Fecha de recepcn: 15 de enero de 2024
Fecha de aceptación: 11 de junio de 2024
Disponible en línea: 9 de octubre de 2024
Vol. 11 N.° 2
Julio Diciembre del 2024
pp. 1- 36
H I S T O R I A E C O N Ó M I C A , E M P R E S A R I A L Y D E L P E N S A M I E N T O
TIEMPO & ECONOMÍA
Sugerencia de citación: Riaño Jurado, C.
S. (2024). Cambio monetario y
penetración del capital eclesiástico en la
economía agraria.
Los términos de Santafé, 1610-1660.
tiempo&economía, 11(2), 1-36.
https://doi.org/10.21789/24222704.2063
DOI:
https://doi.org/10.21789/
24222704.2063
Cambio monetario y
penetración del capital
eclesiástico en
la economía agraria.
Los
términos
de Santafé,
1610-1660
Monetary Change and Penetration of the
Ecclesiastical Capital in
the Agrarian Economy.
The terminos of Santafé, 1610-1660
Cristhian Sebastián Riaño Jurado
cristhiansrj@gmail.com
RESUMEN
En este artículo se realizará un análisis cuantitativo de una muestra de
165 ventas ocurridas en los términos de Santafé de Bogotá entre 1610-1660,
los 50 años con la mayor cantidad de transacciones de tierra para el siglo
XVII. Esta investigación se centrará en los medios de pago empleados en
estas transacciones de carácter monetario y crediticio: el censo redimible.
La información recolectada sugiere la existencia de un período de
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regularización monetaria que posibilitó el uso del censo redimible para el
financiamiento de empresas agrícolas, el cual paralelamente dio lugar a la
transferencia de rentas monetarias a favor de instituciones eclesiásticas y
particulares. Entender este proceso de imposición del censo redimible
permitirá comprender mejor el peso económico de la Iglesia y el grado de
monetización de las economías agrícolas de la época colonial.
Palabras clave: Mercado de tierra; censo redimible; moneda; historia
económica.
Códigos JEL: F10, N01, N16
ABSTRACT
This article is a quantitative analysis of a sample of 165 sales that took
place in the terms of Santafé de Bogotá between 1610 and 1660, the 50
years with the greatest number of land transactions in the 17th century. This
research focuses on the means of payment used in these monetary and
credit transactions: The redeemable census. The information collected
suggests the existence of a period of monetary regularization that made it
possible to use the redeemable census to finance agricultural enterprises.
At the same time, the redeemable census gave rise to the transfer of
monetary income in favor of ecclesiastical institutions and individuals.
Understanding this process of imposition of the redeemable census allows
us to better appreciate the economic weight of the Church and the degree
of monetization of the agricultural economies during the colony.
Keywords: Land market; Redeemable census; Currency; Economic
history.
JEL Codes: F10, N01, N16
Cambio monetario y penetración del capital eclesiástico en la economía
agraria. Los términos de Santafé, 1610-1660
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Introducción
Acontece pues que dan a censo sus principales a los vecinos, a honesto
logro de cinco por ciento, con hipoteca de la casa o haciendo que tienen; y
si pasado algún tiempo sin pagar los intereses son ejecutados por ellos y el
principal, se vende la finca hipotecada, con que viene a quedar por del
convento; con que es rarísima la casa, fundo o heredad que no tenga
sobre si un principal equivalente a su precio; de suerte que los dueños
vienen a trabajar para pagar réditos de los conventos sin que les quede
con que sustentarse; y poco a poco se han hecho eclesiásticos todos los
raíces de calidad, que apenas se contará casa o hacienda que no sea
tributaria de eclesiástico, pues la que no los es a algún convento los es a
un clérigo secular, por tener allí fundada su capellanía
(Germán Colmenares, 1989, pp. 37-38).
Esto escribió el presidente de la Audiencia Antonio Manso a principios
del siglo XVIII en una de las primeras relaciones de mando realizadas por los
gobernantes de la Nueva Granada. Para el funcionario real, una de las
grandes razones de la pobreza del Nuevo Reino de Granada eran las
enormes rentas retenidas por el clero por medio de los censos redimibles,
causados por el exagerado sentimiento pío y religioso de los habitantes de
este lejano rincón de las Indias. En general, las relaciones de mando
posteriores coinciden en el enorme peso económico del capital eclesiástico
en este territorio para la segunda mitad del siglo XVIII o, al menos, en torno
a la capital del Nuevo Reino.
Para conocer mejor el origen de esta práctica y la penetración de la
institucionalidad eclesiástica en la economía neogranadina, en este artículo
se realizará un análisis cuantitativo de los medios de pago empleados en
una muestra de 165 ventas de tierra localizadas en los términos de Santafé
entre 1610-1660, las cuales reposan en el fondo Notarías 1, 2 y 3 del Archivo
General de la Nación. Se demostrará que a principios del siglo XVII la
homogeneización de la moneda de cuenta en el Nuevo Reino con la
imposición del peso de 8 reales (patacones), la regularización de los
derechos de propiedad sobre la tierra y la turbulenta dinámica demográfica
dieron lugar a una crisis de rentabilidad de las primeras empresas agrícolas
que incentivó el uso de censos redimibles para financiar las actividades
agrícolas. El otorgamiento de estos créditos permitió la captación de rentas
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líquidas de las explotaciones agrarias en torno a la capital del Nuevo Reino
de Granada, donde debieron orientar su producción a los mercados de
bienes agrícolas para pagar los réditos (intereses) de los censos que habían
tomado.
Figura 1. Los términos de Santafé en el siglo XVII.
Nota. Elaboración propia y diagramación de Jhon Freddy Valbuena a partir de Archivo
General de la Nación, Notaría 1 de Bogotá, tomos 31-46II, 48, 50, 52-55; Archivo General de
la Nación, Notaría 2 de Bogotá, tomo 53; Archivo General de la Nación, Notaría 3 de Bogotá,
tomos 5, 9, 12, 16, 19, 23, 24, 29, 33, 36, 43, 57; Biblioteca Luis Ángel Arango, Archivo Juan
Carrasquilla Botero, Cajas 2-4, 6, 7, 9-13; y Luque Torres (2005).
En el siglo XVII muchas de las estructuras e instituciones coloniales eran
relativamente jóvenes y, de una u otra manera, débiles y poco consistentes.
Como lo muestra Jorge Ivan Marín Taborda (2021), aunque la Real
Audiencia de Santafé se había establecido a mediados del siglo XVI, pocos
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AGN, Notaría 1, 60, ff. 344r-345v.
años después de la llegada de las huestes españolas a la sabana de Bogotá,
la Audiencia solo logró ejercer un poder efectivo en su jurisdicción hasta
finales del siglo. Entre 1590 y 1620 se establecieron los resguardos y los
corregimientos como respuesta a la caída vertical de la población indígena
para gestionar la demanda de mano de obra de esta comunidad, al mismo
tiempo que brindaban una forma de ordenamiento territorial para el
ejercicio del poder político sobre la población, como lo muestra Martha
Herrera Ángel (2014). En realidad, la definición de los resguardos hizo parte
de un proceso de regulación de los derechos de propiedad sobre la tierra en
el Nuevo Reino, el cual en la república de españoles se expresó en las
composiciones y las mercedes de tierra.
