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Sugerencia de citación: Gonzales Huánuco, A. R. (2026). El Comité Algodonero de
la Sociedad Nacional Agraria ante la crisis global, 1935-1941. |
DOI:
https://doi.org/10.21789/ |
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El Comité Algodonero de la Sociedad Nacional Agraria ante la crisis global, 1935-1941
The Cotton Committee of the National Agrarian
Society in the Face of the Global Crisis, 1935-1941
Ángel Raúl Gonzales Huánuco
Estudiante de Economía,
Universidad del Pacífico, Perú
ar.gonzalesh@alum.up.edu.pe
RESUMEN
Entre
1935 y 1941 el Comité Algodonero de la Sociedad Nacional Agraria (sna) articuló
estratégicamente los intereses de la élite agroexportadora peruana con el
Estado, enfrentando crisis derivadas de la Gran Depresión, plagas y la Segunda
Guerra Mundial. Integrado por terratenientes (Aspíllaga, Cillóniz), agentes
transnacionales (Billwiller) y políticos (Moreyra Paz Soldán), este núcleo de
poder multisectorial priorizó la estabilidad del algodón —principal producto de
exportación— mediante una triple estrategia: adaptación técnica (contratación
de entomólogos, innovación en embalajes), negociación política (lobby contra
impuestos asimétricos como la Ley 7904 y regulaciones centralistas) e
integración internacional (participación en la Conferencia Internacional del
Algodón en Washington, delegados comerciales en ee. uu.). Pese a mitigar crisis
sanitarias, asegurar créditos y defender su legitimidad institucional, el
Comité no superó vulnerabilidades estructurales, como la dependencia de
mercados volátiles (73,76 % de exportaciones concentradas en tres países),
marginalidad en cuotas estadounidenses y políticas estatales que subordinaban
el agro a intereses urbanos. Así, mientras el Comité demostró eficacia táctica
como articulador gremial, su incapacidad para transformar el modelo
agroexportador reveló los límites del poder sectorial en economías periféricas.
Palabras clave: Sociedad Nacional Agraria; articulación gremio-estado; crisis
internacional; historia económica.
Códigos JEL: B20, QOO
ABSTRACT
Between
1935 and 1941, the Cotton Committee of the National Agrarian Society (SNA , per its Spanish) strategically aligned
the interests of Peru’s agro-export elite with those of the
State, in response to crises triggered by the Great
Depression, crop plagues, and World War II. Composed of landowners (Aspíllaga, Cillóniz),
transnational actors (Billwiller), and political
figures (Moreyra Paz Soldán), this multi-sectoral power
center sought to
stabilize cotton production—Peru’s principal export—through
a three-pronged strategy: technical adaptation (hiring entomologists,
innovating packaging), political negotiation (lobbying against asymmetrical
taxes such as Law 7904 and centralist regulations), and international
integration (participating the International Cotton Conference in
Washington, D.C. and sending trade delegates to the United
States). Although the Committee mitigated health crises, secured
credit, and defended its institutional legitimacy, it ultimately
failed to overcome deeper structural vulnerabilities, including dependence
on volatile markets (73.76% of exports concentrated in three countries),
marginalization within US quotas, and state policies that subordinated
agriculture to urban priorities. Thus, while the Committee proved tactically effective as a
coordinating body for the trade association, its inability to transform
the underlying agro-export model illustrates the limits of
sectoral power in peripheral economies.
Keywords: National Agrarian Society; Trade
union-state articulation, International crisis;
Economic history.
JEL Codes: B20, QOO
Introducción
Entre
1935 y 1941 el sector algodonero peruano enfrentó desafíos complejos en un
contexto marcado por la Gran Depresión, la volatilidad de los mercados
internacionales y el inicio de la Segunda Guerra Mundial. Ante estos choques
externos, el Comité Algodonero de la Sociedad Nacional Agraria (en adelante
sna) emergió como actor clave en la defensa de los intereses del sector,
integrando el discurso público, la negociación con el Estado y la adaptación a
crisis externas como estrategias centrales.
