolidación de los medios como
accesorios al aparato productivo-distributivo.
Es posible pensar que la idea fundacional sobre la cual aparecieron estas disciplinas, que
giraba en torno a la apuesta según la cual era posible diseñar el mundo sea, como es evidente, un
ejercicio retórico y circular para preguntas que, mantenidas en lugares sin interés, discurren
banalmente en inquietudes que articulan las disciplinas, por ejemplo, con las robustas ideas de
cultura e identidad, en las cuales aspiran a su reafirmación. Declarar pues, que el mundo se puede
diseñar tendría hoy que ver, por lo menos, con comprender las estructuras de la economía y la
geopolítica, a la luz de las transformaciones socio históricas y, en consecuencia, pensar en la
posibilidad de diseño del mundo sería, por tanto, lejos del positivismo instrumental, una tarea
analítica e interpretativa que mencionaría la contingencia de diseñar, como una acción de variables
complejas, pero claramente no como una disciplina.
Diseñar, en razón a lo anterior, puede comprenderse como una acción y en tal caso podrían
formularse inquietudes con respecto a sus posibilidades y alcances (en el marco de las dinámicas y
estructuras mencionadas) no obstante, con respecto al diseño como un escenario disciplinar en
sentido epistemológico, la reflexión no parece tomar el camino de la acción sugerida, sino por el
contrario el de sus condiciones en términos discursivos autorreferenciales y endogámicos. De
manera similar a las reflexiones sobre las que se discute a propósito (por ejemplo) de la idea de
poder y los medianos acuerdos a los que ha llegado el mundo contemporáneo al respecto (anomia,
deslocalización, ausencia de sujeto, carácter relacional, orden complejo y otros) podría
estructurarse la noción de diseño. Pero claro, sabemos que poder no es una disciplina (aunque
tampoco solamente una acción).
Así las cosas, pensar en un mundo que pueda ser diseñado, como un proyecto, no solo
insistiría en el determinismo, sino además su sentido teleológico comprometería la certeza de que,
vistas las innumerables condiciones de crisis del planeta, el diseño resultó por lo menos
insuficiente. Empero, no tiene las posibilidades de la tarea a la que aspira, pero tampoco la culpa
del estado actual (por lo menos, no toda).
Ahora bien, un pensamiento no disciplinar puede, sin duda, articular reflexiones juiciosas
sobre la socio-tecnología y sus consideraciones con respecto a tensiones renovadas del tránsito de
ciudadanos a consumidores y sus múltiples formas; pero también de la condición humana y sus
relaciones con sistemas y ecologías de la vida y de lo artificial. Tal vez lo que resulte de este empeño,
poco tendrá que ver con una condición disciplinar y mucho menos epistemológica de diseño, claro,
tampoco de otras disciplinas. La tarea, será conceptual.