de Mariquita, lo que generó una diferenciación clara respecto a la élite
ibaguereña (Clavijo, 1993, p. 238).
Según los datos obtenidos, y frente al padrón de 1790 (Ducuara, 2016,
p. 25), se infiere que la mano de obra esclava aún era ocupada
predominantemente en el desarrollo de actividades económicas requeridas
dentro de las haciendas, trapiches, ganadería y estancias. También, a partir
de estas fuentes, fue posible establecer que en Chaparral hubo un
importante número de transacciones de esclavos, además de la cantidad de
cautivos que poseían las familias Tapia, Soria, Romana, Galindo y Herrera.
De igual forma, la producción de las haciendas y las minas generaron un
mercado significativo, el cual autoabastecía la parroquia y otras zonas de la
jurisdicción de Ibagué (
AGN
, Anexo
II
, Censos,
CJ
5, C. 1, f. 24-29).
De modo que, a pesar de que Chaparral hiciera parte de la periferia,
jugaba un rol importante en el sistema comercial regional. Evidencia de ello
es el registro de cuentas de cargo y data por ventas de aguardientes, mieles,
leña, carne y anís presentado por Nicolas de Buenaventura (
AGN
, Anexo
II
,
Aguardientes,
CJ
30, C. 1, f. 1-97), quien ostentó diferentes cargos: teniente
de la caja real de Ibagué; maestre de campo de las milicias de Ibagué;
administrador de las haciendas San Juan de la Vega, San Miguel de Loima,
Chipalo y Buenavista; corregidor de Lloró, Cauca, y que además figura en
algunas transacciones como vendedor y comprador de cautivos (
AHI
,
Notaría 1, t. 25, t. 31, t. 38).
Figuras como Buenaventura, las familias Soria, Oviedo y Romana, por
mencionar algunas, lograron acumular riquezas considerables
provenientes de diferentes actividades: agrícolas, ganaderas y mineras en
varios lugares del Reino, lo que les permitió, además, reconocimiento y
control de los precios en el mercado de esclavos, pues mantenían un
movimiento constante de cautivos entre sus unidades productivas e
intercambios con pequeños propietarios o de igual condición. Así lo
evidencia la transacción de Javiera, una esclava criolla de 14 años,
comprada por Gerónimo de Soria a un cura de la ciudad de Ibagué en 150
patacones en enero de 1796 (
AHI
, Notaría 1, t. 33, f. 16) y luego revendida
por Soria a Manuel Avendaño, propio de Chaparral, en agosto de 1798 en
200 patacones (
AHI
, Notaría 1, t. 34, f. 36).