Fecha de recepción: 23 de enero de 2024
Fecha de aceptación: 11 de junio de 2024
Disponible en línea: 13 de noviembre de 2024
Vol. 11 N.° 2
Julio Diciembre del 2024
pp. 1-28
H I S T O R I A E C O N Ó M I C A , E M P R E S A R I A L Y D E L P E N S A M I E N T O
TIEMPO & ECONOMÍA
Sugerencia de citación: Alcazar Gómez,
A. F. (2024). Dinámicas comerciales del
arroz en la ciudad de Cartagena de
Indias: circulación y abastecimiento en la
segunda mitad del siglo XVIII.
tiempo&economía, 11(2), 1-28.
https://doi.org/10.21789/24222704.2135
DOI:
https://doi.org/10.21789/
24222704.2135
Dinámicas comerciales del arroz
en la ciudad de Cartagena de
Indias: circulación y
abastecimiento en la segunda
mitad del siglo XVIII
Commercial Dynamics of Rice in the City of
Cartagena de Indias: Circulation and
Supply in the Second Half of
the 18th Century
Andrés Felipe Alcazar Gómez
Miembro del grupo de investigación H-ESOPO (Historia económica, social
y política del programa de historia de la Universidad de Cartagena).
Historiador, Universidad de Cartagena, Colombia
aalcazarg@unicartagena.edu.co
https://orcid.org/0009-0007-3237-9894
RESUMEN
Este artículo examina elementos fundamentales del suministro y
distribución del arroz en la ciudad de Cartagena durante la segunda mitad
del siglo
XVIII
. Al final del período colonial, la ciudad atravesó por momentos
de intensa especulación, en los que actividades ilícitas como el
acaparamiento y la reventa desempeñaron un papel crucial en las
dinámicas de oferta y demanda de este importante grano. Además, los
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fenómenos naturales y la ineficiencia del cabildo influyeron
significativamente en estos procesos, afectando la producción y
disponibilidad del arroz.
Palabras clave: Comercio; regatones; circulación, acaparamiento;
abasto; siglo XVIII; historia económica.
Códigos JEL: F10, N01, N16
ABSTRACT
This article examines key elements of rice supply and distribution in
the city of Cartagena during the second half of the 18th century. At the end
of the colony, the city experienced periods of intense speculation, in which
illicit activities, such as hoarding and reselling, played a crucial role in the
dynamics of supply and demand of this important grain. Furthermore,
natural phenomena and the inefficiency of the council significantly
influenced these processes, affecting the production and availability of
rice.
Keywords: Commerce; regatones; Circulation; Hoarding; Supply; 18th
century; Economic history.
JEL Codes: F10, N01, N16
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1
Véase Meisel (2003), O’Byrne (2013) Macfarlane (1972)
Introducción
En el período colonial, la ciudad de Cartagena tuvo un papel
importante en el desarrollo económico y comercial de la Nueva Granada,
desempeñándose como puerto y plaza fuerte (Macfarlane, 1972, p. 71).
Debido a su ubicación geográfica, la ciudad aprovechaba el uso de amplias
formas de transporte: fluvial, terrestre y por supuesto marítimo, situación
que convertía al centro urbano en un escenario estratégico de los
intercambios comerciales que constantemente se realizaban en la región
del Caribe.
Como se sabe, el papel de Cartagena la convirtió em un puerto
constantemente amenazado y apetecido por potencias europeas. Para
hacer frente a esta problemática, las autoridades del virreinato emplearon
un complejo sistema defensivo que mantuviera salvaguardado al puerto y
a sus habitantes. Al mismo tiempo, se consideró establecer un sistema de
abastecimiento al casco urbano, el cual consistía, en principio, en un
sistema de encomiendas que se desarrollaron y permitieron la llegada de
algunos víveres como el casabe, la yuca y el maíz a la ciudad (Borrego Plá,
1982, p. 4).
Con la llegada de la dinastía de los Borbones a mediados del siglo
XVIII
,
las transformaciones de orden económico no tardaron, pues uno de los
objetivos de esta administración era sacar el máximo provecho a sus
territorios en la América colonial (Kuethe y Adrien, 2018, p. 17). En este
sentido, las actividades de abasto de lugares estratégicos como Cartagena
estaban supeditadas a dos grandes fuentes: primero, los excedentes
agrícolas que se generaban en las haciendas y estancias inmediatas al casco
urbano; segundo, mediante las importaciones que realizaban comerciantes
provenientes del interior de Nueva Granada y el Gran Caribe Si bien la
historiografía ha determinado que los territorios aledaños a la ciudad de
Cartagena eran poco eficientes en términos productivos, esto no era cierto
para el caso de productos como el casabe, el maíz o el arroz, dadas las
condiciones ambientales.
1
Estas mismas condiciones, por supuesto,
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impedían el cultivo de otros bienes como el trigo, que era demandado por
la población europea y mestiza de la ciudad como militares, comerciantes
y burócratas.
A pesar de que estas actividades generaron rendimientos económicos
a los comerciantes y hacendados de la región, el interés político-militar de
mantener abastecida la plaza reñía en ocasiones con el libre juego de la
oferta y la demanda. El crecimiento de la población del puerto y de las
embarcaciones que recalaban en él ejercía mayor presión sobre las redes de
abasto. Aunque la intervención de las autoridades buscaba establecer un
adecuado suministro de víveres y géneros agrícolas, la logística siempre
generó problemáticas tanto de flujos de corto tramo, que se hacían por
parte de las poblaciones de la jurisdicción de Cartagena, como de los
suministros venideros de las regiones del interior de la Nueva Granada.