En contraposición a las propuestas de Juan Villamarín (1972), en la
sabana de Bogotá, y por extensión en los términos de Santafé, las mercedes
de tierra se siguieron otorgando hasta la década de 1620 por el presidente
Juan de Borja1. Este proceso provocó la constitución de un espacio, que aquí
llamaremos los términos de Santafé, en torno a la ciudad, donde los
diversos regímenes de propiedad colectivos (resguardos y ejidos) y privados
(estancias y el mayorazgo) coexistían. Como resultado de aquellos
procesos, los resguardos, el río Bogotá y los cerros Orientales dieron forma
a un perímetro de tierras de forma irregular que encerraba un espacio de
propiedades privadas en la esfera española que podían ser intercambiadas
en el mercado y que constituyen el objeto de estudio de este artículo (ver
mapa 1). En general, existe una bibliografía fragmentaria sobre el mercado
de tierras en el Nuevo Reino de Granada y, por extensión, en los términos
de Santafé.
Respecto a la moneda, los trabajos de Hermes Tovar Pinzón (2023) y
Juan Friede (1963) ofrecen las mayores luces al respecto. El descubrimiento
de América motivó una rápida reforma monetaria que buscó eludir el
mercado de metales europeo y evitar la fuga de España estableciendo tipos
de moneda, equivalencias, grados de pureza, denominaciones y demás
entre la Península y el Nuevo Mundo (Tovar Pinzón, 2023, pp. 215-222).
Posteriormente, y dependiendo de la dinámica de la producción minera por
cuenta del descubrimiento de nuevos yacimientos y mejoras en la
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productividad, la Corona realizó devaluaciones o cambios en la paridad
entre el oro y la plata. Entre las regulaciones que impuso se prohibió la
acuñación de oro en el Nuevo Mundo (Friede, 1963, p. 104) y a finales del
siglo XVI se cambió el contenido en maravedíes del peso de oro de 22, 5
kilates de 450 maravedíes a 556 maravedíes (Tovar Pinzón, 1999, pp. 58-59)
e incrementó hasta los 586 maravedíes en el siglo XVII (Tovar Pinzón, 2000,
p. 247). Según Juan Friede (1963), en el Nuevo Reino de Granada el oro
circulaba en polvo o en piezas de oro acuñadas por las fundiciones reales,
pero eso no solucionaban las enormes dificultades que representaba el
manejar una multiplicidad de denominaciones monetarias con metales de
diversas calidades que representaban complicados cálculos y una ventana
de oportunidad para defraudar a la Real Hacienda a finales del siglo XVI y
principios del XVII (pp. 6-12).
Incluso, el establecimiento de una casa de la moneda para el Nuevo
Reino fue un proceso que empezó a finales del siglo XVI y que solo se hizo
prioritario tras un escandaloso caso de falsificación de moneda de plata en
Santafé en 1614, en el que se hicieron pasar aleaciones de cobre, plomo y
estaño como monedas de oro y plata con sellos reales falsos (Friede, 1963,
p. 9). La gravedad del asunto propició el envío de Alonso Trujillo de Yebra
para establecer una casa de moneda en el Nuevo Reino, la cual obtuvo la
primera licencia para acuñar moneda de oro en las Indias en 1618, proceso
que al final culminó con la puesta en funcionamiento de la Casa de la
Moneda de Santafé en 1627 (Henao Jaramillo, 2015, pp. 315-317). De hecho,
las cecas más antiguas, ubicadas en México y Lima, no obtuvieron esta
licencia y empezaron a acuñar moneda de oro regularmente hasta 1679 y
1696, respectivamente, según cifra de Guillermo spedes del Castillo
(1996).
En ese sentido, se plantea un análisis en medio de dos perspectivas o
debates: el primero, relacionado al grado de monetización y al papel del
mercado en la economía colonial; y el segundo, el peso de la Iglesia en la
economía rural en la época colonial. En ambos casos, la literatura se ha
centrado en el siglo XVIII como época de mayor crecimiento económico en
el tránsito hacia la modernidad en el mundo occidental. De esta manera, el
análisis de los medios de pago en un mercado específico como el de la
propiedad agrícola en los términos de Santafé en el siglo XVII ofrece un
espacio privilegiado para entender ambos fenómenos en un período
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descuidado por la historiografía a pesar de su importancia en las
instituciones coloniales que mantuvieron unida la monarquía hispánica
hasta su colapso dos siglos después, todo en un contexto en el que la plata
americana jugó un papel crucial en la formación del sistema-mundo
capitalista en desarrollo desde el siglo XVI.
En un extremo están aquellas perspectivas más tradicionales, como la
de German Colmenares (1997), que veían la economía neogranadina como
poco monetizada, con una fuerte tendencia hacia economías regionales
aisladas y con una fuerte economía natural. Esta interpretación se alinea
con aquellas perspectivas más generales que vieron en la economía
monetaria un elemento marginal en el conjunto de la actividad productiva
colonial, como la expresada por Ruggiero Romano (1993, 1998, 2004). Estas
perspectivas han tenido eco en visiones regionales, como en el caso del
Cauca en el siglo XVIII, donde resaltaron muy poca circulación derivada de la
integración vertical de las actividades mineras, agropecuarias y comerciales
materializadas en el “entable” propuesto por Guido Barona (1995).
En el medio existen otras interpretaciones que atribuyen a mercados
específicos un papel articulador de grandes espacios geográficos, como en
los trabajos de Carlos Sempat Assadourian (1982) y Heraclio Bonilla (2017)
para los casos de Potosí y Mariquita respectivamente en el siglo XVII. Si bien
ambos reconocen en el mercado una poderosa fuerza económica, ambos
hacen hincapié en el carácter coactivo de varias instituciones económicas
para la época, como la mita o el concertaje indígena. En ese sentido, sus
interpretaciones no ponen al mercado en el centro de sus interpretaciones,
sino que pasa a ser solo una institución económica entre muchas otras, sin
mencionar que el mercado no necesariamente se encuentra en el centro de
sus intereses investigativos.
Más recientemente, se ha ido viendo una fuerte renovación
historiográfica que da mayor protagonismo al mercado y su peso en la
dinámica económica colonial señalando altos grados de monetización en
las relaciones económicas coloniales desde la segunda mitad del siglo XVIII,
en la cual resaltan los trabajos de James Torres (2013, 2014). Si bien no es
posible afirmar que exista un debate abierto respecto al lugar de la moneda
en la economía colonial que abarque todo este período, es evidente que
existe una fuerte concentración de la bibliografía a finales del siglo XVIII, con
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la cual se ha logrado demostrar la existencia de una sociedad altamente
monetizada en el ocaso del Imperio español en América.
Respecto al crédito, en la época colonial este adquir la forma de
censos, mediante los cuales un censuario (el prestamista) obtiene el
derecho a un dito anual por la entrega de un dinero o cosa a un censualista
(el deudor). La responsabilidad de pagar el crédito está sujeta al bien
entregado, es decir al propietario, y los intereses, conocidos como réditos,
llegaban máximo al 5 % anual (Ferreira Esparza, 1999). Las extensiones de
tierra estaban sujetas al censo enfitéutico o redimible, que consistía en el
adelanto de una cantidad de dinero en efectivo por parte de un censuario al
censualista, gravando un bien mueble o inmueble sobre el cual el
prestamista adquiría el derecho a percibir un rédito. Sin embargo, el
propietario del bien gravado podía venderlo a un tercero y la
responsabilidad del pago del rédito recaía sobre el comprador del bien en
cuestión; no necesariamente el censo debía cubrir el valor íntegro de la
propiedad, sino que también podía ser sobre una fracción de este y en la
venta el comprador solo pagaba el excedente del valor que no estaba
gravado. Cuando el censo cubría el precio total del bien, el vendedor solo lo
entregaba al comprador, quien debía seguir pagando el rédito o levantarlo
pagando el monto original de la deuda. En ese sentido, los bienes
inmuebles se volvían bienes ideales para estas operaciones gracias a su
permanencia en el tiempo.
