Fecha de recepcn: 25 de enero de 2024
Fecha de aceptación: 11 de junio de 2024
Disponible en línea: 2 de octubre de 2024
Vol. 11 N.° 2
Julio Diciembre del 2024
pp. 1- 30
H I S T O R I A E C O N Ó M I C A , E M P R E S A R I A L Y D E L P E N S A M I E N T O
TIEMPO & ECONOMÍA
Sugerencia de citación: Eraso Cruz, V.
(2024). La población esclava en la
jurisdicción de Ibagué y la parroquia de
Chaparral. 1738-1809.
tiempo&economía, 11(2), 1-30.
https://doi.org/10.21789/24222704.2071
DOI:
https://doi.org/10.21789/
24222704.2071
La población esclava en la
jurisdicción de Ibagué y la
parroquia de Chaparral.
1738-1809
The Enslaved Population in the Jurisdiction
of Ibagué and the Parish of Chaparral
(1738-1809)
Valeria Eraso Cruz
Historiadora, Universidad del Tolima, Colombia
https://orcid.org/0009-0005-1851-3677
erasocruzvaleria@gmail.com
RESUMEN
El artículo busca visibilizar la existencia de la población esclava que se
ubicó en la jurisdicción de Ibagué y la parroquia de Chaparral durante los
años 1738-1809 y la dinámica del mercado con relación a la oferta y
demanda interna local; además, realiza una aproximación a la composición
de las familias esclavas. Por otra parte, pretende dar a conocer el promedio
de precios de los cautivos a razón de valores intrínsecos como procedencia,
sexo, edad y algunos factores de depreciación como tachas físicas y
morales. Lo anterior es resultado de la recopilación y análisis de
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información capturada principalmente del fondo Notarías del Archivo
Histórico de Ibagué.
Palabras clave: esclavos; comercio; mercado; jurisdicción de Ibagué;
parroquia de Chaparral; manumisión; historia económica.
Códigos JEL: F10, N01, N16
ABSTRACT
The article seeks to make visible the enslaved population that was
located in the jurisdiction of Ibagué and the parish of Chaparral between
1738 and 1809. Also, it evidences the dynamics of the market in relation to
the local internal supply and demand and approaches the composition of
slave families. On the other hand, it aims to reveal the average price of
captives based on intrinsic values such as origin, sex, age, and depreciation
factors such as physical and moral defects. This study was the result of
collecting and analyzing information captured mainly from the Notaries
fund of the Historical Archive of Ibagué.
Keywords: Slaves; Commerce; Market; Jurisdiction of Ibagué; Parish
of Chaparral; Manumission; Economic history.
JEL Codes: F10, N01, N16
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Si bien el comercio de esclavos contó con diferentes actores que lideraron el tráfico, para el presente artículo se hará énfasis
en el comercio español y criollo.
Introducción
La esclavitud sin duda ha sido un tema ampliamente estudiado y
debatido desde diferentes enfoques históricos que han permitido
comprenderla desde lo económico y político como institución, a la vez que
han proporcionado desde lo social y cultural la comprensión de este
fenómeno en el Nuevo Mundo y las razones e ideas que justificaron siglos
de dominación y sometimiento. Estas ideas planteadas y aceptadas por la
religión, la filosofía, la política, la sociedad y principalmente por la
economía y el derecho (Añoveros, 2000, p. 83) aseguraron, como lo indican
Antonino Vidal Ortega y Jorge Enrique Elías Caro, que los españoles
colonizaran el continente americano, pues con la encomienda y el reparto
fueron reacios a trabajar con sus propias manos y la mortalidad de los indios
fue demasiado elevada como para asegurar una adecuada mano de obra
(Vidal y Caro, 2012, pp. 11-12).
En el caso que nos atañe sobre el Nuevo Reino de Granada
1
, autores
como Jaime Jaramillo Uribe (1997), German Colmenares (1997), Jorge
Palacios Preciado (1988) y María Cristina Navarrete (1996) marcaron el
inicio de una nueva manera de ver y entender la esclavitud como fenómeno
e institución. Recientemente, un sinnúmero de trabajos han logrado
transformar el imaginario que se había consolidado al respecto y sobre todo
la forma de hacer historia en Colombia. Es el caso de Orián Jiménez (2000),
Rafael Díaz (2001), Robinson Salazar (2021) y Mario Diego Romero (2023),
por mencionar algunos, en los que se encuentran nuevas perspectivas que
visibilizan la existencia de población esclava en regiones donde se ignoraba
su presencia. De igual manera, presentan factores más allá de lo
económico, como la conformación y dinámicas de familias, cartografía
social, comercio y resistencias de la población esclava.
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La investigación de Carlos Valencia Villa (2003) presenta las
variaciones de precios de los esclavos en tres zonas del Virreinato de la
Nueva Granada, considerando los espacios económicos y mercantiles que
administraban estas regiones, mediante el uso de diferentes variables que,
en términos económicos y sociales, muestran el precio y el valor de los
esclavos según la edad, el género, la procedencia y el sexo, entre otros
valores intrínsecos de la población esclava (Mellafe, 1964, p. 7). También,
este mismo autor, en La producción de la libertad: economía de los esclavos
manumitidos en Río de Janeiro a mediados del siglo
XIX
(2011), revela en
términos sociales los procesos familiares y de manumisión de la población
esclava en Río de Janeiro ciertamente la región que concentró la mayor
cantidad de población esclava en el Nuevo Mundo y las características
que componían a dichas familias. Sin duda, las investigaciones
mencionadas son referentes de gran importancia para comprender la
esclavitud como un proceso económico y social principalmente, si bien en
los grandes centros urbanos, también en villas y pequeñas poblaciones que
componían las zonas virreinales.
En este sentido, otras investigaciones refuerzan esta transformación
metodológica, a la vez que proporcionan una mirada diferenciadora desde
la historia regional durante y después del siglo
XVIII
. Trabajos como el de
Dianis Hernández (2014), Yoer Castaño (2013) y Viviana Portilla (2015)
ofrecen diferentes perspectivas en cuanto a las formas de convivencia y
medios a los que recurrían los esclavos para conseguir su libertad en
diferentes zonas del Nuevo Reino.