La estructura propia de la economía preindustrial complicaba el
abasto de la plaza: la pérdida de cosechas por las temporadas de lluvias y
sequías, el alto costo de los fletes, las demoras en los tiempos de entrega y
por supuesto las condiciones de las vías de comunicación, que la mayoría
del tiempo se encontraban en pésimas condiciones y, por ende, eran objeto
de críticas de los comerciantes, conllevaron a que la tarea de transportar
víveres a Cartagena fuese una tarea complicada.
El ejemplo más conocido de las dificultades de abasto es el de
comercio de trigo y harina: durante la segunda mitad del siglo
XVIII
géneros
como la harina de trigo eran introducidos hacia Cartagena por varias
regiones del interior de la Nueva Granada, como Villa de Leyva, Tunja,
Pamplona y Vélez (Satizábal, 2004, p. 46). Para satisfacer los niveles de
demanda de la población, no solo importaron harina del interior de Nueva
Granada, sino también de amplias regiones del mundo Atlántico, como el
caso de Jamaica y Veracruz (Sánchez, 2021, p. 9). Este sistema implicaba el
uso de licencias y asientos (Eugenio, 1990, p. 33), los cuales eran
aprovechados por comerciantes que veían en este negocio una gran
oportunidad para acrecentar sus tratos y negociaciones.
En contraste, la producción de arroz fue mucho más favorable en los
territorios de la provincia, gracias a ciertas condiciones geográficas y
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Véase las siguientes investigaciones: Macfarlane (1972), Meisel (2011), Solano (2018), De la Cruz (2020).
naturales que jugaron a favor de esta actividad económica; a pesar de ello,
es poco lo que se sabe sobre su cultivo y cadena de valor. La variedad de
ciénagas y zonas inundables que permitían el buen desarrollo de las
cosechas hicieron que la producción de este cereal fuera factible. Territorios
como Tolú, Lorica, La Mojana y la subregión momposina (Solano, 2021, p.
258) jugaron durante la segunda mitad del siglo
XVIII
un papel importante
en el abasto arrocero.
A finales del siglo
XVIII
, una constante en las actividades de
abastecimiento era la volatilidad que los precios de los suministros
agrícolas presentaban a corto plazo. En este sentido, artículos como el
arroz, el maíz y la carne fresca (Solano, 2021, pp. 271-273) experimentaron
dicha tendencia. Las especulaciones con el precio, el acaparamiento de los
productos y la reventa de los mismos afectaron negativamente sus precios,
al igual que el de otros productos que eran de primera necesidad para las
familias cartageneras.
Aunque la historiografía ha estudiado con suficiencia temas como las
fortificaciones, el comercio portuario y el papel del puerto en la circulación
comercial en la Nueva Granada
2
, los estudios dedicados al abastecimiento
a finales del siglo
XVIII
han sido escasos y apenas se han concentrado en
bienes agrícolas de consumo básico como la harina, el maíz y la carne
(Sánchez, 2021; Saldarriaga, 2011). Sin embargo, el arroz también
constituyó un producto indispensable en la canasta básica de la
alimentación de las familias cartageneras de ese siglo, ya que, al ser un
alimento que podía remplazar a otros bienes de consumo como el trigo y se
producía con facilidad, adquirió un espacio en los hogares de la población
durante este período.
Con base en las consideraciones enunciadas al inicio, este artículo
propone estudiar algunos aspectos esenciales del abasto y circulación del
arroz en la segunda mitad del siglo
XVIII
. Para llevar a cabo dicho propósito,
además de esta introducción, el artículo se compone de dos secciones: la
primera examina las características del abasto del arroz en la ciudad y los
actores que intervinieron en esta actividad y, por último, la segunda parte
del artículo estudia los lugares y sitios de donde era extraído este bien
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agrícola para abastecer a la ciudad. Como metodología empleada para este
artículo se recopilaron fuentes primarias provenientes del Archivo General
de la Nación (
AGN
), además se realizaron varias tabulaciones conforme a
varios informes de venta de arroz provenientes del
AGN
y se complementó
este enfoque usando bibliografía complementaria.
Comercio arrocero: las dinámicas del abasto de arroz en
la ciudad de Cartagena durante la segunda mitad del
siglo
XVIII
Con su llegada al nuevo mundo, los ibéricos introdujeron una amplia
gama de productos alimenticios a las culturas aborígenes, como nuevos
granos y cereales, entre los cuales destacaban comestibles como el arroz
(Patiño, 1969, p. 29). Como lo mencionaron Cabezas y Espinoza (2000), en
la América precolombina el arroz no había figurado como alimento dentro
de la dieta aborigen a excepción de algunas culturas amazónicas que
recolectaban el grano de arrocillos silvestres americanos. Con la
instauración de los europeos en las diversas regiones del continente
americano, se comenzó a implementar la siembra de arroz en algunos
lugares como Puerto Rico y Cuba (Cabezas y Espinoza, 2000, p. 10).