Asociadas a la circulación monetaria y la intermediación financiera, en
la época colonial las instituciones eclesiásticas ocupan un lugar central
como principales prestamistas. En ese sentido, son particularmente
influyentes las interpretaciones de Germán Colmenares sobre el papel de
las instituciones religiosas en la época colonial, considerándolas
“instituciones crediticias con ropajes canónicos” (Colmenares, 1974, p. 104).
Respecto a los censos, Colmenares plantea un modelo interpretativo
dotado de cierta flexibilidad atribuyéndole al crédito colonial una capacidad
de impulso o lastre para la actividad económica, aunque sus
consideraciones se extienden hasta ya bien entrado el siglo XIX debido a su
interés sobre el proceso de desamortización de bienes de manos muertas
de ese siglo.
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Por norma general, los acercamientos a los censos redimibles en el
siglo XVII se encuentran centrados en su papel como mecanismos de
financiamiento de los conventos y corporaciones religiosas que solían
otorgarlos. Para el caso de Santafé, el libro de Constanza Toquica Clavijo
(2008) estudia desde el concepto de “economía espiritual” de Asunción
Lavrin (1986) el lugar de los censos en funcionamiento económico del
Convento de Santa Clara entre los siglos XVII y XVIII. Para el siglo XVII, Toquica
Clavijo logró identificar una fuerte tendencia rentista por parte de esta
institución, con el objetivo de tercerizar los riesgos de una inversión
potencialmente ruinosa, como la actividad agropecuaria, para la época. Esa
lógica económica se veía claramente con la perpetuidad de los censos
otorgados, es decir, eran otorgados sin una fecha definida para su
redención.
Ya en el siglo XVIII para Santafé resaltan los trabajos de Amanda Ortiz
(2016), Juan David Cascavita (2016) y James Torres (2014), centrados en un
análisis del censo redimible desde una perspectiva de mercado crediticio en
el siglo XVIII. Todos demuestran la existencia de un importante margen de
competitividad que no es menos visible al centrarse en las actividades de
instituciones eclesiásticas particulares, además de resaltar la existencia de
prestamistas particulares. En ese sentido, estos textos exponen una amplia
diversidad de condiciones de pago y tasas de interés más allá de la
perspectiva un tanto rígida del censo como una esfera eminentemente
eclesiástica y unida al sector agrario, por lo menos para el siglo XVIII.
Asimismo, existe una amplia variabilidad de trabajos respecto al lugar
de los censos redimibles en las economías regionales, como los trabajos de
Jesús Bohórquez Barrera (2007) en Girón y Juan Sebastián Marulanda
Restrepo (2013) en Antioquia. En ambas regiones, la adquisición de censos
redimibles es un elemento relativamente ambiguo, debido a que se vuelven
un instrumento generalizado en un contexto económico positivo, pero que
guardaban en su interior el potencial de hacer menos rentable cualquier
actividad económica, como cualquier crédito en la actualidad. Hasta ahora
el trabajo más sugerente es el de Juan Manuel Robayo Avendaño (1995),
quien analiza las compraventas de tierra en torno a la actual capital
boyacense e identifica el nivel de influencia o exacciones económicas de las
instituciones en el sector agrícola. Robayo Avendaño examinó los
protocolos de venta y de imposición de censos redimibles en las notarías y
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algunos archivos parroquiales de Boyacá y al sistematizarlos logró
determinar que el poder y riqueza de la Iglesia en esa región del altiplano
cundiboyacense provenía de los múltiples censos y capellanías impuestos
sobre las haciendas de esa región a finales del siglo XVIII.
Para el caso particular de la sabana de Bogotá ha existido
relativamente poco interés por los cambios en la estructura de la propiedad
y su relación con la economía monetaria, debido al fuerte interés que ha
existido en la historiografía colombiana por conocer el funcionamiento
interno de las haciendas y estancias. Este interés ha dado lugar a lecturas
relativamente sofisticadas que han llegado a pensar el problema desde una
perspectiva institucionalista, como la presentada por Luis Eduardo Fajardo
et al. (2003).
Respecto a los términos de Santa, existe una importante precisión en
torno a los cambios en la estructura de la propiedad desde la época colonial
hasta la actualidad gracias a los trabajos de Juan Carrasquilla Botero (1989)
y Santiago Luque Torres (2005). Sin embargo, a pesar de esta precisión son
pocos los trabajos que se han preocupado por el mercado de tierras en esta
área para la época colonial. Un buen ejemplo son algunas líneas y gráficas
presentadas por Fabio Puyo Vasco y Julián Vargas Lesmes (1988), quienes
constataron que el período con mayor número de ventas de tierra en los
términos de Bogotá se dio entre 1610 y 1660, período en el cual se centra
esta investigación. Asimismo, trabajos recientes como el de Constanza
Castro Benavides (2022) sobre el desmembramiento de los ejidos en el siglo
XVIII muestran el papel central del censo redimible en el proceso de
privatización de esas tierras y es una clara muestra del interés que empieza
a despertar nuevamente la historia de la propiedad en la época colonial. Lo
anterior es más evidente en el trabajo de Álvaro Orozco Álvarez (2023)
sobre el mercado de tierras en Cali en las últimas cuatro décadas de la época
colonial, en el cual se logra demostrar la existencia de un mercado de tierras
importante en el Valle del Cauca, dinámico y que funcionaba a la par con
diversas prácticas formales e informales para mantener la integridad de
empresas agrícolas rentables junto a la proliferación de diversas formas de
dominio y uso de suelo.
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Cuestión de proporciones y tiempo
En las escribanías de la ciudad de Santafé reposan numerosos
protocolos que dan cuenta del movimiento del universo social del Nuevo
Reino de Granada en la época colonial (ventas, contratos, dotes, autos,
poderes, etc.). Las ventas de tierra o de cualquier propiedad eran llamadas
“cartas de venta” y solían incluir el nombre del vendedor y el comprador,
una descripción de la propiedad con sus linderos, el precio, el medio de pago
y la especie monetaria que utilizaron para realizar el intercambio.
En primer lugar, se encuentra el pago a satisfacción en metálico del
valor íntegro de la propiedad, es decir, dinero contante y sonante por parte
del comprador que a veces era entregado en presencia del escribano. En
contadas ocasiones se dieron casos en los que el comprador se
comprometía a pagar en un plazo de determinado tiempo el monto total de
la propiedad, pero en estos casos seguramente existieron relaciones
interpersonales marcadas por la confianza. Por otro lado, se encuentran
aquellas ventas que implican el reconocimiento de un censo redimible
sobre una fracción del valor total de la propiedad que busca adquirir el
comprador, lo que implica el pago del valor restante en metálico a
satisfacción del vendedor. Por último, están aquellas ventas en las que el
valor del censo redimible pesa sobre la totalidad del precio de la propiedad,
en cuyo caso el vendedor simplemente entrega la propiedad al comprador
bajo el compromiso de continuar pagando el rédito anual del censo a
“veinte maravedíes el millar”, una expresión que indica que el rédito anual
es equivalente al 5 % del monto del préstamo. Junto a estas modalidades
de pago se encuentran aquellas en las que se utilizaron mercancías o casas
para la compra de una propiedad, básicamente una permuta.
Para realizar una caracterización del mercado de tierras en la época se
organizó el número según el medio de pago utilizado por parte del
comprador, como aparece en la tabla 1, en la que se observa el número de
transacciones y su proporción sobre el total.
