productividad, la Corona realizó devaluaciones o cambios en la paridad
entre el oro y la plata. Entre las regulaciones que impuso se prohibió la
acuñación de oro en el Nuevo Mundo (Friede, 1963, p. 104) y a finales del
siglo XVI se cambió el contenido en maravedíes del peso de oro de 22, 5
kilates de 450 maravedíes a 556 maravedíes (Tovar Pinzón, 1999, pp. 58-59)
e incrementó hasta los 586 maravedíes en el siglo XVII (Tovar Pinzón, 2000,
p. 247). Según Juan Friede (1963), en el Nuevo Reino de Granada el oro
circulaba en polvo o en piezas de oro acuñadas por las fundiciones reales,
pero eso no solucionaban las enormes dificultades que representaba el
manejar una multiplicidad de denominaciones monetarias con metales de
diversas calidades que representaban complicados cálculos y una ventana
de oportunidad para defraudar a la Real Hacienda a finales del siglo XVI y
principios del XVII (pp. 6-12).
Incluso, el establecimiento de una casa de la moneda para el Nuevo
Reino fue un proceso que empezó a finales del siglo XVI y que solo se hizo
prioritario tras un escandaloso caso de falsificación de moneda de plata en
Santafé en 1614, en el que se hicieron pasar aleaciones de cobre, plomo y
estaño como monedas de oro y plata con sellos reales falsos (Friede, 1963,
p. 9). La gravedad del asunto propició el envío de Alonso Trujillo de Yebra
para establecer una casa de moneda en el Nuevo Reino, la cual obtuvo la
primera licencia para acuñar moneda de oro en las Indias en 1618, proceso
que al final culminó con la puesta en funcionamiento de la Casa de la
Moneda de Santafé en 1627 (Henao Jaramillo, 2015, pp. 315-317). De hecho,
las cecas más antiguas, ubicadas en México y Lima, no obtuvieron esta
licencia y empezaron a acuñar moneda de oro regularmente hasta 1679 y
1696, respectivamente, según cifra de Guillermo Céspedes del Castillo
(1996).
En ese sentido, se plantea un análisis en medio de dos perspectivas o
debates: el primero, relacionado al grado de monetización y al papel del
mercado en la economía colonial; y el segundo, el peso de la Iglesia en la
economía rural en la época colonial. En ambos casos, la literatura se ha
centrado en el siglo XVIII como época de mayor crecimiento económico en
el tránsito hacia la modernidad en el mundo occidental. De esta manera, el
análisis de los medios de pago en un mercado específico como el de la
propiedad agrícola en los términos de Santafé en el siglo XVII ofrece un
espacio privilegiado para entender ambos fenómenos en un período