Por otro lado, Robinson Salazar (2019) evidencia las dinámicas
sociales y participación activa de la población esclava en la conformación
de las sociedades coloniales (p. 15); Salazar (2008) también aborda los
procesos de compra y venta de esclavos y las proporciones del mercado en
el artículo Sujeto a servidumbre. La estructura demográfica de los esclavos en
la Villa de San Gil, 1694-1713. Estos serán los referentes para comprender
las variaciones de precios y constitución de familias. Es menester aclarar
que las fuentes consultadas para el presente artículo son limitadas con
relación a la información que proporcionan; no obstante, permiten
comprender desde la compra de la libertad el compromiso de los mayores
por mantener unidas a las familias.
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La propuesta metodológica se basó tanto en la revisión del fondo
Notarías entre los años 1738 y 1809 del Archivo Histórico de Ibagué (
AHI
)
como de los fondos Aguardientes, Censos, Alcabalas, Miscelánea y Minas-
Tolima de la sección Colonia del Archivo General de la Nación (
AGN
). Los
datos obtenidos fueron sometidos a un análisis para determinar
cantidades, precios y distribución de esclavos, de acuerdo con los criterios
de género, edad, procedencia, ventas en grupos o individuales. Vale la pena
advertir que la información recopilada da cuenta únicamente de procesos
de adquisición de esclavos por medios legales (compra venta).
Originalmente, los datos fueron tratados a manera de investigación
económica; sin embargo, gracias a la riqueza de la información se pudieron
obtener importantes aportes para complementar el análisis económico.
La consulta de documentos en el Archivo General de la Nación surgió
ante la necesidad de contrastar y añadir información de personas que
figuraron en los procesos de compra y venta de cautivos o de hechos
referenciados por otros autores. Frente a los datos es necesario aclarar que
presentan vacíos de acuerdo con los criterios de búsqueda que se
establecieron: por ejemplo, de los años 1752, 17541762, 17651770, 1771,
17731775 y 17791786 no se encuentra información, pues, aunque los libros
se encuentran clasificados por rangos de años, estos no concuerdan con su
contenido; también existen años en los que se registra información y
transacciones, pero no relacionada con los procesos de esclavos. De modo
que, aunque la delimitación temporal comprende 72 años, los datos solo
dan cuenta de 51.
Así, la intención del presente trabajo es mostrar que en la jurisdicción
de Ibagué y la parroquia de Chaparral existieron esclavos en una proporción
considerable si se compara con el resto de la población, con
particularidades propias establecidas de acuerdo con las condiciones
socioeconómicas de la región. Se realizará un análisis de los precios de las
piezas de esclavos a partir de criterios como edad, sexo y procedencia;
también se presentará un acercamiento a las dinámicas de la integración
familiar a partir de la compra de la libertad o manumisión de los cautivos,
en la que se establecieron tres maneras: compra o margen autónomo de
ingresos, pago de terceros o gracia.
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Ahora, si bien la muestra de la población estudiada no es del tamaño
que presentan los autores citados, es un aspecto que demuestra la
relevancia de la región en materia de tráfico de esclavos. Al menos este es
el caso de Chaparral, que a pesar de ser una parroquia contaba con familias
económicamente solventes, que tenían negocios en diferentes partes del
Nuevo Reino y que por un lado manejaban el comercio de esclavos en la
región, a la vez que servían como prestamistas a la administración de
Ibagué (
AHI
, Notaría 1, t. 28, f. 143).
Por otra parte, el movimiento del mercado de esclavos demuestra una
contradicción con la teoría del archipiélago económico planteada por Luis
Eduardo Nieto Arteta (1941) y contradicha inicialmente por Luis Ospina
Vásquez (1955), quien en efecto, señalaba que había una especialización
importante en el conjunto de la economía neogranadina y que esta no era
una economía cerrada” (Torres y Muñoz, 2013, p. 167), especialización que
de alguna manera se desarrolló en Ibagué y Chaparral con el comercio de
esclavos. Como recurso para debatir esta teoría, se analizaron casos de
compra y venta de cautivos por parte de comerciantes y mercaderes de
carrera procedentes de Cartagena (Clavijo, 1993, p. 238) que figuraban
como compradores en Ibagué, igualmente aparecen vecinos de Santa Fe,
Popayán e incluso del Chocó.
Con relación a las dinámicas familiares, y aunque las fuentes
consultadas son diferentes, esta propuesta se acerca bastante a la
conformación de familias presentada por Robinson Salazar (2021), en la
medida en que las transacciones para compra de la libertad de párvulos en
la mayoría de los casos fueron lideradas por las madres, de modo que la
relación madre-hijo predominó en los espacios observados, al igual que en
la villa de San Gil. También estuvo presente la actuación y dinamismo para
mantener la unión familiar desde lo económico, ya que a pesar de ser
esclavos, lograban contar con ingresos y estos eran invertidos en el pago de
la libertad de los integrantes de las familias.
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Contexto del mercado de esclavos en la jurisdicción de
Ibagué y la parroquia de Chaparral
Conviene empezar con algunos comentarios sobre aspectos
demográficos y geográficos de la jurisdicción de Ibagué y la parroquia de
Chaparral. La primera, según el censo de 1778, estaba conformada por la
parroquia de la Mina, también conocida como minas de cobre Payande
(Clavijo, 1993, p. 28), El Valle, Chaparral y Guamo; tenía una población de
11 746 almas, de las cuales el 4 % correspondía a la población esclava, y se
ubicaba espacialmente de la siguiente manera:
Desde los ríos de china y piedras y los cerros llamados las tetas de
Doima pasando por el latifundio de Llanogrande, y el rio Luisa hasta la
desembocadura de los ríos Saldaña en el Magdalena y el Saldaña arriba
hasta su nacimiento, viniendo por la cima de la cordillera central hasta el
Nevado del Tolima. Es decir, que se incluían la ciudad de Ibagué y las
parroquias del Valle del San Juan, San Luis, Miraflores, Guamo y
Chaparral. (Clavijo, 1993, p. 63)
Es menester aclarar que las actividades económicas en el siglo
XVIII
en
estos lugares eran variadas y se encontraban principalmente en cabeza de
familias procedentes de Santa Fe y Mariquita, quienes, en busca de cargos
y de reconocimiento político, lograron establecer una fuerte red de
parentesco con las élites locales, lo que a su vez le imprimió a Ibagué una
imagen de ciudad (Clavijo, 1993, p. 234).