Frente a este escenario, este ensayo aborda
una pregunta central: ¿qué papel jugó el Comité Algodonero de la sna en la
articulación entre el Estado y los intereses de la élite agrícola durante el
período de 1935-1941? El texto examinará específicamente cómo este gremio,
principal representante de los hacendados costeños, respondió a los desafíos
económicos del período, con especial énfasis en la priorización de la
estabilidad inmediata del sector.
La relevancia del Comité Algodonero radica en
la importancia del algodón para el comercio exterior peruano y el rol
protagónico de la sna en las decisiones del sector agrícola. Según datos de
exportación a precios de 1953 (Contreras, 2020, p. 628), el algodón fue el
producto de mayor valor durante el período estudiado, alcanzando 1030 millones
de soles en 1941. Esta cifra superó ampliamente a las exportaciones de azúcar y
derivados, calculadas en 550,6 millones, y las de cobre refinado, 273,1
millones (Contreras, 2020, p. 634). Cabe señalar que la información disponible
no permite comparar el algodón con minería metálica como el oro y la plata.
Este rol articulador de la sna entre el Estado
y la élite agrícola fue trascendental en la dirección del sector. Como destacó
en su exposición ante el Senado, la institución protegía “constantemente los
intereses de los agricultores” (sna, 1940), colaborando con los poderes
públicos en “el estudio y solución de los problemas que afectan a la más
importante rama de la producción nacional” (p. 108). Esta autodefinición como
interlocutor legítimo coincide con las observaciones de Bravo Bressiani (1969),
quien identifica a la sna como uno de los principales “depositarios del poder
real en el Perú” (p. 73). Favre (1969), a su vez, refuerza esta perspectiva al
equiparar su capacidad de presión con la de los Institutos Armados, subrayando
su eficacia como grupo de lobby articulado.
Este enfoque en las dinámicas de poder se
sustenta en las memorias de la sna como fuente principal. Como reconoce Miller
(2020), desde la década de los 70 los archivos institucionales —especialmente
de la sna y la Cámara de Comercio de Lima— han sido poco utilizados pese a su
valor para develar los mecanismos de influencia de las élites económicas en el
desarrollo empresarial peruano. Para tal efecto, este trabajo comprende tres
secciones que subdividen el tema analizado: en primer lugar, el estudio explica
la relación empresarial y política de los miembros del Comité Algodonero; seguidamente,
expone la estadística algodonera disponible para el periodo; y finalmente,
analiza los acontecimientos más relevantes sobre los que la sna tomó posición
de acuerdo con sus memorias.
Composición y perfil del Comité Algodonero
Desde su fundación en 1895, la sna organizó su
representación sectorial mediante una junta directiva y comités especializados
por productos. Esta estructura institucional, consolidada hacia la década de
1930, respondía a la necesidad de articular técnicamente las demandas de la
élite agrícola ante el Estado. El Comité Algodonero constituyó uno de estos
núcleos estratégicos, encargado exclusivamente de los intereses del principal
producto de exportación. Durante el período 1935-1941 fueron cinco los representantes
del Comité, los cuales se pueden observar en la Tabla 1.
Tabla 1. Miembros
del Comité Algodonero en el período 1935-1941
|
1935-36 |
1936-37 |
1937-38 |
1938-39 |
1939-40 |
1940-1941 |
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Pedro G. Beltrán |
Ramón Aspíllaga
Anderson |
Pedro G. Beltrán |
Carlos Cillóniz |
Carlos Cillóniz |
Carlos Cillóniz |
|
Carlos Cillóniz |
C. J. Billwiller |
Carlos Cillóniz |
Carlos Moreyra P. S. |
Carlos Moreyra P. S. |
Carlos Moreyra P. S. |
|
Benito Lores |
Hugo Cohen |
Oscar Ramos Cabieses |
Oscar Ramos Cabieses |
Oscar Ramos Cabieses |
Oscar Ramos Cabieses |
|
Oscar Ramos Cabieses |
Juan Pardo A. |
Guillermo Salinas
Cossio |
Guillermo Salinas
Cossio |
Guillermo Salinas
Cossio |
Guillermo Salinas
Cossio |
|
Guillermo Salinas
Cossio |
Bernandino Ramírez |
Gabriel Seminario |
Gabriel Seminario |
Gabriel Seminario |
Gabriel Seminario |
Nota. Elaboración propia a partir de sna (1936,
1937, 1938, 1939, 1940, 1941).