La incorporación de este alimento fue un fenómeno social y cultural
complejo, como lo señaló Emilio Robledo (1945):
Ya incorporados a su propio haber cultural las plantas y los animales
domesticados o trasportados por otros, los pueblos difusores llevan tales
elementos de su cultura material en sus desplazamientos, para asegurar
en el nuevo ambiente o territorio las cosas de consumo a las que están
acostumbrados en el país de donde provienen. (p.168)
La afirmación anterior sugiere que los ibéricos buscaban por sobre
todo satisfacer sus propias necesidades en los aspectos a los que estaban
habituados, como la alimentación.
En la Europa medieval el cultivo de arroz apenas tenía presencia en la
dieta de las familias occidentales, lo que significa que se consumía
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ocasionalmente en comparación con productos como el trigo o la cebada,
que ocupaban un lugar más prominente en la pirámide alimenticia (Cabezas
y Espinoza, 2000, p. 8).
Un aspecto importante de la introducción de alimentos europeos en la
América colonial fue que algunos de ellos no se adaptaron bien a las
condiciones de los suelos y del clima en las diferentes áreas de la región.
Una vez que las primeras poblaciones se establecieron en áreas como la
provincia de Cartagena, en el Nuevo Reino de Granada, los españoles
buscaron establecer prácticas agrícolas y ganaderas acordes con las
características de la tierra, ya que era poco lo que se podía hacer con la
aclimatación de vegetales y productos europeos (Saldarriaga, 2011, p. 66).
Este fue un fenómeno que no solo afectó a la Nueva Granada, sino también
a diversas regiones de las Antillas. A pesar de que los colonizadores
introdujeron cereales y géneros europeos, los resultados fueron
decepcionantes y como alternativa decidieron introducir arroz como
sustituto de estos alimentos (Cabezas y Espinoza, 2000, p. 8).
El planteamiento anterior resulta ser interesante y ha sido abordado
por la historiografía regional del Caribe colombiano (O’Byrne, 2013, p. 63).
Estas investigaciones han puesto en tela de juicio la relevancia de los
rendimientos de los suelos de las llanuras del Caribe y la capacidad que
estos tenían para producir y abastecer a la ciudad de Cartagena. Durante
gran parte del siglo
XVIII
, los comerciantes residentes en la ciudad
solicitaban a las autoridades del virreinato permiso para importar alimentos
desde puertos del Caribe, argumentando que los suelos de la provincia no
eran tan productivos (pp. 59-79).
A pesar de que el hinterland inmediato de la ciudad no contaba con las
facultades para el desarrollo de una amplia gama de alimentos (Meisel,
2003, p. 42), las poblaciones bajo su jurisdicción contaban con las
condiciones idóneas para la producción de una amplia variedad de cultivos.
Por ejemplo, Santa Cruz de Lorica fue un territorio que cumplió con un
papel importante en el envío de alimentos de primera necesidad hacia
Cartagena durante buena parte del siglo XVIII
(Solano, 2021, p. 226).
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De esta forma, y como punto de partida, proponemos que a pesar de
los avatares que sufrió la actividad de aprovisionamiento de bienes
agrícolas en la ciudad, el abasto de géneros como el arroz no se vio
imposibilitado en mayor medida por los factores de producción de la tierra
en los que era cosechado, sino más bien por fenómenos como el
acaparamiento, la especulación y acontecimientos naturales que afectaron
sus precios, puesto que las condiciones de gran parte de los territorios de la
provincia de Cartagena, en conjunto con los territorios de las sabanas de
Tolú y la subregión momposina, generaron un ambiente óptimo para el
desarrollo y distribución del mencionado cultivo.
En la segunda mitad del siglo
XVIII
el virreinato de Nueva Granada
experimentó un amplio crecimiento económico, propiciado por el aumento
demográfico y los estímulos fiscales producidos por la minería de oro
(Torres, 2013, p. 195). Estos elementos no solo afectaron al desarrollo de
actividades productivas en los mercados regionales, sino que dieron lugar a
redes de abastecimiento que estuvieron fuertemente ligadas al ámbito del
trabajo minero, en las que se destacaron los rendimientos productivos de
áreas como Popayán, el nordeste de Antioquia y algunas zonas mineras
ubicadas al sur de la provincia de Cartagena y cercanas al puerto de
Mompox.
Según investigaciones recientes de Torres y Henao (2022), dado el
significativo papel del sector minero y sus efectos económicos en la Nueva
Granada, era crucial asegurar el suministro alimentario para los
trabajadores. En este contexto, el puerto de Mompox desempeñó un papel
estratégico como centro de redistribución de mercancías a estas áreas
claves. Mompox también destacó como un espacio de servicios comerciales
que permitía un constante intercambio comercial con las lejanas regiones
del interior de la Nueva Granada (Meisel, 2011, p. 53). Estos elementos no
solo fortalecieron la economía momposina, sino que también conllevaron
al fortalecimiento de la especialización regional (Henao, 2020, p. 47). De
esta forma, en los territorios del virreinato se fueron consolidando
mercados regionales que fueron partícipes de la formación de un incipiente
mercado interno colonial, en el cual iba acrecentándose la circulación
comercial (Sempat Assadourian, 1982, p. 14).
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Véase la investigación de Henao (2020).
En términos comerciales, el río Magdalena se destacó como la ruta
principal que conectaba a toda la Nueva Granada (Muñoz y Torres, 2013, p.