Las haciendas, las plantaciones y las estancias ganaderas o mixtas que
surgieron como proveedoras de abastos para las minas al iniciar el siglo
XVIII
se convirtieron en la actividad económica principal de la región. Al respecto,
considérese la bonanza cacaotera de 1760; el crecimiento tabacalero del
pueblo de Ambalema; las plantaciones de caña y los hatos ganaderos de
Coyaima, Natagaima y Neiva, de grandes magnitudes y también pequeñas
unidades productivas, que luego serían desintegradas como efecto de las
reformas borbónicas y la creación de monopolios; y un nuevo ciclo minero,
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que activó nuevos mercados no solo en relación con los productos de las
haciendas, sino el comercio de esclavos (Soulodre-La France, 2004, p. 115).
Así, el resurgimiento del sector minero en la región, que antaño había
sido exitoso al norte de la provincia, produjo cambios en las dinámicas
comerciales y económicas, principalmente porque la zona minera de Tuluni
y el Valle de las Hermosas, ubicadas en Chaparral, eran explotadas por
mineros y negociantes provenientes de Santa fe y Popayán, quienes habían
establecido redes de parentesco con propios y vecinos de la parroquia,
poseían propiedades y se abastecían de otras actividades económicas como
haciendas, hatos y trapiches. Es el caso de María Clemencia de Caicedo,
dueña de la hacienda-mina-hato El Guanábano y poseedora de una de las
cuadrillas con más esclavos de la región, conformada en gran parte por
cautivos trasladados desde Chocó a la parroquia después de la muerte de
su esposo (
AGN
, Notaría 1, t. 204, f. 125-129).
Aunque hacia el quinquenio comprendido entre 1776 y 1780
aparentemente Ibagué presentó una economía deprimida, fue durante
estos años que se presentaron la mayor cantidad de ventas grupales de la
muestra: en total se transaron 98 cautivos, adquiridos por vecinos, entre los
que se encontraban figuras de las familias Soria, Oviedo, Galindo y
Romana, así como personas que solo figuraron en una transacción desde
1738 a 1809, de lo que se puede deducir que, a diferencia de hacendados,
dueños de minas y demás, estos poseían pequeñas unidades productivas o
adquirían esclavos que se convertirían en la única posesión y medio de
subsistencia.
Incluso se encontraron registros de indígenas comprando esclavos
(
AHI
, Notaría 1, t. 33, f. 156-157), como por ejemplo las compras realizadas
por Diego Leiton, indígena muisca y vecino de Coyaima, quien aparece
comprando esclavos en tres ocasiones y vendiendo en una. Las
transacciones lo referencian como propietario de los cautivos; sin embargo,
en uno de los registros se presenta como mayordomo del hato de
Magdalena Poloche, indígena Coyaima, quien había amasado una
considerable riqueza por la compra y venta de ganado y trueque de oro y
plata (
AGN
, Testamentarias-Tolima, t. 3, f. 201-2031), y con quien se
desatarían particulares sucesos por el concubinato con Magdalena, a la vez
que contrajo nupcias con su hija (Clavijo, 1993, pp. 282-283). Asimismo, el
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indígena Alfonso Rodríguez adquiere a Ignacio Jorge, criollo de 36 en 500
pesos, vendido por Barbara de Escobar en Chaparral (
AHI
, Notaría 1, t. 33, f.
158).
En contraste, el crecimiento de la población de Ibagué, contrario a la
presunta precariedad económica, tuvo una tendencia ascendente a partir
de 1735, que produjo un aumento de familias provenientes de diferentes
partes de la región y el Virreinato, incrementando la tenencia de tierras.
Incluso la cantidad de esclavos incrementó en algunas parroquias y
viceparroquias de la jurisdicción (Soulodre-La France, 2004, p. 39): el
Guamo, que en 1778 no registraba esclavos, pasó a tener 33 en 1790, de los
cuales solo se encontró la compra de Josefa, una esclava criolla, por valor
de 130 patacones (1 peso de 8 reales) a favor de María de la Cruz Valdez el
mismo o (
AHI
, Notaría 1, t. 29, f. 203). En Chaparral el crecimiento fue
considerable: para los mismos años la población esclava pasó de 148 a 409
piezas, de los cuales fueron transados 3 hombres en 1788 por valor de 575
patacones (
AHI
, Notaría 1, t. 29, f. 124) y 3 en 1789, 2 hombres y 1 mujer en
725 patacones (
AHI
, Notaría 1, t. 29, f. 136).
El caso de Chaparral presenta diversas y significativas características
que contribuyen para entender el desarrollo del mercado de Ibagué, pues
su nacimiento como latifundio de frontera, perteneciente al linaje del
encomendero Gaspar Rodríguez de Olmo y Juan Rodríguez de Olmo y
Oviedo (Clavijo, 1993, p. 238), lo convertiría durante el siglo
XVIII
en un
importante aliado en la relación económica y de crédito que mantenía con
Ibagué, por cuanto las familias adineradas de dicha parroquia sirvieron
como proveedoras de cdito para esta jurisdicción.
Por otra parte, la existencia de haciendas mixtas y el hallazgo de las
minas de oro que fueron explotadas por hacendados locales hizo que la
acumulación de capital se concentrara en Chaparral, principalmente en
figuras como el párroco Gaspar de Soria y Oviedo, quien tenía intereses
económicos en diferentes ciudades del Nuevo Reino, y María Clemencia de
Caicedo, poseedora de la hacienda El Guanábano, quizás la hacienda mixta
más próspera del Tolima, y dueña de algunas minas y cuadrillas de esclavos
en el Chocó (Sharp, 1976, p. 38). Como ya se mencionó, la composición
social de Chaparral se forma desde su inicio a partir de los herederos de la
familia Oviedo, otras familias procedentes de Popayán y antiguos mineros
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de Mariquita, lo que generó una diferenciación clara respecto a la élite
ibaguereña (Clavijo, 1993, p. 238).
Según los datos obtenidos, y frente al padrón de 1790 (Ducuara, 2016,
p. 25), se infiere que la mano de obra esclava aún era ocupada
predominantemente en el desarrollo de actividades económicas requeridas
dentro de las haciendas, trapiches, ganadería y estancias. También, a partir
de estas fuentes, fue posible establecer que en Chaparral hubo un
importante número de transacciones de esclavos, además de la cantidad de
cautivos que poseían las familias Tapia, Soria, Romana, Galindo y Herrera.
De igual forma, la producción de las haciendas y las minas generaron un
mercado significativo, el cual autoabastecía la parroquia y otras zonas de la
jurisdicción de Ibagué (
AGN
, Anexo
II
, Censos,
CJ
5, C. 1, f. 24-29).