La notable estabilidad en la composición del Comité se evidencia al
analizar su baja rotación. Esta continuidad refleja la concentración del poder
en un núcleo reducido de la élite agroexportadora. Asimismo, considerando las
limitaciones temporales y de disponibilidad de fuentes del presente ensayo, se
reconstruyeron las actividades a las que se encontraban ligados los miembros
del Comité, salvo el caso de Bernandino Ramírez. La información se encuentra en
la Tabla 2.
Tabla 2. Actividades
empresariales de los miembros del Comité Algodonero.
|
Propietario |
Actividad Comercial |
Ubicación |
|
Pedro
Beltrán |
Hacienda
Montalván |
Cañete |
|
Carlos
Cillóniz |
Hacienda
San José |
Ica |
|
Benito
Lores |
Comercial
Algodonera S. A. |
Lima |
|
Oscar
Ramos Cabieses |
Hacienda
Hualcará |
Cañete |
|
Guillermo
Salinas Cossio |
Hacienda
Humaya y Huacán |
Huara |
|
Ramón
Aspíllaga Anderson |
Hacienda
Cayaltí |
Chiclayo |
|
C.
J. Billwiller |
Hacienda
Cartavio |
Chicama |
|
Hugo
Cohen |
Hacienda
Casa Grande |
La
Libertad |
|
Juan
Pardo Althaus |
Hacienda
Tumán |
Lambayeque |
|
Bernandino
Ramírez |
- |
- |
|
Gabriel
Seminario |
Sociedad
Agrícola Loma Negra |
Piura |
|
Carlos
Moreyra Paz Soldán |
Fundo
San Isidro/Hacienda Santa Luisa |
Lima |
Nota. Elaboración propia a partir de (agn, 1947;
Caja Nacional del Seguro Social, 1937; Klarén, 2016; Mariátegui y Fuente
Chávez, 1935; Mundial, 1922;
Portocarrero, 1995; Semanario peruano, 1947; Sihuacollo, 2022; Tauro del Pino,
2001).
Es importante destacar que más de un miembro diversificó sus actividades
y funciones en el ámbito empresarial, actuación que refleja una estrategia
deliberada de acumulación de capital político y económico. Pedro Beltrán
ejemplifica esta multifuncionalidad: tras participar en el directorio del Banco
Central de Reserva (1929-1930) y en la contratación de la misión Kemmerer,
adquirió el diario La Prensa en 1934 como plataforma de defensa de los
intereses agrícolas, culminando como presidente del concejo de ministros en
1959 (Tauro del Pino, 2001). Por otro lado, Benito Lores extendió su influencia
al ámbito municipal como miembro del concejo de Miraflores en 1935 (Mariátegui
y Fuente Chávez, 1935).
Salinas Cossio, por su parte, combinó la administración de la hacienda
familiar con su formación jurídica y su rol como gestor cultural,
evidenciándose en sus colaboraciones en la revista Mercurio Peruano y en
la fundación de la Escuela Nacional de Bellas Artes, consolidándose como
representante activo de la “Generación del 900” (Sihuacollo, 2022). Mientras que las actividades de la familia
Aspíllaga Anderson son documentadas en Klarén (2016), Gilbert (2023) y
Portocarrero (1995), cuyo manejo de la hacienda Cayaltí ejemplifica la
interconexión entre sectores exportadores del Comité.
A diferencia de los demás miembros —propietarios directos de haciendas—,
Charles James Billwiller fue representante de W. R. Grace (agn, 1947) en el
proceso de liquidación de la Hacienda Cartavio (Klarén, 2016), mientras que en
la ii Guerra Mundial fue adviser para la American State Department's Office of the
Coordinator of Inter-American Affairs (New York Times, 1951). Perfil
similar tuvo Hugo Cohen, quien fue director general de Gildermeister y Compañía
(Corte Suprema de Perú, 1948) y de la Lima Kennel Park (Peruanidad, 1941).