190) gracias a su extensión y a los fluentes con los que contaba, lo que le
permitía conectar aquellas zonas lejanas de los Andes con las llanuras del
Caribe neogranadino (De la Cruz, 2020, p. 14). Estos afluentes, según Marta
Herrera (2007), constituían una identidad propia de las regiones del Caribe
neogranadino, pues a través de estos; los trabajadores del río que se
ganaban la vida conduciendo champanes y canoas, transportaban
mercancías a lo largo de la región.
Por otra parte, en la ciudad de Cartagena de Indias el maíz y el arroz
eran alimentos fuertemente demandados por los habitantes de la ciudad.
El maíz se destacaba entre la población por dos razones principales:
primero, era uno de los productos más abundantes en la provincia; y
segundo, la diversidad de preparaciones que permitía. El arroz, por otro
lado, era consumido por ser un carbohidrato con cantidades modestas en
proteína y era un alimento clave en varias zonas de la provincia gracias a la
fertilidad de los terrenos que se extendían desde las sabanas de Tolú hasta
la villa de Santa Cruz de Mompox (Solano, 2021, p. 256).
La región de la depresión momposina, que incluía a Mompox, se
destacaba por sus extensas áreas inundables y por ser un espacio en el que
se llevan a cabo diversas actividades económicas, especialmente las
orientadas al uso del río por parte de un grupo de comerciantes dedicados
al transporte fluvial. De esta forma, muchos comerciantes se involucraron
en la introducción de mercancías como bienes de la tierra
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, tanto para
Cartagena como para las lejanas provincias del interior del Nuevo Reino de
Granada. En la tabla 1 se observan algunos movimientos de arroz hacia
varios destinos.
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Tabla 1. Envíos de arroz hacia Cartagena y Antioquia en 1788
Nota. Elaboración propia a partir de Archivo General de la Nación, sección Archivo
Anexo III, fondo Real Hacienda-Cuentas, fls. 61.
En la segunda mitad del siglo
XVIII
la ciudad de Cartagena experimentó
un notable crecimiento económico debido principalmente a las actividades
de su puerto, pues contó hasta la década de 1778 con el monopolio del
comercio exterior del virreinato (Meisel, 2011, p. 65). Este auge se vio
acompañado de una expansión demográfica (Aguilera y Meisel, 2009, p. 28)
y la integración de nuevas áreas del Caribe neogranadino a un espacio
económico más amplio, el cual estuvo impulsado por las distintas
relaciones comerciales de un sólido grupo de comerciantes asentados en la
región. Estos factores contribuyeron al fortalecimiento de relaciones
comerciales, especialmente tras la transformación del gran Caribe en una
amplia zona de libre comercio a mediados de la década de 1760 (Bassi,
2021, p. 38).
Además de estas grandes transformaciones, hubo una mayor
demanda de trabajadores calificados como no calificados (Solano, 2018,
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2021). La historiografía de Cartagena ha evidenciado hasta el momento que
la ciudad fue objeto de frecuentes ataques en el contexto de las guerras
Atlánticas y, para hacer frente a esta amenaza, las autoridades virreinales
trabajaron en el desarrollo de estrategias defensivas para salvaguardar la
plaza fuerte.
De acuerdo con Meisel (2003), las obras que se realizaron para la
fortificación de la ciudad implicaron gastos considerables en relación con el
PIB
de la época, pues, según sus estimaciones, los gastos correspondientes
solo a la fortificación de la escollera de Boca Grande ascendían un 5 % del
total del
PIB
de la Nueva Granada. Meisel también estableció que varios de
los factores que impulsaron el crecimiento de los ingresos fiscales en
Cartagena estuvieron determinados por el aumento de los ingresos per
cápita, la presión fiscal generada por los impuestos al tabaco y al
aguardiente y el aumento de los subsidios enviados por las cajas reales de
Quito y Santafé (p. 14).
El notable desarrollo económico de la ciudad se vio favorecido por la
presencia de trabajadores dedicados a las fortificaciones y tropas militares,
lo cual contribuyó al crecimiento de la economía local, porque buena parte
de los ingresos de estos sectores eran destinados en mayor medida a
satisfacer sus necesidades básicas, generando así actividades de consumo
(Meisel, 2003, p. 27).
A pesar de los avances en materia fiscal de Cartagena, es importante
señalar que, según la investigación de Sergio Solano (2021), el notable
aumento salarial de los trabajadores libres de Cartagena se vio eclipsado
por el fenómeno inflacionario que afectó a toda Nueva Granada. Este
evento, por supuesto, limitó el consumo de bienes y alimentos de primera
necesidad como el arroz, el maíz y la carne, pues su precio aumentó a finales
del período colonial por encima de los salarios reales (p. 276).
El panorama se complicó aún más durante los períodos de guerra,
entre 1790 y 1800, los cuales resultaron en la interrupción de importaciones
provenientes de la metrópoli. Según Solano (2021), este complejo
escenario bélico, sumado a los constantes ciclos de abundancia y escasez
presentados durante buena parte del siglo
XVIII
, tuvieron un impacto
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Archivo General de la Nación, sección Colonia, fondo Abasto, t. 9, doc. 11, folio 588r.
5
Archivo General de la Nación, sección Colonia, fondo Abasto, t. 5, doc. 1, folio 36v.
significativo en las actividades de abastecimiento de la ciudad (Mora, 2021,
p. 17).