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2
Cabe aclarar que para el año 1621 no es claro el medio de pago de la venta de Iñigo Alviz a Bernabé Jimeno de Bohórquez, en su momento
canónigo de la iglesia de la Catedral de Santafé, de una propiedad en cercanías al pueblo de Bosa y al río Tunjuelo por la suma de 1500 pesos
Tabla 1. Número de transacciones según su medio de pago.
Forma de pago
Número
Proporción
Recibidos a
Satisfacción
100
60,6 %
Censo redimible
32
19,4 %
Parte al contado y
parte a censo
25
15,1 %
pago a plazos
6
3,7 %
Especie
1
0,6 %
No es claro
1
0,6 %
Total
165
100 %
Nota. Elaboración propia a partir de AGN, fondo Notarías y Biblioteca Luis Ángel
Arango, sala de Libros Raros y Manuscritos, archivo Juan Carrasquilla Botero.
Como puede observarse en la tabla 1, hubo un fuerte predominio del
pago al contado y le sigue la combinación del pago de una parte al contado
y otra con reconocimiento de un censo redimible. En este punto es
interesante observar cómo en el 34,5 % del total de las transacciones estuvo
presente un censo redimible, una situación similar a la estudiada para el
caso de Tunja en el siglo XVIII por Robayo Avendaño (1995). Por último, el
pago a plazos es una salida mucho menos frecuente, aunque en principio
mucho más provechosa para ambas partes o, en su defecto, el pago a
plazos con intereses.
Si bien la tabla 1 ayuda a establecer ciertas tendencias globales que
permiten empezar a lanzar alguna hipótesis, es necesaria la inclusión de la
variable tiempo, como puede apreciarse en la figura 2. En ella se aprecia la
distribución de las ventas según el medio de pago empleado a lo largo de
los 50 años en cuestión, con la línea de tendencia en aquellas ventas en las
que se declara que la suma en pesos fue “recibidos a satisfacción”. En la
figura 2 es evidente la existencia de dos subperíodos demarcados por el uso
de metálico en efectivo para las compraventas entre 1610 y 1634,2 en
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de 20 quilates, que equivalen a 2887 pesos 2 reales de plata (AGN, Notaría 1, 37, ff. 22r-24v), una suma más que considerable para la época. .
contraposición al uso predominante o combinado del censo redimible entre
1634 hasta 1660.
Figura 2. Ventas de tierra según su medio de pago.
Nota. Elaboración propia a partir de AGN, fondo Notarías y Biblioteca Luis Ángel
Arango, sala de Libros Raros y Manuscritos, archivo Juan Carrasquilla Botero.
Por otro lado, la figura 3 muestra cómo a principios del siglo XVII existió
un fuerte proceso de transferencia de la propiedad en los términos por parte
de personas con caudal suficiente como para adquirirlas sin necesidad de
contraer una deuda. De forma paralela, es visible la penetración paulatina
de los censos redimibles en el mercado de tierras. Este fenómeno estaría
indicando la aparición de una capa de la sociedad santafereña que empezó
a captar importantes rentas líquidas del sector agrícola en la primera mitad
del siglo XVII. Nuevamente, es apreciable un predominio inicial del pago al
contado en las operaciones, el cual poco a poco va compartiendo más
espacio con transacciones en las que se entregan propiedades parcial o
completamente gravadas con un censo redimible. Posteriormente en la
3
1
5 5
23
6
2
7
4 4
2
4 4 3 3 2
43 3 23
121 1 1 1 1 1 2
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1
1
1
12 2 1
2
1232 2 1
1
2
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1614
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1630
1632
1634
1636
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1642
1644
1646
1648
1650
1652
1654
1656
1658
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Ventas de tierra según su medio de pago
Recibidos a satisfaccion Censo redimible pago a plazos Especie y otros Contado y censo
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década 1640 el mero de propiedades entregadas a censo redimible
supera las compradas al contado, y ya para la última década (estirada un
año) se aprecia un repunte en las propiedades pagadas con recursos
líquidos. No es que los censos redimibles fueran algo novedoso en el siglo
XVII, pues ya eran empleados a los pocos años de la conquista, pero estas
solían pesar sobre propiedades urbanas. Precisamente con la regulación de
los derechos de propiedad en el mundo rural, estos bienes pueden entrar al
mercado y ser gravados; por lo contrario, dentro del casco urbano de la
ciudad el censo redimible fue un instrumento que empezó a emplearse
tempranamente en el siglo XVI, luego de la conquista, para generalizarse a
finales de siglo (Mejía Pavony, 2012, p. 234).
Figura 3. Transacciones según su forma de pago organizadas por
décadas, 1610-1660
Nota. Elaboración propia a partir de AGN, fondo Notarías y Biblioteca Luis Ángel
Arango, sala de Libros Raros y Manuscritos, archivo Juan Carrasquilla Botero.
0
5
10
15
20
25
30
35
40
1610-1619 1620-1629 1630-1639 1640-1649 1650-1660
Transacciones según su forma de pago organizadas por
décadas, 1610-1660
Recibidos a satisfaccion Censo redimible Censo y pago a plazos Especie Contado y censo
Cambio monetario y penetración del capital eclesiástico en la economía
agraria. Los términos de Santafé, 1610-1660
Cristhian Sebastián Riaño Jurado
15
3
AGN, Notaría 3, 9, ff. 257v-259r.
4
AGN, Notaría 1, 43, ff. 67r- 68r.
Entre el oro y la plata
En total hubo 16 ventas en las que se utilizó metal amarillo en la
transacción y, a pesar del mayor valor del oro, en realidad los sobresaltos
en el valor no parecían afectar de manera apreciable el monto total de las
propiedades transadas. En su gran mayoría se empleó “oro corriente”, es
decir, de 13 quilates. En conjunto estas ventas equivalieron a 10 663 pesos 7
reales y 3 cuartillos de plata de 13 reales. Un ejemplo de esto fue la venta
del 26 de noviembre de 1619 por parte de Juan Rodríguez de León, en la que
fungió como empoderado Juan de Tordesillas, al colegio de la Compañía de
Jesús. En esta venta se le entregó al colegio un pedazo de tierra por un valor
de 900 pesos de oro de 20 quilates, ubicado junto al resguardo de Bosa y al
río Tunjuelo y que lindaba con la merced de tierras de Juan de Céspedes, es
decir, en el extremo suroccidental de nuestra área de estudio.3 Estos 900
pesos equivalieron a 1384 pesos 4 tomines y 11 granos en pesos de oro de
13 quilates, es decir, 1732 pesos 2 reales y 3 cuartillos de plata de 8 reales o
patacones. Por norma general, estas primeras ventas que emplearon el oro
como medio de intercambio implicaron el pago en efectivo por parte del
comprador.