De modo que, a pesar de que Chaparral hiciera parte de la periferia,
jugaba un rol importante en el sistema comercial regional. Evidencia de ello
es el registro de cuentas de cargo y data por ventas de aguardientes, mieles,
leña, carne y anís presentado por Nicolas de Buenaventura (
AGN
, Anexo
II
,
Aguardientes,
CJ
30, C. 1, f. 1-97), quien ostentó diferentes cargos: teniente
de la caja real de Ibagué; maestre de campo de las milicias de Ibagué;
administrador de las haciendas San Juan de la Vega, San Miguel de Loima,
Chipalo y Buenavista; corregidor de Lloró, Cauca, y que además figura en
algunas transacciones como vendedor y comprador de cautivos (
AHI
,
Notaría 1, t. 25, t. 31, t. 38).
Figuras como Buenaventura, las familias Soria, Oviedo y Romana, por
mencionar algunas, lograron acumular riquezas considerables
provenientes de diferentes actividades: agrícolas, ganaderas y mineras en
varios lugares del Reino, lo que les permitió, además, reconocimiento y
control de los precios en el mercado de esclavos, pues mantenían un
movimiento constante de cautivos entre sus unidades productivas e
intercambios con pequeños propietarios o de igual condición. Así lo
evidencia la transacción de Javiera, una esclava criolla de 14 años,
comprada por Gerónimo de Soria a un cura de la ciudad de Ibagué en 150
patacones en enero de 1796 (
AHI
, Notaría 1, t. 33, f. 16) y luego revendida
por Soria a Manuel Avendaño, propio de Chaparral, en agosto de 1798 en
200 patacones (
AHI
, Notaría 1, t. 34, f. 36).
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El documento se encuentra en mal estado, por lo que no fue posible recuperar la información del funcionario que figuraba en representación de la Real
Hacienda.
Otro ejemplo es Agustín, un esclavo criollo de 20 años, comprado en
septiembre de 1784 por el mismo Gerónimo de Soria en la ciudad de Ibagué
a José Rafael de la Rocha en 150 patacones y un año más tarde se registra
una transacción sobre el mismo esclavo por valor de 250 patacones,
comprado en Chaparral por Miguel Antonio Méndez y vendido por
Gerónimo de Soria (
AHI
, Notaria 1, t. 28, f. 22). También, la Real Hacienda
de Cartagena figura como comprador de 7 cautivos a Fernando José
Caicedo, vecino de Ibagué, en 1744 (
AHI
, Notaría 1, t. 3, f. 196)
2
; de Luisa, de
casta Carabalí, a Manuel Correcha (
AHI
, Notaría 1, t. 3, f. 28); y Mariano
Hermoza, administrador de alcabalas de Cartago, compró a Mateo de 10
años a Victorio Rodríguez (
AHI
, Notaría 1, t. 35, f. 19).
La población esclava
La muestra de la población esclava tomada para Ibagué y Chaparral si
bien es pequeña comparada con las muestras estudiadas por los autores
mencionados, es representativa en cuanto estos lugares han sido
marginados en estudios relacionados con el tema, principalmente
Chaparral, el cual fue tomado como unidad de análisis independiente
debido a que la cantidad de transacciones es mayor a la de las otras
parroquias; incluso, el padrón de 1778, presentado por Hermes Tovar
(2010), demuestra que el tamaño de la población esclava de Chaparral solo
era superada en mero por la de Ibagué.
Ahora bien, la muestra se compone de 731 transacciones,
discriminadas en algunas parroquias, la ciudad de Ibagué y la composición
de esta población en términos de género y procedencia (criollo o bozal), así:
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Tabla 1. Distribución de esclavos por sexo y procedencia.
Lugar
Esclavos
transados
HOM
MUJ
SD
CRI
BOZ
SD
Ibagué
651
343
306
2
524
81
46
Chaparral
64
39
25
0
64
0
0
Guamo
8
3
5
0
8
0
0
Valle de San Juan
4
3
1
0
4
0
0
San Luis
3
1
2
0
3
0
Miraflores
1
1
0
0
1
0
0
TOTAL
731
390
339
2
604
81
46
Nota. Elaboración propia a partir de la recopilación de información del fondo
Notarías, Archivo Histórico de Ibagué, 1738-1809.
Como se observa en la tabla 1, la cantidad de hombres es mayor en
todos los lugares observados, a excepción de las ventas realizadas por
vecinos de la parroquia de Guamo y Valle de San Juan, donde figuran el cura
Antonio de Buenaventura, propio de la ciudad de Ibagué, vendiendo a dos
mujeres, cada una con un hijo (
AHI
, Notaría 1, t. 29, f. 269), y Rafaela
Guzmán, vendiendo a una mujer de 15 años (
AHI
, Notaría 1, t. 31, f. 159).
Para el caso de Ibagué, esta diferencia es sustancial, considerando que la
proporción de hombres corresponde a ventas individuales y, por el
contrario, las ventas de mujeres predominantemente se realizaron entre 2
y 5 esclavos o familias de esclavos, en las que predominaron las mujeres.
Con relación a la procedencia, las ventas de esclavos criollos superaron
contundentemente a las de los bozales, quienes aparecen entre los años
1739 a 1785, con un pico en 1744 de 24 transacciones pertenecientes a
naciones o castas como Mina, Carabalí, Congo, Arara y Chala. Dicha
situación se ve como una consecuencia de las reformas borbónicas, pues la
mano de obra esclava fue suplida por esclavos traídos de las Antillas y no de
África como se esperaba (Gutiérrez, 1987, p. 194).
Ahora, con relación a los precios, esta situación aumentó la
adquisición de esclavos por parte de personas que no contaban con grandes
unidades productivas o económicas. De hecho, aunque no es frecuente
encontrar en los registros notariales el destino de los cautivos, sí es posible
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deducir de las ventas individuales, especialmente de pago a crédito, que la
mano de obra adquirida tendría las características de ser además unidad
productiva y económica, por cuanto pasaría a ser la única fuente de ingresos
del comprador.