En este contexto, los comerciantes que tenían inversiones en lugares
estratégicos de las sabanas centrales de la provincia fueron los más
afectados, pues, a pesar de que contaban con redes de acopio para
movilizar sus bienes, los períodos de lluvias y sequías afectaron el desarrollo
de cultivos, lo cual tendía a elevar los precios de los productos agrícolas.
Ante esta compleja problemática, José María del Real, propietario de una
hacienda en el partido de María, afirmaba que los altos precios de los
productos esenciales como el maíz o el arroz eran debido a las lluvias
intensas que provocaron pérdidas de cosechas.
4
No es de sorprender, por tanto, que las problemáticas en los
suministros hayan generado quejas de parte de la población. Usualmente
en una economía preindustrial los especuladores y los revendedores son los
primeros objetivos de las autoridades. Por ejemplo, a finales del siglo
XVIII
se promulgaron órdenes como la siguiente:
Que debe observar el cabo guardia de los tendales; y cajones de
maíz con la mayor puntualidad sin separarse un punto de ella por
convenir el buen el buen servicio del público de esta plaza para su abasto
diario. Por cuanto para precaverle el abuso introducido de sacar
cantidades excesivas de harina, maíz, arroz y casabe embarcando unas y
ocultando otras para venderlas los mismos que las compran siendo este
comercio perjudicial al público.
5
Las dinámicas relacionadas con el abasto y circulación de alimentos de
primera necesidad como el arroz estaban fuertemente marcadas por
medidas preventivas y legislativas que se encontraban establecidas en el
bando de buen gobierno del año 1789. Estas medidas buscaban ejercer
presión en la regulación de los alimentos que las personas consumían; de
hecho, en el capítulo 74 del bando se establecía lo siguiente:
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Según la Real Academia Española, esta actividad consistía en comprar al por mayor para volver a vender al por menor.
Que ninguna persona de cualquier calidad o condición que sea,
pueda comprar por justo los mantenimientos que vienen a esta ciudad
para el abasto común, sin que haya estado a la venta publica por noticia
de la diputación de turno bajo la pena de perder lo que compraron. (Mora,
1992, p. 127)
En el capítulo 79 se señalaba que individuos como maestres, capitanes
y patrones de canoas tenían prohibido vender grandes cantidades de
alimentos a una o más personas en los primeros días siguientes al
desembarco de los bienes (Mora, 1992, p. 127). Por último, el capítulo 77,
que hacía referencia a la regulación de revendedores, establecía que una
vez hechas sus compras no las oculten ni retiren de la vista del público, ni
en la venta se excedan en los precios que asignará la diputación de turno
(Mora, 1992, p. 128).
Como lo han señalado Rivasplata (2024), Salinas (2018) y Zamora
(2014) a través de sus estudios en las diferentes latitudes regionales de la
América colonial. Los regatones
6
y acaparadores eran avivados
conocedores de las dinámicas de los comercios locales, en este sentido eran
agentes que, por medio de contactos y relaciones en los mercados y plazas,
y en búsqueda de su beneficio, afectaban de diversas formas el suministro
de alimentos a las poblaciones. Durante gran parte del siglo
XVIII
, el cabildo
de Cartagena de Indias enfrentó desafíos significativos para controlar las
prácticas ilegales de comerciantes. La situación se complicaba porque los
puestos de “regidores añales” eran públicamente subastados, lo que
permitía a los comerciantes establecer nexos con estas autoridades para
obtener ventajas (Solano et al., 2020, p. 48).
Aunque los bandos de buen gobierno incluyeron medidas preventivas
contra la venta de productos agrícolas como el arroz a los regatones, en la
práctica estas advertencias del cabildo no se implementaron eficazmente.
Esto permitió que los especuladores y acaparadores siguieran comprando
productos esenciales para luego venderlos a precios significativamente
más altos.
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Archivo General de la Nación, sección Colonia, fondo Abastos, t. 5, doc. 1, fs. 1r-286v.
8
Archivo General de la Nación, sección Colonia, fondo Abastos, t. 5, doc. 1, folio 15v.
9
Archivo General de la Nación, sección Colonia, fondo Abastos, t.2, doc. 21, folio 434r.
Esta fue una estrategia que muchos acaparadores de alimentos
emplearon, especialmente para el caso del arroz. Durante buena parte de
la segunda mitad del siglo
XVIII
, los casos de acaparamiento y regatonería
fueron constantes. Por ejemplo, en la ciudad en 1793 se llevó un caso contra
el comerciante Joseph Antonio Mosquera por haberse apropiado de 370
botijas de arroz
7
, las cuales había vendido durante todo ese año a un precio
de 10 reales, argumentando que era en beneficio de los habitantes. Ante tal
situación, el síndico procurador general Manuel de Otoya expresó: que
Si su intención hubiera sido de beneficiar al público como aparenta
habiéndolo comprado [arroz] por los meses de enero y febrero como lo
expone siendo blico y notorio que en ello y aun mucho después se
vendió a 4 ½, y lo más caro a 5 reales botija lo hubiera mandado a vender
contentándose con ganar 1 o 2 reales en cada una.
8
Se debe señalar que el caso de Mosquera no fue el único investigado
por el cabildo y los regidores de abasto, pues a mediados de 1803; varios
miembros de esta institución estuvieron investigando al comerciante José
María de Toledo, por haber introducido 240 botijas de arroz a su casa
9
.