Por el contrario, solo se registró una venta mediante censo redimible
en 1613, acaecida el 20 de julio, cuando Juan Francisco de Ardila entregó
una estancia de pan y ganado menor a Manuel de Limas, ubicados en el
valle del río Tunjuelo, por un valor de 300 pesos de 13 quilates de oro, que
equivalieron a 377 pesos 2 reales y 2 cuartillos de plata y que generaron un
rédito de 15 tomines anuales. Lamentablemente, el estado del documento
impidió conocer el nombre del particular o la institución que tenía ese censo
a su favor.4
Hacia la década de 1620 el uso del oro como moneda de cuenta en las
compraventas empieza a mermar, seguramente asociado a la circulación
de plata proveniente de Mariquita (organizada por el presidente de la Real
Audiencia Juan de Borja), al colapso de la minería de oro y al
establecimiento de la Casa de la Moneda de Santafé de forma plenamente
Cambio monetario y penetración del capital eclesiástico en la economía
agraria. Los términos de Santafé, 1610-1660
Cristhian Sebastián Riaño Jurado
16
5
AGN, Notaría 3, 36, ff. 473v-475r.
operativa hacia 1627. De hecho, la presencia de plata en el corazón del
Nuevo Reino fue un alivio para las autoridades reales (Bonilla, 2017, p. 35) al
facilitar todo tipo de transacciones e e impedía tener la necesidad de traer
monedas de plata desde el Perú. Aun así, y a pesar de estas condiciones, el
día 16 de noviembre de 1633 se dio la venta de una estancia de pan y ganado
menor por parte del párroco de San Victorino, Gaspar Núñez, a María
Carrión por un valor de 200 pesos de oro de 20 quilates.5 Esta venta
equivalió a 384 pesos 7 reales y 2 cuartillos de plata, un precio relativamente
bajo teniendo en cuenta su ubicación, además de la rareza del uso de oro
de una alta ley como medio de pago luego de una década en la que solo se
utilizó la plata.
Gracias a la explotación de las minas de plata de Mariquita, la plata
paulatinamente empezó a circular dentro de Nuevo Reino de Granada
como moneda de cuenta y como medio de pago preferente a mediados del
siglo XVII. El 26 de octubre de 1615 se dio la primera venta empleando
moneda de plata, concretamente de una estancia de ganado mayor y una
estancia de pan y ganado menor que estaban yermas, por parte del
presbítero capellán de las monjas de La Concepción, Baltazar Galdames, a
Alonso Ruiz Galdames, declarando las estancias “Por libres de censo
ypoteca obligación especial ni general y por tal se las aseguro por precio y
quantia de ochocientos y cincuenta p[es]os de plata corriente que por ellas
me ha pagado en contado (AGN, Notaría 1, 34, ff. 488v-489v).
A pesar de este proceso de organización, en la Nueva Granada se
dieron ciertas particularidades en torno al tipo de monedas de plata
utilizadas o por lo menos declaradas por parte de los vecinos de Santafé en
las ventas de tierra en los términos de la ciudad. En el Imperio español las
monedas de plata corriente equivalían a 272 maravedíes, pero en la Nueva
Granada, y por ende en muchas ventas de tierra, se suele hacer referencia
a plata corriente de la de este reino de 312 maravedíes, una denominación
inusual sobre la cual no es muy clara la razón de su uso en la primera mitad
del siglo XVII. Hermes Tovar Pinzón (2000) señala que fueron usadas como
moneda de cuenta en las cuentas oficiales neogranadinas a mediados del
Cambio monetario y penetración del capital eclesiástico en la economía
agraria. Los términos de Santafé, 1610-1660
Cristhian Sebastián Riaño Jurado
17
siglo XVII, aunque con el tiempo fueron desapareciendo para dar paso al
patacón o pesos de 8 reales equivalentes a 272 maravedíes (p. 247).
Aquí se ha podido constatar que estas monedas de 312 maravedíes
fueron utilizadas en ventas de tierra en la misma época en la que Tovar las
detectó en las cuentas reales. Sin embargo, estas también fueron una
unidad monetaria que circulaba ampliamente en Santafé, ya que, según
una carta enviada por el Consejo de Indias al Rey Felipe III, en la Caja Real
de Santafé se acuñaban pesos de buen oro de 340 maravedíes que los
habitantes de la ciudad equiparaban a los pesos de plata de 312 maravedíes
que circulaban en el Nuevo Reino y a pesar del esfuerzo de los funcionarios
reales los súbditos no hacían caso a esas disposiciones (Friede, 1963, p. 16).
Es decir, esta denominación no necesariamente parece estar ligada al
establecimiento de la Casa de la Moneda de Santafé porque antes de este
ya eran usadas en la ciudad. Por ejemplo, en Santafé en 1619, Álvaro
Villarreal de Leiva le vendió a Miguel Arias de Ugarte dos pedazos de tierra
junto al río Fucha:
Por libre de censo tributo enagenacion empeño ni ypoteca especial
ni general y por tal se lo aseguro por precio y quantia de mil pesos de plata
corriente de la de este reyno de a trezientos y doze maravedies cada peso
que conffieso es su justo valor y no vale más. (AGN, Notaría 1, 36, ff. 174r-
175r)
Este desfase entre los pesos de 312 maravedíes y los de 8 reales
provoca que esta venta equivaliese en patacones a 1147 pesos y 1 cuartillo
en pesos de 272 maravedíes. Si bien esta es una especie monetaria extraña,
con el tiempo va desapareciendo.
Otra especie monetaria rara fueron los pesos de 9 reales que circularon
durante unos años luego de la desaparición de los pesos de 312 maravedíes.
En total se encontraron 13 ventas en las que se utilizaron pesos de 312
maravedíes entre 1619 y 1628 y 8 ventas en las que declararon pesos de 9
reales entre 1628 y 1637, cuyos montos se reajustaron a pesos de 8 reales.
Suponiendo que ambas especies monetarias fueran la misma, daría un total
de 20 transacciones montando 21 357 patacones con 3 reales.
Cambio monetario y penetración del capital eclesiástico en la economía
agraria. Los términos de Santafé, 1610-1660
Cristhian Sebastián Riaño Jurado
18
Como se vio al principio, durante varios años se usó la denominación
“plata corriente”, lo que genera cierta confusión debido a la posibilidad de
que fuera plata de 272 o 312 maravedíes. En esos casos se supuso que era
plata de 272 maravedíes siguiendo lo descrito por Ignacio Alberto Henao
(2015) para evitar la posibilidad de inflar los precios de las propiedades y
facilitar el manejo de la información. Probablemente, debido a la rareza de
los pesos de 312 maravedíes, su declaración en las escrituras y cartas de
venta radique en que tampoco era una unidad monetaria común para los
vecinos de la ciudad y su uso fue más bien provisional ante la escasez de
plata amonedada.
La venta más cuantiosa en la que se utilizaron pesos de 9 reales data
de 1631 cuando Bartolomé de Rodríguez, como albacea de Juan del Espino
Fernández por testamento de su padre Alonso García del Espino, vendió a
Juan de Soto Maldonado dos estancias de pan y ganado menor junto al río
Fitata (Fucha) y al camino que iba al pueblo de Tunjuelo, declarando:
Entrego y por precio de un mil y quatrocientos pesos de a nueve
reales cada uno que satisface el dicho Juan de Soto de esta manera los un
mil y docientos y treinta y seis pesos y siete tomines de la d[ic]ha moneda
de nueve rreales que estan cargados a censo principal por dos escripturas
sobre las d[ic]has estancias en favor de la cofradía de la beracruz. (AGN,
Notaría 3, 33, ff. 14r-16r)
Esta venta es bastante clara al mostrar la presencia de pesos de 9
reales en la ciudad de Santafé por lo menos hacia 1631, los cuales
posiblemente sean los mismos pesos de 312 maravedíes; aunque Tovar
cuestiona esta posibilidad, es necesario ampliar la cantidad de información
en torno al uso y circulación de este tipo de denominaciones (Tovar, 2000).
En conjunto, en pesos de 8 reales esta venta equivaldría a
aproximadamente 1631 patacones, una cifra apreciable para la época; y los
réditos producto del censo, a 62 pesos anuales.