Ambos casos ilustran la integración de agentes transnacionales en el Comité,
vinculando los intereses algodoneros con capitales y redes globales.
El caso de Juan Pardo de Althaus es significativo por sus lazos
familiares, pues, en palabras de Castro de Trelles (2022), “era hijo de Luis
Pardo y Barreda, hermano del expresidente José Pardo, y un civilista muy
cercano a Sanchez Cerro”. Estos vínculos dinásticos le
otorgaron acceso privilegiado a círculos de poder decisivos para el Comité. En
cuanto a Gabriel Seminario, se destaca, además de su participación en
negociaciones comerciales con Seminario y Cía. S. A. e inmobiliaria del Norte
S. A. (Portocarrero, 2017), su auspicio al Centro Geográfico de Piura (Boletín
de Sociedad Geográfica de Lima, 1918), fortaleciendo su liderazgo regional.
Finalmente, Moreyra Paz Soldán fue ministro de Fomento en 1939, vicepresidente
de la República en 1956, presidente del concejo de ministros y ministro de
Agricultura en 1961 (Portocarrero, 1995).
La composición del Comité Algodonero respondió a una estrategia
deliberada de representación multisectorial. Los perfiles documentados
evidencian tres rasgos fundamentales: en primer lugar, destaca la presencia
simultánea en gremio y Estado, personificada por Carlos Moreyra Paz Soldán, su
ejercicio como ministro de Fomento en 1939, mientras integraba el Comité,
permitió una transferencia directa de demandas sectoriales a políticas
públicas. En segundo término, la integración de capital transnacional fue crucial:
miembros como Billwiller, agente de W.R. Grace, y Hugo Cohen, director general
de Gildemeister, vincularon los intereses algodoneros con redes comerciales y
diplomáticas globales. Esta dimensión internacional complementó el tercer
rasgo, el cual es la combinación de bases productivas locales y liderazgo
social con el objetivo de asegurar la legitimidad territorial
así como la proyección pública del gremio.
Esta estructura operó como canal de doble vía: por un lado, tradujo
necesidades de hacendados en peticiones estatales formales; por otro, facilitó
la implementación de medidas gubernamentales con mínima fricción. El caso de
Moreyra resultó paradigmático: su posición ministerial durante contextos
críticos otorgó acceso privilegiado a la toma de decisiones, demostrando cómo
la doble militancia institucionalizó la articulación entre élite agrícola y
Estado. La eficacia de esta articulación se vería sometida a prueba ante las
fluctuaciones del sector, cuyos indicadores productivos y comerciales se
presentan a continuación.
Producción y mercados de exportación (1935-1941)
La estadística algodonera disponible muestra pequeñas variaciones en el
periodo estudiado. En términos generales de producción, el estimado de la
cosecha para 1935 era de 1 624 160 quintiles cortos, cifra que ascenderá hasta
1 945 200 en 1939 y descenderá a 1 804 554 quintiles en 1940. Esta contracción
refleja el impacto directo de la Segunda Guerra Mundial en los mercados
internacionales, particularmente en los tres principales mercados de destino
del algodón: Alemania, Gran Bretaña y Japón.
La distribución de mercados evidenció transformaciones críticas durante
el periodo. En 1935, Gran Bretaña concentró el 40,37 % de las exportaciones
algodoneras, Alemania el 33,39 %, Japón el 11,18 % y otros países el 15 %
restante. Esta configuración varió radicalmente hacia 1938, año en el cual la
participación británica aumentó al 57,11 %, mientras Alemania disminuyó al
25,36 % y Japón se redujo drásticamente al 1,8 %, acumulando otras naciones el
15,73 %. El escenario se reconfiguró nuevamente en 1940, cuando Alemania
desapareció del mercado, Gran Bretaña mantuvo el 45,31 %, Japón recuperó su
participación internacional con el 26,24 % y otras naciones alcanzaron el 28,45
%.