En este sentido, no solo las élites con grandes riquezas compraban
esclavos, también propios de Ibagué y Chaparral, quienes acudían al
crédito, aunque fue poco frecuente, para adquirir esclavos que eran
contratados como mano de obra en haciendas, hatos, estancias, trapiches,
etc. De esta manera, quien compraba conseguía un medio de subsistencia,
como jornaleros en sus propiedades. Así, la figura del esclavo hombre como
propiedad de dueños con pequeñas posesiones (Salazar, 2021) se matizaba
en las labores del campo y cotidianas, pues de alguna manera se creaba
cierta cercanía con sus amos. En el caso de las mujeres esclavas, la tenencia
representaba para sus propietarios la posibilidad de reproducir mano de
obra con fines comerciales o de explotación (
AGN
, Miscelánea, t. 120, f. 912).
Los casos que carecen de datos (
SD
) en género y procedencia son
pocos y coinciden con algunas transacciones en grupos en las que se
vendieron entre 7 y 26 esclavos en los años 1742, 1744, 1759, 1760, 1777,
1785, 1800, 1801 y 1809. Como se muestra en la tabla 2, en estos años,
además, se registran las ventas más numerosas, toda vez que también se
realizaron transacciones individuales o de hasta 5 esclavos, como por
ejemplo en 1777, que se llevaron a cabo 15 transacciones con un total de 61
cautivos (
AHI
, Notaría 1, t. 25, f. 26).
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Tabla 2. Ventas grupales, entre 7 y 26 esclavos.
Nota. Elaboración propia a partir de la recopilación de información del fondo Notarías,
Archivo Histórico de Ibagué, 1738-1809.
En las transacciones en grupo era frecuente encontrar familias de
entre 2 y 5 integrantes. Como se observa en la tabla 2, la tendencia en las
ventas de dos cautivos partía de la relación madre e hijo, en las que quien
compraba se beneficiaba de una ganancia a largo plazo, debido a que
generalmente los precios de estas duplas o crías al pecho (Bonnett et al.,
2013), si se trataba de párvulos de entre 1-3 años, eran igual a los precios en
las ventas individuales de mujeres.
De igual manera, y aunque en menor medida, se presentan ventas de
párvulos con sus abuelas, hermanas o individuales; sobre esta última se
presentaron 18 transacciones de párvulos de entre 1 y 10 años. No obstante,
no era común que los párvulos se comercializaran sin sus madres, puesto
que significaba el riesgo de la inversión, además de que debían disponer de
esclavas para los cuidados y la crianza, principalmente abuelas o ancianas y
parientes jóvenes de las esclavonias (Salazar, 2021, p. 265), de quienes
dependía además el aseguramiento de la inversión.
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3
Los datos de las parroquias del Guamo, el Valle de San Juan y Miraflores serán integrados a la muestra de Ibagué con el fin de analizar una sola unidad
administrativa. Los datos de Chaparral serán presentados como una situación particular, a modo de visibilización del mercado de esclavos.
Tabla 3. Familias transadas
3
Nota. Elaboración propia a partir de la recopilación de información del fondo Notarías,
Archivo Histórico de Ibagué, 1738-1809.
A diferencia de otras regiones, no se evidenció que la compra de
párvulos incluyera el préstamo de la madre como parte del acuerdo de
compraventa, toda vez que de los menores transados solo Ignacia Javiera
tenía 4 años, a diferencia del resto de párvulos que contaban con 10 años.
En este sentido, con relación a la presencia de familias en Chaparral se
encontró la venta de un núcleo conformado por Pedro y Juana, padres de
Tadeo (de 5 años) y Bárbara (de 6), realizada por Antonio Ortiz en 1801 (
AHI
,
Notaría 1, t. 35, f. 102).
Como se mencionó anteriormente, la actuación administrativa que
permitió observar la dinámica y tendencia a la unidad familiar partió de los
acuerdos para alcanzar la libertad entre amos y esclavos, los cuales se
presentaron en tres formas de manumisión: por pago o margen autónomo
de ingresos (Valencia, 2011, p. 87); pago de terceros, en el que las familias
fueron las proveedoras de la libertad (Valencia, 2008, p. 77) mediante el
pago total; o un pago parcial, con el compromiso de saldar el resto de la
deuda con servicios adicionales y la gracia de la libertad al momento de la
muerte del amo, la cual en ocasiones se prorrogaba y extendía a un familiar,
a quien los cautivos debían rendir obediencia y sujeción hasta el momento
de su deceso (
AHI
, Notaría 1, t. 13, f. 26). En este orden de ideas, la cantidad
de manumisiones presentadas fue de 47 casos, que representa el 6,8 % del
total de la muestra, discriminadas de la siguiente manera de acuerdo con
las formas de manumisión expuestas frente a hombres, mujeres y párvulos:
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Tabla 4. Cantidad de esclavos manumitidos por forma de manumisión
Nota. Elaboración propia a partir de la recopilación de información del fondo
Notarías, Archivo Histórico de Ibagué, 1738-1809.
La mayor cantidad de procesos de manumisión se dieron como
consecuencia de la gracia de los amos para otorgar la libertad a los cautivos.
Entre estos se presentó un caso particular: además de la libertad, Gerónimo
Rodríguez de Olmos entregó 50 patacones de oro a 3 esclavos (
AHI
, Notaría
1, t. 2, f. 69), un gesto poco probable en una sociedad esclavista. Los
hermanos Gerónimo, Gaspar y Francisco Soria son los que más veces
aparecen en procesos de manumisión: en total son 5 procesos a partir de
los cuales fueron liberados esclavos, dos de ellos por gracia.
Por otra parte, la cantidad de manumisiones por pago de terceros es
baja en comparación con la totalidad de la muestra. No obstante, la
intención es presentar de qué manera se intentaba mantener la unidad
familiar. Como se observa en la tabla 4, 10 familias lograron ahorrar lo
suficiente para realizar el pago de la libertad principalmente de sus hijos,
pero también de nietos y esposas, como la transacción entre Rodríguez de
Olmo y Francisco Mina, de 56 años, quien pagó 100 patacones por la
libertad de su nieto de 5 años, o Alejandro Bonilla, quien compra a
Francisco, de 5 años, para otorgarle su libertad (
AHI
, Notaría 1, t. 34, f. 94).
Evidentemente, la forma de manumisión que presenta el menor
número de casos es el margen autónomo de ingresos o pago: 5 registros a
lo largo de la muestra sugieren que las actividades económicas y la relativa
autonomía e ingresos de los esclavos no les permitía lograr dicho ahorro.
Sobre todo, porque no todas las labores permitían generar un margen de
ingresos que pudiera destinarse al pago de la libertad.
