De esta forma, y como punto de partida, proponemos que a pesar de
los avatares que sufrió la actividad de aprovisionamiento de bienes
agrícolas en la ciudad, el abasto de géneros como el arroz no se vio
imposibilitado en mayor medida por los factores de producción de la tierra
en los que era cosechado, sino más bien por fenómenos como el
acaparamiento, la especulación y acontecimientos naturales que afectaron
sus precios, puesto que las condiciones de gran parte de los territorios de la
provincia de Cartagena, en conjunto con los territorios de las sabanas de
Tolú y la subregión momposina, generaron un ambiente óptimo para el
desarrollo y distribución del mencionado cultivo.
En la segunda mitad del siglo
XVIII
el virreinato de Nueva Granada
experimentó un amplio crecimiento económico, propiciado por el aumento
demográfico y los estímulos fiscales producidos por la minería de oro
(Torres, 2013, p. 195). Estos elementos no solo afectaron al desarrollo de
actividades productivas en los mercados regionales, sino que dieron lugar a
redes de abastecimiento que estuvieron fuertemente ligadas al ámbito del
trabajo minero, en las que se destacaron los rendimientos productivos de
áreas como Popayán, el nordeste de Antioquia y algunas zonas mineras
ubicadas al sur de la provincia de Cartagena y cercanas al puerto de
Mompox.
Según investigaciones recientes de Torres y Henao (2022), dado el
significativo papel del sector minero y sus efectos económicos en la Nueva
Granada, era crucial asegurar el suministro alimentario para los
trabajadores. En este contexto, el puerto de Mompox desempeñó un papel
estratégico como centro de redistribución de mercancías a estas áreas
claves. Mompox también destacó como un espacio de servicios comerciales
que permitía un constante intercambio comercial con las lejanas regiones
del interior de la Nueva Granada (Meisel, 2011, p. 53). Estos elementos no
solo fortalecieron la economía momposina, sino que también conllevaron
al fortalecimiento de la especialización regional (Henao, 2020, p. 47). De
esta forma, en los territorios del virreinato se fueron consolidando
mercados regionales que fueron partícipes de la formación de un incipiente
mercado interno colonial, en el cual iba acrecentándose la circulación
comercial (Sempat Assadourian, 1982, p. 14).