Frente a esta volatilidad comercial, los ingresos en soles de oro
experimentaron una contracción drástica. Entre 1937 y 1938 cayeron de 88 939
175 a 60 567 137, pese a la estabilidad del tipo de cambio y los precios
estables del algodón. La recuperación parcial en 1939, en 75 millones, fue
seguida por un nuevo descenso en 1940, alcanzando los 70 millones (sna, 1936,
1937, 1938, 1939, 1949, 1941). Esta doble caída reflejó la vulnerabilidad del
sector ante shocks geopolíticos, en los que la reconfiguración de
mercados superó los ajustes productivos internos.
La aparente estabilidad productiva del algodón entre 1935 y 1939, con un
aumento de 1,6 a 1,9 millones de quintales, encubría una peligrosa
concentración de mercados, pues el 73,76 % de las exportaciones dependía de
Gran Bretaña, Alemania y Japón. Esta dependencia provocó en 1938 una caída del
31,9 % en los ingresos, pese a la estabilidad de precios y tipo de cambio,
demostrando la sujeción del sector a factores exógenos. El colapso se agudizó
en 1940 cuando la desaparición de Alemania como comprador —sumado al descenso
productivo— forzó una redistribución reactiva hacia Japón y otros mercados.
Estos patrones revelaron tres debilidades estructurales: crecimiento sin
diversificación comercial, vulnerabilidad extrema a crisis internacionales y
falta de mecanismos de adaptación.
Desafíos sectoriales y acciones estratégicas
Las acciones del Comité Algodonero frente a los desafíos del período
1935-1941 revelan una estrategia coherente más allá de coyunturas aisladas.
Para comprender su rol como articulador entre la élite agrícola y el Estado,
este análisis agrupa sus intervenciones en cuatro dimensiones entrelazadas: la
gestión de crisis sanitarias, la negociación fiscal y regulatoria, la
adaptación a cambios en el mercado internacional y la defensa institucional del
gremio. Esta organización permite identificar cómo el Comité aprovechó su
composición multisectorial para convertir amenazas en agendas de acción
concretas, siempre priorizando la estabilidad inmediata del sector mediante un lobby
técnico y político sistemático.
Gestión de crisis sanitarias
La plaga de Dysdercus ruficollis
en 1935 evidenció la vulnerabilidad estructural del sector algodonero: con
pérdidas del 80 al 100 % en Huarmey y del 50 % en Nepeña y Casma (sna, 1936,
pp. 57-60), el Comité respondió con un enfoque técnico basado en evidencia. La
contratación del entomólogo Dr. J. Wille no solo diagnosticó la crisis, sino
que fundamentó las exigencias al Estado, su informe fue crucial para lograr
medidas como la prohibición de exportaciones por los puertos de Huacho y
Chancay para evitar la comercialización del algodón defectuoso (sna, 1936, pp.
72-73). Asimismo, influyó para que la Dirección de Agricultura brindara
recomendaciones sanitarias —como restringir el ganado en campos infestados—,
demostrando cómo la articulación entre pericia técnica y presión gremial podía
traducirse en políticas públicas concretas (sna, 1936, pp. 66-70).
Sin embargo, la reincidencia del gusano conocido como el “perforador de
la Bolivia” en 1938 generó un 15 % de daños en la cosecha de Chincha, situación
que expuso los límites en el control de plagas (sna, 1938, pp. 49-52). Frente a
este contexto, la respuesta estatal reveló un sesgo centralista crónico: la
prohibición de exportar semillas por el Callao, regulada por la Resolución
Suprema del 25 de febrero de 1938, priorizó a la industria aceitera limeña,
ignorando las pérdidas en Piura y Chincha. Esta medida, junto a la expansión de
cultivos obligatorios de alimentos —del 5 % al 10 % de tierras entre
1937-1940—, transfirió costos a los agricultores regionales mientras
beneficiaba a Lima, evidenciando una descoordinación entre seguridad
alimentaria nacional y sostenibilidad agraria local (sna, 1940, p. 69).