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En diferentes trabajos, al igual que en el presente, se halla un factor
común: las mujeres son manumitidas con mayor frecuencia. Al respecto, en
la investigación realizada por Dianis Hernández (2014) sobre Cartagena y
Mompox se revelan las formas a las que recurrían los esclavos para acceder
a la libertad: en Cartagena se liberaron 11 esclavas y, al mismo tiempo, 9
esclavos (p. 37), situación similar a la expuesta por Valencia Villa (2011)
sobre Nueva Granada y Río de Janeiro.
En este sentido, María Cristina Navarrete (2012) mencionaba:
El esclavo urbano-domestico gozó de ciertas ventajas que le fueron
negadas al esclavo minero y rural. El tipo de trabajo no era exhaustivo,
disponía de recursos legales, la libertad no le era esquiva, gracias a las
relaciones que establecía con el propietario y su familia. (p. 187)
Estas relaciones en mayor proporción dieron como resultado la
libertad por gracia, pues esta forma de manumisión en ocasiones
involucraba a más de un esclavo por transacción. Las familias Montealegre
y Rodríguez aparecen con más frecuencia en las cartas de libertad: del total
de las manumisiones, 4 fueron otorgadas por Catalina Montealegre en un
mismo proceso y 4 por Clemente Rodríguez, en dos. Es probable que la
condición de los esclavos de Ibagué fuera de resignación o de aparente
estabilidad en su situación de sujeción y obediencia y de relaciones
cordiales con sus amos. No obstante, no se pueden olvidar las continuas
quejas y reclamaciones sobre maltratos y abusos que hicieron los esclavos
de Francisco de Mesa en su contra, quizá la figura más importante de la élite
mariquiteña (Clavijo, 1993, pp. 362-363).
Los precios
A partir de los trabajos mencionados y de las fuentes de archivo
consultadas, se pudieron establecer algunas características externas e
internas para la asignación de precios de los cautivos. En primer lugar, se
relacionarán las condiciones del mercado: por un lado, el sector ofertante,
que en la Nueva Granada se dividió en dos esferas: el mercado trasatlántico,
mediante el cual las unidades productivas se abastecían de bozales hasta
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4
La información tomada de los protocolos notariales es imprecisa al respecto, pues en ocasiones se menciona tribu, lengua o se hace referencia
al lugar geográfico desde donde fueron embarcados los esclavos para hacer referencia a las castas a las que pertenecían. En consecuencia,
para los efectos del presente trabajo se relacionarán como castas.
mediados de 1791, cuando se da inicio al libre comercio de esclavos, y la
oferta interna, que se reproducía al interior de las unidades productivas
manteniendo el aprovisionamiento de mano de obra criolla; y por el otro
lado, el sector demandante, que estaba compuesto de los diferentes
sectores productivos como la minería, la agricultura, la ganadería y el
transporte, entre otros, que requerían mano de obra esclava como recurso
de explotación (Sharp, 1976, p. 26).
Con el fin de presentar las implicaciones de dichas características y
tachas en la asignación de precios en comparación con el costo promedio,
primero se debe mencionar que la media en los cautivos de Ibagué a lo largo
de la serie fue de 216 pesos, superior al de la Villa de San Gil (Salazar, 2021,
p. 182). Los precios oscilaron entre 20 y 500 pesos, por ejemplo, en 1739
José Caicedo adquirió a María, de casta Congo y de 16 años, en 500 pesos
(
AHI
, Notaría 1, t. 1, f. 59), al igual que Francisco Cicerón compró a Renata,
de la misma edad y de casta Carabalí, por el mismo valor (
AHI
, Notaría 1, t.
1, f. 89).
Las características internas o valores intrínsecos de la población
esclava (Mellafe, 1964, p. 67) se dividen en diferentes aspectos:
procedencia, para determinar si se trata de esclavos bozales o criollos, y
casta, como Mina, Carabalí, Congo, Arara y Chala, para determinar las
naciones de los esclavos bozales
4
; el sexo y género; edad; especialización
de oficio; actividad para la que eran destinados; lugar de venta y
enfermedades; tachas físicas como patituerto, bocacorado y ciego; y
morales, como cimarrón y goloso, entre otros aspectos que eran
considerados a la hora de asignar el precio a cada esclavo.
Las enfermedades, las tachas físicas y morales se tendrán en cuenta
para mostrar principalmente la depreciación de las piezas respecto a
quienes gozaban de buena salud y comportamiento. De modo que, y con el
fin de contar con un referente de comparación, se establecerán los rangos
de precios entre hombres y mujeres, criollos y bozales, frente a los rangos
de edad.
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Tabla 5. Promedio general de precios, hombres y mujeres por rango
de edad
Nota. Elaboración propia a partir de la recopilación de información del fondo Notarías,
Archivo Histórico de Ibagué, 1738-1809.
La característica sobre sexo y género en Ibagué se compone de
cantidades semejantes, distribuidas entre hombres y mujeres. Sin
embargo, a partir de la tabla 5 se observa que a pesar de que las cantidades
son semejantes, el promedio de precios de las mujeres es superior al de los
hombres, toda vez que las esclavas poseían la facultad de reproducir mano
de obra al interior de las unidades productivas, no solo por llevar crías al
pecho, sino también por la responsabilidad de la crianza de los párvulos
adquiridos y, en consecuencia, la procura de la inversión.
Para aquellos casos que no presentan información, todos los datos se
ubican en el rango cero, con un promedio general de 240 patacones. Los
rangos que presentan precios más elevados para mujeres son 21-30 y 31-40
años. Se debe tener en cuenta que en el primer rango las mujeres, para
beneficio de sus compradores, gozaban de mayor fertilidad e incluso, como
se mencionó en algunas ventas de madres e hijos, el precio era igual al de la
venta individual de la madre, lo que significaba ganancia. Esta situación
también se presentó en el siguiente rango, en el que además de la fertilidad
se contaba con destrezas y desarrollo de habilidades para la crianza, labores
domésticas y labores en los trapiches principalmente (Tovar, 1983, p. 42).