En la plaza fuerte de Cartagena, un aspecto característico del
comercio era que, cuando se conocían casos de acaparamiento como el del
mencionado Mosquera, muchos regatones aumentaban el precio del arroz
para poder obtener beneficios. Esta estrategia funcionaba porque, a pesar
del alza de los precios, la demanda del arroz se mantenía, ya que era un
alimento esencial tanto para las tropas militares, como para los enfermos
del Hospital de San Juan de Dios (Alzate, 2012, p. 29). Un ejemplo de dicha
tendencia se puede observar en el siguiente fragmento de una carta escrita
por el comerciante y apoderado de Mosquera, Eugenio Viana, al sargento
Manuel Delgado:
Muy señor mío, he de merecer a vuestra merced se sirva decirme a
continuación habiendo tratado con vuestra merced 7 botijas de arroz en
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Archivo General de la Nación, sección Colonia, fondo Abastos, t.5, doc. 1, folio 155r.
el puente de esta ciudad el día 4 del corriente [junio] al precio de 10 reales
para recibirlos al siguiente día 5, por la mañana para el gasto de la tropa
que fue destacada a Bocachica habiendo un [ocurrido] por ellos no pude
cumplir el trato a causa de que me acaban de quitar por el señor
procurador general de esta ciudad,, y si por este motivo tuvo muestra
merced que pagarla a 11 reales en una de las canoas arribadas al muelle
de dicho puente.
10
Como se ha venido observando, las dinámicas del abasto de arroz
durante la segunda mitad del siglo
XVIII
estuvieron sujetas en gran medida
a las actividades clandestinas de especuladores, regatones y acaparadores,
quienes se aprovechaban de las épocas de desabastecimiento en la ciudad
para sacar partida de ello. Así pues, a finales del período colonial, los altos
precios impuestos al arroz implicaron al tiempo variaciones de los precios
entre regatones (tabla 2).
Tabla 2. Precios del arroz en 1793
Nota. Elaboración propia a partir de Archivo General de la Nación, sección Colonia,
fondo Abastos, t. 5, doc. 1, fs. 286.
No es de sorprender que comerciantes de Cartagena se vieran
inmiscuidos en estas actividades, pues a finales del siglo
XVIII
muchos de
estos, en búsqueda de sus beneficios, compraban a los cosecheros de la
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11
Archivo General de la Nación, sección Colonia, fondo Abastos, t. 5, doc. 1, folio 167r.
12
Archivo General de la Nación, sección Colonia, fondo Abastos, t. 9, doc. 17, folio 839r.
13
Para la siguiente conversión se tomó el estimado que señaló el profesor Solano (2021), en el que una botija equivalía aproximadamente a
32 libras (p. 270).
14
Archivo General de la Nación, sección Colonia, fondo Abastos, t. 9, doc. 17, folio 819r.
15
Archivo General de la Nación, sección Colonia, fondo Abastos, t. 9, doc. 17, folio 820r.
región géneros de primera necesidad, para sacar utilidades. Un comentario
de Antonio López ejemplifica dicha situación:
En los meses de diciembre, enero y febrero del año pasado [1792],
y presente abundo, como en los otros años la cosecha de arroz, y por lo
mismo son muchos los cosecheros que vinieron a esta ciudad con toda
clase de embarcaciones a vender dicho arroz, y como labradores de él y
de otros frutos y legumbres les precisa pronta venta para restituirse a sus
casas a la precisa atención de las demás labores. Si por lo arriba dicho
experimenta alivio que se le compre por mayor y menor.
11
Las dinámicas del comercio arrocero en Cartagena no se limitaban
únicamente al casco urbano, pues existieron grandes comerciantes y
hacendados como Andrés Gómez Mármol, Juana de la Encarnación y;
Francisco García y Soto Mayor, quienes tenían haciendas y terrenos para
cultivar y abastecer a la ciudad con productos agrícola, como el arroz o el
maíz.
12
Hacia mediados de 1808, Mármol planteaba llevar unas 70 botijas de
arroz, equivalentes a unas 2240 libras,
13
desde su Hacienda Majagual hasta
la ciudad, lo que ocasionó una compleja disputa entre Mármol y las
autoridades del cabildo, pues quería vender la botija de arroz a un precio
aproximado de 30 reales y la cuartilla, es decir, la unidad más pequeña en
unos 3 reales.
14
El precio por la cuartilla estaba muy por encima del precio
que había estipulado el cabildo, que para mediados de 1808; era de 2 reales
por cuartilla de arroz
15
. Esta situación, como la mayoría de los casos, era un
duro golpe para los comerciantes, ya que afectaba sus ganancias. Ante este
panorama, Mármol acudió a su calidad de cosechero para que se le
permitiera vender, mencionando:
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16
Archivo General de la Nación, sección Colonia, fondo Abastos, t. 9, doc. 17, folio 819v.
17
Archivo General de la Nación, sección Colonia, fondo Abastos, t. 9, doc. 11, folio 582r.
18
Esta estimación se realizó teniendo en cuenta las variaciones en los datos de los precios del arroz entre 1755-1809, suministrados por el
profesor Sergio Solano (2021).
Yo no puedo no menos que presentarle con mi mayor rendimiento
mi calidad de hacendado y cosechero que estos frutos que trato de
expender son sembrados, cultivados y cogidos por y mis esclavos y
que no siendo ni comprados ni adquiridos de otras manos debo
aprovechar la escases para subsanar los quebrantos.