Frente a estas tensiones estructurales, el Comité adoptó una estrategia
dual de innovación y presión regulatoria: por un lado, promovió soluciones
técnicas como el uso de algodón de baja calidad en el embalaje —aprovechando
experiencias internacionales— para integrar a pequeños productores afectados
por limitaciones tecnológicas; por otro lado, ejerció presión formal exigiendo
flexibilidad en los cultivos obligatorios de alimentos (bajo la propuesta de
cosecha en lotes discontinuos) y demandando estadísticas oficiales que
justificaran dichas políticas (sna, 1939, p. 83). Si bien logró ajustes menores
en 1938 —como permitir lotes colindantes—, la profundización de las exigencias
en 1940 (elevación al 10 % de superficie cultivable para alimentos) confirmó que
el Estado subordinaba la rentabilidad algodonera a objetivos macroeconómicos
urbanos, marginando las necesidades regionales (sna, 1940, p. 69).
La culminación de este proceso fue la decisión estatal de 1941 de
prohibir importaciones de algodón desde Ecuador por el gusano rosado Pectinophora gossypiella (sna, 1941, p.
62). Esta medida, impulsada por el gremio pero
implementada por el Gobierno, reflejó un aprendizaje clave: el Comité había
logrado posicionar el control sanitario preventivo como prioridad nacional. No
obstante, su alcance seguía siendo reactivo, puesto que, mientras cerraba
fronteras a amenazas externas, seguían careciendo de influencia para revertir
políticas domésticas que profundizaban vulnerabilidades endémicas, como las
plagas recurrentes o el sesgo centralista en la distribución de recursos.
La negociación fiscal y regulatoria
El Comité Algodonero enfrentó desde 1935 cargas tributarias asimétricas,
destacando su oposición a la Ley 7904 de impuesto a la renta que gravaba al
sector con un 34 %, tasa significativamente superior al 9 % aplicado a bonistas
y al 17 % de otras industrias (sna, 1936, p. 117). Esta disparidad, denunciada
como “injusta situación tributaria para la agricultura” (sna, 1936, p. 112),
incrementó los costos operativos en un contexto ya crítico. Simultáneamente,
gestionó concesiones administrativas como la validación gratuita de los Libros
de Planillas, aunque sin aliviar la carga regulatoria subyacente (sna, 1936, p.
120).
Posteriormente, en 1937, el Comité documentó fallos en la clasificación
aduanera de variedades de algodón en la aduana de Paita, donde las categorías
“Alcala” y “Delfos” fueron erróneamente equiparadas a la variedad de menor
valor “Sakellaridis”. Respaldado por certificaciones técnicas de corredores
especializados, el Comité exigió precisión en la nomenclatura oficial y la
creación de una partida arancelaria específica para residuos que se equipare a
la tarifa Linter, argumentando daños a la competitividad internacional (sna,
1937, p. 56). En paralelo, el Comité impugnó la inclusión de utilidades
agrícolas en impuestos progresivos y rechazó el Reglamento del Seguro Social N°
8433 por considerar inequitativa la cuota del 4,5 % para hacendados (sna, 1937,
pp. 121-122).
Un avance institucional relevante ocurrió en junio de 1937, cuando el
decreto supremo otorgó al Comité un asiento permanente en el Consejo de Aguas
(sna, 1937, p. 96), siendo el agua el recurso más importante para el sector.
Esta participación permitió intervenir en conflictos como el de Casma, en el
cual defendió a 1600 pequeños agricultores frente a industriales de Chincha que
buscaban monopolizar el procesamiento de algodón, imponiendo traslados
onerosos. El gremio fundamentó su posición en la vulnerabilidad de los
productores ante sequías y prácticas abusivas.
Con el recrudecimiento de la Segunda Guerra Mundial, el Comité osciló
hacia soluciones financieras ante las nuevas regulaciones, como las
restricciones portuarias de 1939 y los cultivos obligatorios del 10 % de la
tierra de 1940. Para ello, negoció con
el Banco Agrícola préstamos garantizados con algodón desmotado con una tasa del
4 % y un tope máximo de 10 millones de soles de oro; además, solicitó revisar
derechos de exportación por incrementos en costos logísticos (sna, 1940, p.