A diferencia del caso de los hombres, cuyos rangos son 11-20 y 21-30
años, las mujeres iniciaban su vida productiva a temprana edad, pues los
párvulos eran empleados en labores básicas en trapiches como recolectores
del bagazo de la caña y en la fabricación de aguardientes y miel (Tovar,
1983, p. 56). Por último, los hombres de 1-10 años registran el precio más
bajo de toda la serie. El promedio de precios de las mujeres es mayor al de
los hombres, especialmente para este rango de edad, debido a las
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actividades económicas predominantes en Ibag, ya que las mujeres eran
valoradas, además del factor reproductor, por las labores que
desempeñaban en el ordeño de las vacas, en el cuidado de las aves de
corral, en el mantenimiento de las ricas huertas caseras de hortalizas,
verduras y frutas (Castro, 1996, p. 91) y, por supuesto, por las labores
domésticas de cocina y crianza.
Ahora, con relación a la procedencia, a lo largo de la serie se observa
que aunque los bozales fueron menos durante la temporalidad analizada,
su promedio de precios siempre fue más alto que el de los criollos. Las
transacciones se presentan de manera constante entre 1739 y 1764, dentro
de los cuales se realizaron 70 procesos de esclavos bozales de las castas
Congo, Mina, Carabalí, Chala y Arara, y en menor medida en los años 1777,
1778, 1783 y 1785, en los que se transaron 11 cautivos con la particularidad
de que estos tenían entre 43 y 60 años, pues la introducción de bozales se
vio afectada por la crisis de la esclavitud, por la tensión entre amos y
esclavos manifestada en los pleitos y el temor que había entre los
esclavistas, por las rebeliones, el cimarronaje y la organización de
palenques (Jaramillo, 1997, p. 76); esto sumado a que hacia finales de la
centuria incrementó de manera significativa la mano de obra libre.
Para el caso de Chaparral, se presentaron procesos de esclavos
criollos, a pesar de que en el padrón de 1790 se registran 3 esclavos bozales
ancianos (Ducuara, 2016 p. 88).
Tabla 6. Promedio de precios de esclavos por procedencia y sexo
Nota. Elaboración propia a partir de la recopilación de información del fondo
Notarías, Archivo Histórico de Ibag, 1738-1809.
En términos de edad, el promedio con mayor estabilidad y precio más
elevado correspondió al rango entre 11-30 años, en el cual los precios
oscilan entre 140 y 330 patacones a lo largo de la serie. Los ceros que se
observan en la tabla 7 corresponden a la ausencia de datos en relación con
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los rangos de edad para cada década. El rango de 51 a 60 años es el que
presenta mayor ausencia de datos, debido a que la cantidad de ancianos era
reducida y se refería en mayor cantidad a bozales; no obstante, el promedio
de precios no es el menor. Por otra parte, la tendencia de precios de criollos
es descendente durante las primeras décadas de la serie, ya que el precio
de cada esclavo oscila entre 359 y 159 patacones; la causa puede ser la
demanda de esclavos bozales como consecuencia del auge de la
explotación minera en la región y el Nuevo Reino.
Tabla 7. Promedio general de precios de esclavos en patacones de oro
por décadas
Nota. Elaboración propia a partir de la recopilación de información del fondo Notarías,
Archivo Histórico de Ibagué, 1738-1809.
Las explicaciones acerca de la caída de los precios de los esclavos
pueden generalizarse en diferentes regiones de la Nueva Granada. Por una
parte, dicho fenómeno fue producto de las reformas borbónicas y el
sistema mercantil español (McFarlane, 1997, p. 163), ya que, contrario al
beneficio que esperaban obtener de esta medida y en relación con el
mercado de esclavos, este mercado se debilitó, debido a que la demanda
de mano de obra esclava interna fue suplida por esclavos traídos de las
Antillas y no de África como se esperaba, afectando directamente los
precios de los cautivos al interior del Nuevo Reino (Gutiérrez, 1987, p. 194).
Sumado a ello, el incremento de la población de esclavos criollos y, por
tanto, el crecimiento de su oferta frente a los pocos bozales, quienes con el
pasar del tiempo se depreciaban, bien sea porque se vieron afectados por
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enfermedades o por accidentes que los dejaron lisiados, como es el caso de
Joaquín, de procedencia Carabalí y de 50 años, comprado en 1785 por Juan
Miguel Rivera en 24 pesos por encontrarse ciego (
AHI
, Notaría 1, t. 28, f.
149); esta fue la última transacción de un bozal en toda la serie.
Adicionalmente, se puede deducir que a pesar de que la reproducción
al interior de las unidades productivas benefició económica y
patrimonialmente a los amos, también influyó en la paulatina depreciación
de los cautivos. Es decir, a medida que aumentaba la población esclava por
reproducción, menor era su valor en las operaciones comerciales (Salazar,
2021, p. 187). Otro aspecto para tener en cuenta se debe a que después de
1785 no se transaron más esclavos bozales y el último, como se vio
anteriormente, presentó el precio más bajo de toda muestra. Aunque los
africanos siempre fueran menos, sus precios fueron más elevados, lo que
impactó de manera directa en el menoscabo del promedio de precios de los
cautivos.
En Chaparral la compraventa de esclavos inició en 1788 hasta 1809,
distribuidos en 3 ventas grupales de entre 4 y 10 cautivos, en las que se
transaron 25 esclavos y 39 ventas inolvidables. En relación con los
demandantes de mano de obra, se concluyó que el ser un reducido grupo,
cuya figura variaba de comprador a vendedor, les facultaba para manejar
los precios de los esclavos a su conveniencia. En consecuencia, el promedio
de precios general en la parroquia fue de 189 pesos, considerando que no
se transaron bozales y, a diferencia de Ibagué, la demanda de mano de obra
masculina fue más alta. Sin embargo, la constante en las zonas analizadas
fue que el promedio del precio de las mujeres era mayor; en Chaparral, sin
embargo, llama la atención que siendo 25 mujeres frente a 39 hombres se
mantenía el factor común.
Tabla 8. Promedio de edad esclavos vendidos en Chaparral
Nota. Elaboración propia a partir de la recopilación de información del fondo Notarías,
Archivo Histórico de Ibagué, 1738-1809.
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Por último, veremos los casos en que las tachas afectaron el precio de
los cautivos. Se observa que estos son bajos en comparación con el
promedio por rango de edad, a pesar de presentarse bozales, debido a que
los cautivos enfermos o lisiados no tenían el mismo rendimiento que
aquellos que gozaban de buena salud; por ende, la recuperación de la
inversión no se daba con la misma rapidez, incluso se corría el riesgo de
perderla por la muerte de los esclavos.