16
En la segunda mitad del siglo
XVIII
, el suministro de alimentos agrícolas
a la plaza fuerte de Cartagena estuvo estrechamente ligado a las redes y
relaciones entre hacendados, cosecheros y transportistas, que se
encargaban de llevar estos productos a la ciudad. En el caso del arroz, en
ocasiones los precios de la cuartilla de este género agrícola no coincidían
con los precios de la ciudad. Por ejemplo, en un interrogatorio hecho a un
patrón de canoa por diputados de abasto, estos le habían preguntado si
sabía a qué precio se hallaban artículos como el arroz, el maíz o la carne, a
lo que el trabajador respondió que “el arroz no sabe el precio que lo tengan
en la plaza, pero que en Lorica se vende [arroz] a real y medio la cuartilla”.
17
El comentario de López ofrece una visión de cómo los comerciantes y
acaparadores podrían haber procedido al comprar diversos tipos de
productos agrícolas.
Como lo han señalado Torres (2015) y Pardo (1972), la economía de la
Nueva Granada durante la segunda mitad del siglo
XVIII
estuvo sujeta a
cambios exógenos, en los que las variaciones del clima o los efectos de las
especulaciones por parte de grupos de comerciantes pueden cambiar de
forma sustancial los precios de los alimentos de primera necesidad. En el
caso del arroz, estos dos aspectos jugaron un papel importante en el alce
de los precios, sin olvidar también los juegos de oferta y demanda que se
llevaban a cabo en el comercio urbano de Cartagena de Indias. Durante la
segunda mitad del siglo, los precios de este bien agrícola mostraron una
estabilidad general, pero con una tendencia al alza hacia finales del período.
Al analizar los precios del arroz entre 1755 y 1809, se observa una tendencia
inelástica en su precio, manteniéndose en un promedio de 14,3
18
(figura 1).
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19
Véase las investigaciones de Jimeno Sierra (2022) y Solano et al. (2021).
Figura 1. Precios en reales de las botijas de arroz, 1755-1809.
Nota. Tomado de Solano, 2021, p. 277.
De este modo, podemos afirmar que el abastecimiento de arroz, a
pesar de estar sujeto a medidas de regulación por parte de las autoridades
del cabildo de la ciudad, fue objeto de constantes modificaciones realizadas
por hacendados, comerciantes y revendedores, quienes eran avivados
conocedores de la compleja situación de la plaza y sus complicaciones para
abastecerse e hicieron uso de ello para tener beneficios económicos.
Enclaves del comercio de arroz en la provincia de
Cartagena durante la segunda mitad del siglo
XVIII
Los recientes estudios sobre el comercio en la provincia de Cartagena
han sido fundamentales para comprender cómo se desarrolló el comercio
tanto en la ciudad como en sus alrededores
19
. En este sentido, el siguiente
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19
apartado tiene como objetivo proporcionar información sobre los lugares
que funcionaban como distribuidores de arroz y abastecían a la ciudad.
Podemos analizar cómo se abastecía la ciudad desde dos perspectivas.
Por un lado, el comercio interno dentro del casco urbano se llevaba a cabo
principalmente a través de las tiendas de pulperías, las cuales
suministraban alimentos a las familias cartageneras. Por otro lado, estaba
el comercio en las áreas más amplias de la provincia de Cartagena, donde
hacendados, agricultores y comerciantes cultivaban tierras para producir
alimentos tanto para consumo local como para la venta en la ciudad. Estas
dos formas de comercio se complementaban, ya que las tiendas de pulpería
a veces obtenían productos de las zonas cercanas a la plaza fuerte (Solano
et al., 2021, p. 191).
A lo largo del siglo
XVIII
, el establecimiento de varias tiendas de
pulperías, tiendas mixtas y tendajos había desempeñado un papel crucial
en la cadena de distribución de alimentos a los habitantes de la ciudad,
permitiendo que las personas se pudieran aprovisionar de algunos
alimentos como huevos, ajos, azúcar, entre otros (Solano et al., 2021, p.
195). De esta manera, las tiendas de pulperías eran espacios que
complementaban las actividades de abastecimiento de la plaza fuerte.
Según Solano et al. (2021), estas tiendas “formaban el último peldaño
del comercio formal de la ciudad” (p. 189). Ante el punto propuesto por los
autores, es de especial interés señalar que la actividad comercial de
Cartagena durante la segunda mitad del siglo
XVIII
fue compleja y diversa,
puesto que, así como se encontraba un comercio formal, por las calles de la
ciudad también se desarrollaba un comercio informal en el que gente de
cualquier condición social participaba (Rivasplata, 2024, p. 5).
Las prácticas de actividades ilícitas, como el encubrimiento de
mercancías, eran frecuentes en el ámbito del comercio alimenticio y
productos como el arroz se encontraban constantemente relacionados a
estas prácticas. Al respecto, algunos diputados y procuradores de turno
afirmaron que
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20
Archivo General de la Nación, sección Colonia, fondo Abastos, t. 5, doc. 1, folio 41v.
21
Archivo General de la Nación, sección Colonia, fondo Abastos, t. 2, doc. 21, folio 440r.
22
Archivo General de la Nación, sección Colonia, fondo Abastos, t. 2, doc. 21, folio 439v.
Para precaver la extracción de víveres que mencionan y que se
oculten para revenderlos los mismos que lo compran y por tanto se
encarga al comandante de tendales y cajones de [maíz] que siempre
tenga noticia de alguna ocultación o venta por mayor hecha a los
regatones u otras personas, de inmediatamente parte a vuestra señoría
y a los señores fieles ejecutores.