59). Para el año de 1941, intensificó su crítica a la Ley 7904, denunciando
“doble tributación” por la suma de derechos de exportación e impuesto a
utilidades y señalando su impacto desproporcionado en el algodón y azúcar
comparado con otros sectores.
Aunque el Comité logró estabilizar aspectos operativos —como fijar un
impuesto de 0,305 dólares por algodón en la Resolución Suprema del 02 de Julio
de 1940 y mejorar condiciones crediticias—, no modificó el diseño regulatorio
que subordinaba la competitividad agroexportadora a objetivos fiscales y
urbanos. La persistencia de asimetrías tributarias y cargas laborales evidenció
los límites de su influencia frente a políticas estatales arraigadas.
Adaptación a cambios en el mercado internacional
El excedente global de algodón en 1939 —50 millones de pacas producidas
frente a 27 millones consumidas (sna, 1939, p. 53)— obligó al Comité a
priorizar la cooperación internacional. Ante la Conferencia Internacional
Algodonera de Washington convocada por Estados Unidos, Perú, como séptimo
productor mundial, apoyó acuerdos multilaterales para estabilizar precios en
consonancia con la primera propuesta de ee.uu,
descartando la segunda, que beneficiaba exclusivamente a sus agricultores. Esta
decisión reflejó un pragmatismo estratégico al ser conscientes de que sin
coordinación global el excedente ahogaría los mercados. Paralelamente, el
gremio diversificó su expertise técnica, contratando al entomólogo F. F.
Bibby, cuyas recomendaciones contrastaron con los enfoques previos de J. Wille,
evidenciando una búsqueda de soluciones innovadoras ante crisis complejas.
La creación de la Cámara Algodonera en febrero de 1939 institucionalizó
esta capacidad de respuesta. De sus siete fundadores (Daniel Olaechea,
Guillermo Salinas Cossio, Manuel Odriozola Graña, Alfredo Ferreyros, Manuel
Montero Bernales, R. P. Heye, Benito Lores), tres eran miembros activos de la
sna, fusionando influencia gremial con acción institucional. Sin embargo, el
estallido de la Segunda Guerra Mundial redefinió urgentemente las prioridades,
pues la pérdida del mercado alemán (33,39 % de exportaciones en 1935 a 0 % en
1940) forzó una reorientación comercial acelerada.
Frente a esta crisis, el Comité ejecutó una diplomacia corporativa
articulada. La designación de Pedro Beltrán como delegado comercial en ee. uu.
para negociar el acceso a mercados favoreció los intereses del gremio (sna,
1940, p. 58) y presionó al Estado peruano para revisar derechos de exportación,
argumentando el aumento de costos logísticos por la guerra (sna, 1940, p. 59);
esta coordinación fue vital ante las asimetrías del comercio internacional.
Mientras Egipto obtenía una cuota de 89 000 pacas en ee. uu., Perú solo accedía
a 4000 (sna, 1940, p. 59). Consciente de su desventaja, el gremio aceptó
propuestas de regulación, apoyando en la Conferencia Internacional Algodonera
la limitación de exportaciones basada en promedios históricos —una concesión adecuada
para asegurar presencia en mercados regulados—, pues reconocía que la
producción nacional había alcanzado su límite.
El balance final muestra logros parciales en un escenario adverso. La
inclusión de Guillermo Salinas Cossio en la comisión peruana ante la Misión
Comercial Británica (1941) consolidó la representación gremial en negociaciones
clave. Sin embargo, ni la diplomacia activa ni los acuerdos multilaterales
compensaron la pérdida del mercado alemán ni superaron la marginalidad peruana
en el sistema de cuotas estadounidense. La creación de la Cámara Algodonera, no
obstante, estableció una institucionalidad duradera que trascendió la coyuntura
bélica, posicionando al gremio como interlocutor formal en la política
comercial exterior del Perú.