Solo hacia 1635 empieza a existir un predominio de los patacones
como moneda de cuenta en las ventas de tierras. Lo anterior nuevamente
en consonancia con las ideas de Tovar (2000), para quien el siglo XVII es un
período de popularización y establecimiento definitivo del patacón como
Cambio monetario y penetración del capital eclesiástico en la economía
agraria. Los términos de Santafé, 1610-1660
Cristhian Sebastián Riaño Jurado
19
6
El tabardillo es una enfermedad bacteriana transmitida por piojos y pulgas infectadas que llegó a América con los españoles.
moneda de cuenta en la Nueva Granada. Forero (2014) también señala al
siglo XVII como un siglo “bisagra” (p. 15), perspectiva cada vez más
generalizada respecto a los cambios sucedidos a principios de este. En ese
sentido, se podría pensar en la primera mitad del siglo XVII como el punto
de inicio de la penetración de los censos redimibles como un instrumento
mediante el cual capas importantes de la sociedad colonial, eclesiástica y
civil captaban una parte importante de las rentas líquidas productivas en el
medio rural y que supuestamente era una de las causas de la pobreza del
Nuevo Reino de Granada a principios del siglo XVIII.
Paralelamente, tal y como se vio anteriormente, fue desapareciendo
de las cartas de venta la especificidad en el metal utilizado por parte de los
compradores para dar paso a los pesos de 8 reales como única moneda de
cuenta de uso en Santafé. Existieron casos similares de denominaciones de
plata corriente en el Perú en la segunda mitad del siglo XVI que eran pedazos
de plata de pobre acuñación con un contenido de plata y calidad variable
(Luque, 2016, pp. 101-104), con los cuales se da a entender que esta
circunstancia no necesariamente era única en el Imperio español y podría
pensarse en un proceso paulatino de normalización y estandarización
monetaria dentro del Imperio entre los siglos XVI y XVII.
Cargo a censo redimible
Si bien el censo redimible estuvo presente desde los primeros años,
este empieza a ganar importancia desde 1630, posiblemente a raíz de las
epidemias de tabardillo6 y viruela que azotaron la sabana de Bogotá entre
1630 y 1633, las cuales generaron una crisis económica y social generalizada
(Martínez-Martin y Otalora-Cascante, 2023) que se vieron reflejadas en una
disminución de la rentabilidad de los labradores y otros productores
agrícolas, quienes se vieron obligados a acceder a un censo. Esta hipótesis
se alinearía con otras fuentes que demuestran la terrible escasez de mano
de obra indígena que provocaba pleitos legales que se extendían por años,
como el caso de Jerónimo Serrano de Ávila, quien tuvo que querellar
legalmente para que se le otorgaran 6 indios del pueblo de Bosa para
Cambio monetario y penetración del capital eclesiástico en la economía
agraria. Los términos de Santafé, 1610-1660
Cristhian Sebastián Riaño Jurado
20
7
AGN, Notaría 1, 44, ff. 135r-136v. Posiblemente Santiago Rodríguez tuvo esta estancia durante muchos años, a la par que adquirió cierto prestigio
dentro de la ciudad y dicha propiedad se convirtió en un referente geográfico para los habitantes de Santafé con el paso de los años, ya que su
estancia estaba ubicada justo en medio de la actual localidad de Chapinero.
8
AGN, Notaría 3, 29, ff. 458v-461r.
9
AGN, Notaría 3, 29, ff. 423r-425v.
10
AGN, Notaría 1, 44, ff. 219r-222v.
explotar sus haciendas y el proceso se dilató hasta 1647 (Colmenares et al.,
1968, pp. 259-261).
Ese deterioro también pudo haber sido una oportunidad de negocio
para vecinos con caudales modestos que pudieron haber adquirido vía
censo la propiedad de algunos labradores o hacendados en dificultades. Por
ejemplo, el año 1636 resalta debido a que de las 7 transacciones ocurridas
ese año, solo la venta de Catalina Otalora fue pagada en metálico ante el
escribano. Catalina Otalora vendió una estancia de pan y ganado menor al
chapinero, fabricante o vendedor de zapatos de corcho, Sebastián
Rodríguez, por 130 pesos de plata corriente; la propiedad quedaba junto al
arroyo La vieja y lindaba con el camino real que iba a Tunja.7 En el otro
extremo, Antonio Verdugo y María Henríquez entregaron a Luis Páez Bravo
a censo redimible tres cuartos de estancia de pan y ganado menor por 560
pesos y debían pagar 28 pesos de rédito anuales en favor del convento de
San Agustín.8 En las cinco transacciones restantes los compradores recibían
una estancia parcialmente gravada y pagaban el resto de la propiedad a
satisfacción.
Este año también se da un caso un tanto curioso y parece un ejemplo
del desdoblamiento del censo redimible como una deuda ruinosa. El
mercader Lorenzo Suarez le vendió el 23 de junio una estancia de pan y
ganado menor en el valle del Tunjuelo a Juan Salvador de Guzmán e Isabel
de Sannicolas por 1000 pesos, mitad al contado y mitad a censo.9 Unos
meses después, el 22 de octubre, la pareja vende esta misma estancia a
Alonso de Llanos y Tomasa Rodríguez, en las mismas condiciones y por el
mismo precio, posiblemente ante la incapacidad de hacer frente al pago del
censo que pesaba sobre la propiedad.10
Cambio monetario y penetración del capital eclesiástico en la economía
agraria. Los términos de Santafé, 1610-1660
Cristhian Sebastián Riaño Jurado
21
11
A este resultado se le han añadido 12 pesos de pequeños remanentes en reales y cuartillos derivados de la conversión del valor de algunas
ventas en pesos de oro en pesos de plata.
12
Lamentablemente, de las 25 transacciones en las que se presentó la combinación del censo redimible y el pago al contado, en 2 de ellas no se
ha logrado conocer con precisión el monto del censo debido a que el estado del documento impide acceder a esa información (AGN, Notaría 1, 48I,
ff. 286v-288v). La primera, de un pedazo de tierra y estancias por parte de Juan de Aranda a Diego Florido Tirado y Florentina Téllez en 1646 por un
Tabla 2. Monto total de los caudales utilizados según su forma de
pago.
Forma de pago
Número
Proporción
Monto
Proporción
Recibidos a
satisfacción
100
60,6 %
67 888
50,05 %
Censo redimible
32
19,4 %
25 289
18,65 %
Parte al contado y
parte a censo
25
15,1 %
34 548
25,55 %
pago a plazos
6
3,7 %
4790
3,53 %
Especie
1
0,6 %
120
0,09 %
No es claro
1
0,6 %
2887
2,13 %
Total
165
100 %
35 53311
100 %
Nota. Elaboración propia a partir de AGN, fondo Notarías y Biblioteca Luis Ángel
Arango, sala de Libros Raros y Manuscritos, archivo Juan Carrasquilla Botero.
Respecto a los arreglos y los medios de pago, estos aparecen
sistematizados en la tabla 2. En ella se puede observar cómo, aunque el
60,06 % de las ventas fueron realizadas mediante el pago a satisfacción del
vendedor, estos pagos solo representaron el 50,05 % de los caudales
movilizados para la compra de propiedades en los términos de Santafé en
los 50 años analizados. Aunque el pago con arreglos que combinaban el
pago a satisfacción y el reconocimiento de un censo representan solo el 15,1
% de las transacciones, los montos movilizados mediante esta modalidad
ascienden a un cuarto de los caudales movilizados. En este punto, es
necesario explorar y analizar el segmento de operaciones en las que
aparecen combinados el pago al contado y la cesión de los censos
redimibles para tener una imagen mucho más precisa de los niveles de
endeudamiento de las propiedades agrícolas en los términos de Santafé.