20
Si bien esta fue una medida empleada por las autoridades del cabildo,
en la cotidianidad de las introducciones de alimentos agrícolas existían
muchas complicaciones para identificar a los dueños de las mercancías, ya
que en muchos casos en las guías que tenían los canoeros no aparecía el
nombre de la persona a quien pertenecían los géneros agrícolas, como lo
señaló el patrón de canoa Agustín Torrente en 1803: “la forma es la de
expresar en la guía el nombre del patrón y la cantidad de víveres que
conduce esta para la plaza sin decir a quien pertenece ni otra alguna
advertencia”.
21
En la ciudad diversos lugares servían como centros de comercio donde
se cubrían las necesidades diarias de las familias cartageneras, algunos de
eran El Camello y El Portal del Puente. A medida que transcurría el siglo
XVIII
estos lugares adquirieron una mayor relevancia en la circulación de
alimentos de la ciudad (Solano et al., 2021, p. 200). No obstante, es
importante mencionar que zonas como Lorica, Tolú y San Bernardo del
Viento, tuvieron un papel importante en la distribución de arroz hacia la
ciudad (Solano, 2021, p. 257).
Asimismo, durante la mayor parte de la segunda mitad del siglo
XVIII
,
pero sobre todo en las postrimerías, varios hacendados y cosecheros se
encargaban de introducir el preciado producto agrícola, dentro de los
cuales destaca el mencionado José María García de Toledo, quien no solo
traía arroz de Lorica, sino que también se había vinculado al comercio de
este producto mediante el traslado de algunas parroquias como Momil.
22
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21
23
Archivo General de la Nación, sección Colonia, fondo Abastos, t. 9, doc. 17, folio 858r.
No obstante, Lorica no fue el único territorio que expedía géneros
agrícolas como el arroz para Cartagena, pues los transportistas también
llegaban a la plaza con artículos de primera provenientes de Turbaco,
Mompox, Tolú y San Bernardo del viento (Solano, 2021, p. 257). Turbaco y
algunas zonas del partido de María también fueron importantes en el
abastecimiento de este producto, como lo mencionó el hacendado Eugenio
Canabal, quien conducía sus frutos a la ciudad para el abasto.
23
En la figura
2 se muestra un mapa sobre la red de abasto del arroz de la provincia de
Cartagena.
Figura 2. Red de abasto del arroz en la provincia de Cartagena durante
la segunda mitad del siglo
XVIII
.
Nota. Elaboración propia a partir de Archivo General de la Nación, sección Colonia,
fondo Abastos, tomos 5 y 9.
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24
De acuerdo con fuentes primarias y las investigaciones de Sergio Solano, la llamada Boca del Puente o “puerta principal” fue creada para
conectar la ciudad con el arrabal de Getsemaní mediante un puente elevadizo. Además de esta función, también tenía un papel esencial en el
abastecimiento de la ciudad, ya que por allí llegaban embarcaciones más pequeñas cargadas con mercancías y víveres.
25
Archivo General de la Nación, sección Colonia, fondo Abastos, t. 5, doc. 1, folio 166v.
Estas mercancías en su mayoría llegaban a la Boca del Puente,
24
un
espacio donde se llevaban a cabo significativas transacciones económicas,
especialmente las relacionadas con el abasto y venta de arroz, y donde
también se establecieron tiendas, debido a la llegada de embarcaciones por
vía marítima desde Lorica (Solano et al., 2021, p. 194). De esta forma, era
evidente la introducción de este producto en distintas cantidades, como lo
demostraba un testimonio de la época en 1793: es evidente que a
principios del corriente mes llego a dicho puente una canoa con 270 botijas
de arroz”.
25
Figura 3. Boca del Puente.
Nota.
Boca del Puente (grabado), tomado de la fototeca del repositorio de la
Universidad Tecnológica de Bolívar.
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Como se mencionó anteriormente, las dinámicas relacionadas con el
suministro de arroz estuvieron marcadas por una compleja dinámica
comercial, caracterizada por frecuentes violaciones a las normas de
abastecimiento. En este sentido, podemos establecer que durante buena
parte del siglo
XVIII
las actividades de regatones, especuladores y
comerciantes jugaron un papel importante en el ritmo de los precios
establecidos a bienes de primera necesidad. Esto, sumado al proceso
inflacionario en Nueva Granada, conllevaron a establecer múltiples quejas
por parte de los habitantes debido al alto costo de vida en la ciudad.
Consideraciones finales
Durante la segunda mitad del siglo
XVIII
, el suministro de arroz en la
ciudad de Cartagena de Indias se vio influenciado por dinámicas propias de
la provincia. En este contexto, los cambios en los niveles de vida de los
residentes, impulsados por nuevas oportunidades de trabajo, se vieron
afectados por el fenómeno inflacionario y varias prácticas especulativas y
de acaparamiento de víveres y géneros agrícolas como el arroz. En este
sentido, regatones, comerciantes, hacendados, vendedores y
transportistas tuvieron un papel preponderante en las dinámicas de abasto
a la plaza fuerte. No obstante, pese al peso que tenían los bandos de buen
gobierno en la ciudad, el constante juego de la oferta y la demanda jugó un
papel importante al momento de establecer los precios del mencionado
producto.
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