Defensa institucional y legitimación del gremio
En 1940 la SNA enfrentó críticas públicas del Senado y del diario El
Comercio, los cuales cuestionaron su representatividad al señalar su
dependencia financiera de agricultores serranos. El Comité Algodonero respondió
documentando el origen de sus fondos: el 90 % procedía de la actividad
algodenera y azucarera. Esta evidencia desmintió las acusaciones y subrayó
discursivamente que “el grueso de sus erogaciones se origina en la costa” (SNA,
1940, p. 109).
Para legitimar su rol, el gremio articuló un discurso basado en dos
pilares: primero, enfatizó el uso de recursos para el beneficio general,
independiente del origen geográfico o sectorial, citando contribuciones en
investigación sanitaria, defensa de pequeños productores y negociaciones
internacionales; segundo, justificó su focalización en el algodón al
catalogarlo como “principal riqueza agrícola”, argumentando su impacto en la
balanza comercial nacional. Esta defensa tuvo efectos institucionales concretos.
La refutación sistemática de las críticas consolidó a la SNA como interlocutor
válido ante el Estado, facilitando su participación en políticas posteriores
como la reforma crediticia del Banco Agrícola (1941). Al vincular sus intereses
sectoriales con el bienestar nacional, el gremio neutralizó cuestionamientos sobre
centralismo sin ceder espacios de influencia.
La acumulación de desafíos entre 1935 y 1941 (plagas, presión fiscal,
volatilidad bélica y cuestionamientos institucionales) puso a prueba la
capacidad del Comité Algodonero para articular los intereses de la élite
agroexportadora con las políticas estatales. Los resultados de esta
articulación, examinados a lo largo de los cuatro ejes, revelan lecciones
estructurales sobre el poder gremial en economías dependientes de commodities,
que se sintetizan en las siguientes conclusiones.
Conclusiones
El Comité Algodonero de la SNA demostró una capacidad estratégica
excepcional para articular los intereses del sector entre 1935 y 1941. Frente a
crisis conexas (depresión económica, plagas recurrentes y disrupciones
bélicas), desplegó múltiples estrategias al combinar adaptación técnica (como
la contratación de entomólogos o soluciones innovadoras como el uso de algodón
de baja calidad en embalajes), negociación política intensiva (lobby
contra la Ley 7904 de impuestos, las regulaciones laborales y los cultivos
obligatorios) e integración internacional proactiva (evidenciada en la
participación en la Conferencia de Washington y en la designación de delegados
comerciales en
EE. UU.). Esta triple estrategia priorizó sistemáticamente la estabilidad
inmediata del sector.
La composición del Comité reflejó la naturaleza de la élite
agroexportadora costeña: terratenientes como Aspíllaga y Cillóniz, agentes
transnacionales como Billwiller y políticos como Moreyra Paz Soldán crearon una
red de influencia multisectorial. Sin embargo, esta diversidad no superó
limitaciones estructurales. La rigidez de políticas estatales —como el sesgo
centralista que priorizaba la industria limeña o el diseño tributario
asimétrico— y la dependencia de mercados volátiles expusieron la vulnerabilidad
del modelo agroexportador. La marginalidad peruana en cadenas globales se
evidenció en cuotas mínimas en
EE. UU., pese a esfuerzos diplomáticos.
Un logro subestimado fue la construcción de legitimidad institucional.
La defensa pública de 1940 ante críticas del Senado y del diario El Comercio
trascendió el impasse momentáneo. Al
vincular sus intereses con el “beneficio general” (SNA, 1940, p. 109) y
posicionar al algodón como “principal riqueza agrícola”, el gremio naturalizó
su influencia en políticas públicas, consolidándose como interlocutor
necesario.
No obstante, su eficacia se circunscribió a la mitigación de la crisis.
No alteró la dependencia estructural de commodities sujetos a
volatilidad externa, ni transformó políticas estatales de fondo que
subordinaban el agro a objetivos urbanos. Este caso revela que los gremios
agroexportadores en economías periféricas operan como articuladores hábiles en
la gestión táctica de crisis, pero su capacidad para impulsar cambios
sistémicos está constreñida por dinámicas de poder que trascienden lo
sectorial. La sna aseguró la supervivencia del sector en uno de los momentos
más álgidos del inicio del siglo xx, pero no rediseñó su modelo de desarrollo.
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