En la muestra existen 23 transacciones suficientemente específicas12
como para disgregar el valor del censo junto con sus tenedores y el monto
Cambio monetario y penetración del capital eclesiástico en la economía
agraria. Los términos de Santafé, 1610-1660
Cristhian Sebastián Riaño Jurado
22
valor de 760 pesos. Respecto a la segunda, es la venta de 4 estancias de pan y ganado menor por parte de María de la O Gordillo a Marcos del Basto
y Juan Botello Freire por un valor de 2000 pesos.
13
AGN, Notaría 1, 49, ff. 397r-401v.
entregado en efectivo. En total, de los 34.548 pesos de las ventas de las que
se tiene información, 20.826 pesos estuvieron representados en censos
(60,28 %) y 10 962 pesos fueron entregados al contado (39,72 %). Al
desmontar aquellas ventas que mezclaron el censo redimible y el pago al
contado, se concluyó que en total fueron movilizados 78 850 pesos al
contado y 46 115 pesos en censos redimibles en favor de diversos
instituciones y vecinos.
Al extender esta información en la línea de tiempo, como lo muestra
la figura 4, siguen siendo visibles los dos subperíodos de ventas que ya han
sido referidos con un punto de quiebre en 1630, el cual tiene una mayor
participación de los censos redimibles, que empiezan a pesar sobre las
propiedades. Hacia 1650 parece que los caudales en efectivo y los censos
redimibles tienen valores parecidos, lo que coincide con nuestra hipótesis
de una progresiva penetración de los censos redimibles y por ende del
endeudamiento con diversos agentes entre los propietarios agrícolas de la
zona. En conjunto, el gravamen promedio se ubicó sobre el 89,8 %
mostrando tempranamente un nivel alto de endeudamiento. Otro
elemento que muestra este gráfico es el carácter relativamente
extraordinario del año 1652 como el año con la suma en pesos más grande
utilizada para la adquisición de una propiedad y que corresponde a la
compra de todas las tierras que tenía Diego Florido Tirado, funcionario de
la Real Audiencia, en los términos de Santafé entre los pueblos de Bosa y
Fontibón por el recién fundado Colegio Mayor de Nuestra Señora del
Rosario por 9000 pesos, la venta más grande registrada.13
Cambio monetario y penetración del capital eclesiástico en la economía
agraria. Los términos de Santafé, 1610-1660
Cristhian Sebastián Riaño Jurado
23
Figura 4. Pago al contado y en censo redimible en pesos de 8 reales,
1610-1660.
Nota. Elaboración propia a partir de AGN, fondo Notarías y Biblioteca Luis Ángel
Arango, sala de Libros Raros y Manuscritos, archivo Juan Carrasquilla Botero.
Respecto a las proporciones de endeudamiento, se encontraron ocho
compraventas en las que el censo representaba menos del 50 % del precio
de venta, 15 propiedades en las que el censo representó más del 50 % y 32
propiedades en las que el censo redimible comprendió la totalidad del
precio de venta. Así, podría pensarse en tres escenarios: con un bajo, alto e
íntegro nivel de endeudamiento. Como ejemplo del primer escenario, la
transacción que representó el menor nivel de endeudamiento fue la venta
realizada el 10 de enero de 1637 por parte de Gonzalo García Zorro,
descendiente de un integrante de las huestes de Gonzalo Jiménez de
Quezada, a Diego Florido Tirado de un pedazo de tierra por un precio de
2200 pesos de 8 reales, de los cuales el comprador entregó 1600 pesos en
efectivo y debía hacerse cargo de un censo de 600 pesos en favor de la
capellanía de Francisco az de Laserna, pagando un rédito anual de 30
0
2000
4000
6000
8000
10000
12000
14000
16000
1600 1610 1620 1630 1640 1650 1660 1670
Pago al contado y en censo redimible en pesos de 8 reales,
1610-1660
Recibidos a satisfaccion Censo redimible Lineal (Recibidos a satisfaccion)
Cambio monetario y penetración del capital eclesiástico en la economía
agraria. Los términos de Santafé, 1610-1660
Cristhian Sebastián Riaño Jurado
24
14
AGN, Notaría 1, 44, ff. 350r-353v.
pesos,14 representando un nivel de endeudamiento del 27,27 % sobre su
precio total.
Estas prácticas asociadas a la captación de rentas mediante los censos
redimibles también nos permiten observar el paulatino cambio monetario
acaecido en el Nuevo Reino de Granada. Por ejemplo, la estancia de pan y
ganado menor entregada en 1632 por Francisco Rodríguez del Campo a
Juan Mariño de Rivera, en la que declara:
Se las vendo en precio de seiscientos pesos de a nueve reales y más
ciento y cincuenta pesos de a ocho reales con declaración sobre la dicha
estancia de pan y ganado m[en]or están impuestos y cargados a censo
por mas los seiscientos pesos de a nueva reales censo y s los dichos
seiscientos pesos de a nueve reales cuyos réditos a razón de veinte
mil[sic] el millar cuyos réditos se pagan a la capellanía del dicho Diego
García Zorro y la demás tierra está libre de empeño ni hipoteca [..] y esta
cant[ida]d de seiscientos pesos de a nueve reales de censo de oy en
adelante a de pagar su redito. (AGN, Notaría 3, 36, ff. 102r-104v)
Es bastante curiosa la combinación de monedas con un contenido de
plata expresado en reales distintos en una misma venta, lo que expresa la
transición en el uso y/o circulación de monedas de 9 a 8 reales durante la
década de 1630. Convirtiendo los 600 pesos de 9 reales pagados en efectivo
a pesos de 8 reales, estos equivalieron a 675 patacones, con una
participación del 81,82 % sobre el precio de la propiedad, que llegó a los 825
patacones. Una proporción de endeudamiento alta.
Con respecto al último escenario, en el que una propiedad es cedida
con un censo redimible, el comprador podía reconocer censos previos o en
su defecto adquirir la propiedad al mismo tiempo que adquiría una deuda
con un vecino o con una institución eclesiástica. Una de las últimas ventas
que se han encontrado entregadas bajo esta modalidad fue la venta de las
tierras entregadas por el presbítero y capellán de la capellanía de Juan de
Bonilla Navarro, Antonio Osorio de las Peñas, al “contador de rentas de
Cambio monetario y penetración del capital eclesiástico en la economía
agraria. Los términos de Santafé, 1610-1660
Cristhian Sebastián Riaño Jurado
25
15
AGN, Notaría 1, 37, ff. 89r-90v.