En el caso de los cimarrones, golosos o ladrones, esta característica
podía interferir en el relacionamiento entre amos y esclavos en la medida
en que se creó un constante temor por las incitaciones de los cimarrones a
los esclavos para organizar revueltas y levantamientos contra sus amos. Al
respecto, es preciso mencionar que los registros de la tabla 9 que en la
casilla de precio aparecen en 0 corresponden al registro de denuncia de
huida, expuesto por Vicente Cáceres (
AHI
, Notaría 1, t. 1, f. 187). Asimismo,
se debe contemplar que, en 1794, en un comunicado del administrador de
la Renta de Correos se informa de la existencia de un palenque en el Tolima,
llamado Cucuanita y ubicado en Chaparral, donde se refugiaban esclavos y
vivían indígenas (
AGN
, Empleados-Tolima, t. 16, f. 223-224).
Tabla 9. Precios frente a tachas físicas y morales
Nota. Elaboración propia a partir de la recopilación de información del fondo
Notarías, Archivo Histórico de Ibagué, 1738-1809.
De modo que el mercado de esclavos en Ibagué a partir de los precios
fue dinámico e intermedio, aunque menor, si se compara con la magnitud
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del mercado presentado por Robinson Salazar (2021) en la Villa de San Gil.
Ahora bien, debido a su ubicación como punto de encuentro entre caminos
que comunicaban a casi la totalidad del Reino, Ibagué articuló un mercado
que proveía de mano de obra esclava tanto a los propios de la región, como
a los foráneos venidos del Valle del Cauca, Cartagena y Santa Fe de Bogotá.
Además, los esclavos en Ibagué sostenían precios más bajos, si se
comparan con otras regiones.
Conclusiones
Con respecto a las dos unidades de análisis, es posible observar, en
primer lugar, que a pesar de que fuesen parte de la periferia, juntas
integraron poblaciones de esclavos y mercados dinámicos, con
movilización en la región y otros lugares del Virreinato. Por otra parte, las
transacciones y traslados de la población de esclavos en Chaparral fueron
significativamente relevantes, si se tiene en cuenta que Chaparral era
apenas una parroquia.
También llama la atención la importancia de esta unidad político-
administrativa en términos de producción de efectos de la tierra, además
de ser la única parroquia de la jurisdicción que contaba con explotación de
minas de oro para las fechas analizadas, las cuales, a diferencia de otras
zonas mineras, eran explotadas por familias prominentes de Chaparral, que
contaban con cuadrillas propias de esclavos para desarrollar esta y las
demás labores en haciendas, trapiches y hatos.
Debe considerarse que la cantidad de esclavos y su distribución es
esencial e indica la relevancia de las unidades productivas de esta
parroquia, además de la capacidad de sus propietarios para influir sobre el
mercado de esclavos, dada la importancia de las familias que componían la
élite local y su integración al comercio regional, mediante el modelo
económico de hacendado-minero-esclavista y su linaje diferente a la élite
ibaguereña (Clavijo, 1993, p. 238).
Los resultados de la proporción de esclavos hallados en el padrón de
1778, junto con el número de transacciones extraídas del fondo Notarías del
AHI
, demuestran la importancia de esta población no solo en términos
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demográficos, sino como una prueba de la existencia de población y
mercado de esclavos y su importancia en la ciudad de Ibagué, la cual tiene
la particularidad de gozar de una ubicación estratégica que le permitió
configurarse como centro de comercio hacia el oriente, por lo que tuvo un
dinámico mercado esclavista que se orientaba a satisfacer las demandas
internas y destinar parte de sus excedentes de este tipo de mano de obra
cautiva hacia otras regiones neogranadinas. El caso de Chaparral no es
distinto, toda vez que la tenencia de unidades productivas en diferentes
regiones a favor de las élites de la parroquia les permitió la movilidad de sus
cuadrillas de acuerdo con las necesidades de explotación de sus unidades
productivas.
Por último, se debe mencionar que el promedio de venta de esclavos
en Ibagué era de 20 cautivos por año, lo que demuestra la dinámica activa
del mercado de esclavos. Es de precisarse que a este mercado arribaban
mercaderes de carrera (Gutiérrez, 1987, p. 196) procedentes de Cartagena
y de diferentes partes del Nuevo Reino, con el fin de vender sus mercancías.
Por lo tanto, en las poblaciones esclavas de Ibagué y Chaparral confluyeron
cautivos bozales y criollos a menor precio que en zonas mineras.
En ese sentido, y debido a la ubicación de la ciudad como punto de
encuentro entre distintos caminos que comunicaban a casi la totalidad del
Reino, Ibagué logró articular una población y mercado esclavo que proveía
de mano de obra no solo a los propios de la región, sino a foráneos del Valle
del Cauca, Cartagena y Santa Fe de Bogotá. Por otra parte, y aunque la
cantidad de esclavos hombres era mayor, se evidencia la relevancia de la
figura de la mujer esclava en función del desarrollo de las actividades
productivas de Ibagué y Chaparral, además de su importancia como fuerza
integradora de las familias esclavas. En este sentido, no se puede pasar por
alto la prevalencia de la conservación de la unidad familiar, aunque por
diversas causas y generalmente en beneficio de sus propietarios esta figura
se mantuvo a pesar del mercado de esclavos.
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Referencias
Archivos
Archivo Histórico de Ibagué.
Fondo: Notaría 1, tomo 1, folio 59, 89, 187.
Notaría 1, tomo 2, folio 69.
Notaría 1, tomo 3, folios 28, 196.
Notaría 1, tomo 13, folio 26.
Notaría 1, tomo 28, folios 143, 149.
Notaría 1, tomo 25, folio 26.
Notaria 1, tomo 28, folios 22, 143.
Notaría 1, tomo 29, folios 124, 136, 203, 269.
Notaría 1, tomo 31, folio 159.
Notaría 1, tomo 33, folios 16, 156-157, 158.
Notaría 1, tomo 34, folios 36, 94.
Notaría 1, tomo 35, folios 19, 102.
Archivo General de la Nación
Fondo: Notaría 1, tomo 204, folios 125-129.
Notaría 1, tomo 29, folio 203.
Fondo: Testamentarias-Tolima, tomo 3, folios 201-2031.
Fondo: Empleados-Tolima, tomo 16, folios 223-224.
Fondo: Anexo
II
, Censos, CJ 5, C. 1, folios 24-29.
Anexo
II
, Aguardientes, CJ 30, C. 1, folios 1-97.
Fondo: Miscelánea, tomo 120, folio 912.
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