cajas reales de este Reyno” Bernardo José de las Peñas el 15 de noviembre
de 1658, declarando:
En prezio de tres mil pesos de ocho reales que es su justo valor y que
quedan situados y cargados a sobre las dichas tierras y en el ynterin de su
redención el dicho comprador han de pagar los reditos y tener dicha
estancia y fincas vistas labradas y mejoradas de todo lo necesario de
manera que vayan en aumento y no vengan en disminución y en ellas este
seguro y se cobre d[ic]ho censo. (AGN, Notaría 1, 58, ff. 821r-823v)
Como resultado de esta venta, la capellanía obtendría un rédito anual
de 150 pesos, una suma apreciable que al término de dos años sería
suficiente como para comprar un esclavo en Santafé, cuyos precios entre
1610 y 1660 fluctuaron entre los 200 y 350 patacones según Carlos Eduardo
Valencia Villa (2003). Esta venta es un claro ejemplo de la penetración
mediante el rentismo por parte de una institución religiosa en la economía
agrícola de la Sabana de Bogotá. Asimismo, resalta que el vendedor señaló
como uno de los deberes del ahora propietario de las tierras el mantenerlas
en buen estado, una declaración que cobra mucho sentido siendo la
capellanía una inversión para salvar el alma de Juan de Bonilla Navarro,
quien fue canónigo de la iglesia de la Catedral hacia 1621, y si se dejaban de
percibir estos réditos estarían en peligro las misas en favor del alma del
fallecido.15
Otras transacciones revelan el comportamiento estratégico de
algunos propietarios para percibir una renta de sus propiedades sin
intervenir en su explotación: un ejemplo fue la venta de algunas tierras y
estancias en términos del pueblo de Bosa por parte de Joséph de Mesa
Cortés y Bernardina Arias y Oruña a Antonio de Vergara Azcarate, tesorero
de la Real Casa de la Moneda de Santafé, y Josefa de Mayorga Olmos, su
esposa, del 16 de agosto de 1649, en la que los vendedores declararon:
Cambio monetario y penetración del capital eclesiástico en la economía
agraria. Los términos de Santafé, 1610-1660
Cristhian Sebastián Riaño Jurado
26
En precio de tres mil y doscientos pesos de a ocho reales castellanos
cada uno pagados en esta manera los doscientos que recibimos de
contado en reales acuñados de que estamos satisfechos [...] y los
quinientos pesos de la dicha moneda debemos a censo sobre las d[ic]has
tierras al convento de monjas de Santa Clara de esta ciudad de la dote de
Beatriz de espinoza de hora [sic] monja profesa nuestra amada y
hermana los quales han de reconocer los d[ic]hos compradores y de ellos
de d[ic]hos censo en favor del d[ic]ho convento y sacarnos libres de su
devito [sic] principal y reditos desde primero de noviembre de este
presente año […] y de los dos mil y quinientos pesos restantes al precio
de esta venta nos an de pagar redito de censo a razón de veinte
maravedies el millar y me darán cada año desde el d[ic]ho dia primero de
noviembre 125 pesos de la d[ic]ha moneda. (AGN, Notaría 1, 48I, ff. 201r-
205r)
En conjunto, los gravámenes sobre las propiedades vendidas
equivalían al 93,75 % del precio de venta y sus réditos sumaban 150 pesos,
una cantidad apreciable que, a todas luces, sus compradores consideraron
que podían pagar en menos de 3 meses, pues tenían que pagarlos el 1 de
noviembre de ese año. Es importante observar la sujeción de la venta de las
propiedades a un censo a favor de los propietarios, ya que siguen
percibiendo una renta de la propiedad mientras se desentendían
completamente de la responsabilidad de pagar el censo de la dote de la
“amada hermana”, ya que esa responsabilidad ahora recaía en el tesorero
de la Real Casa de la Moneda de la ciudad, cuya administración estuvo
plagada de irregularidades (Bonnett Vélez, 2013, p. 117).
Con respecto a los tenedores de los censos redimibles que eran
transferidos en las ventas, es evidente una fuerte preponderancia de las
capellanías y los conventos como principales prestamistas a censo en
Santafé, por lo menos en sus áreas rurales circundantes, en concordancia a
lo señalado por historiadores como Toquica Clavijo (2008) y Robayo
Abendaño (1995), entre otros. Sin embargo, es destacable la alta
proporción de vecinos como tenedores de este tipo de deudas, lo que
apunta a la extracción de recursos de la esfera productiva rural tanto por
instituciones eclesiásticas como por vecinos españoles mediante este
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mecanismo como una tercera vía a la explotación directa y al
arrendamiento en favor de percibir una renta.
En términos proporcionales, las instituciones eclesiásticas fueron
censualistas o acreedores en el 59,68 % del total de las ventas frente a un
40,34 % en el que los réditos eran percibidos por vecinos, incluyendo
vendedores o un tercero. En conjunto, es visible una fuerte penetración del
endeudamiento de las propiedades a medida que avanza el siglo XVII en
favor de instituciones eclesiásticas, además de que captan censos más
grandes, situación lógica debido a las enormes necesidades de la economía
espiritual como las misas y el abasto de los conventos, que a todas luces
eran cuantiosos para la época, lo que es visible en sus elevados montos.
El censo más cuantioso en favor de un vecino fue el retenido por Juan
Rey y Cerezo y Juana Sánchez derivado de la venta a censo de dos estancias
de pan y ganado menor a Francisco Botello en 1655 por 1125 pesos de 8
reales.16 En contraste, el convento de Santo Domingo llegó a ser tenedor
de un censo sobre seis estancias de pan y ganado menor que ascendía a
3500 pesos que vendió a Juan Bastida en 1640, generando un censo a su
favor de 175 pesos anuales.17
Tabla 3. Tenedores eclesiásticos y civiles de los censos redimibles.
Tenedor
Censos
Proporción
Capellanía
17
29,82 %
Convento
14
24,56 %
Cofradías y
hospitales
3
5,3 %
Vendedor
15
26,31 %
Terceros
8
14,03 %
Total
57
100,00 %
Nota. Elaboración propia a partir de AGN, fondo Notarías y Biblioteca Luis Ángel
Arango, sala de Libros Raros y Manuscritos, archivo Juan Carrasquilla Botero.
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Existen dos casos particulares que merecen cierta atención debido a
que su forma de pago se ajusta mejor a la categoría de permuta, además de
que ofrecen información algo más detallada sobre la circulación de la
propiedad en el siglo XVII. La primera es la venta de una estancia y media de
pan y ganado menor por parte de Jhoan de Vargas Machuca y Francisco,
herederos de la recién fallecida Elvira Moyano José, el 26 de septiembre de
1617 en favor de Alonso García Ospino, en la que se declara:
Libre de censo o ypoteca obligaciones especiales ni general y por lo
cual se lo aseguramos por precio y quantia de ciento y veinte pesos que
de suso dicho recibimos en doce botijas de vino en diez pesos botija que
tenemos en nuestro poder. (AGN, Notaría 1, 35, ff. 480r-481r)
Se debe tener en mente que desde la llegada de los españoles a
América quisieron mantener los mismos patrones de consumo a los que
podían acceder en España, aunque a un precio bastante alto debido a los
costos de traerlo desde el viejo mundo, como lo muestra Gregorio
Saldarriaga (2012). En este contexto, productos como el vino eran una clara
muestra de identidad y diferenciación social. Pardo Pardo (1972) establece
el precio del vino al consumidor en 10 pesos para 1635 (pp. 237-238),
entonces, a menos que lo compraran directamente para consumirlo,
probablemente el precio del vino para 1617 era más alto al momento de
revenderlo.
Otro caso bastante particular ocurrió el 20 de diciembre de 1635 con la
entrega de una estancia de ganado mayor por parte del mercader Juan
Romero a Francisco Velazco y Francisca Gutiérrez en precio de:
Un mil pesos de ocho reales de la qual canti[da]d he recibido
quinientos pesos de la d[ic]ha moneda en el valor de una casa que oy
d[ic]ho dia y por ante el presente escribano me a vendido el dicho
Fran[cis]co Velazco y los d[ic]hos quinientos pesos quedan cargados a
censo sobre las dichas tierras y ganados de esta venta de la qual cantidad
en el ynterin que no lo redimieren y pagaran me an de pagar veinte y cinco
pesos en cada un año. (AGN, Notaría 3, 43, ff. 480v-483v)
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AGN, Notaría 1, 44, ff. 270r-272v.
Lamentablemente, no se especifican las calidades de la casa, pero es
la única venta en la cual se acude a la permuta entre dos propiedades en
condiciones relativamente ventajosas para el vendedor, que ahora tiene
derecho a percibir una renta anual. En cuanto a los vendedores, ellos
también se comprometen a sanear la propiedad, ya que al parecer tenía un
conflicto legal que probablemente logran resolver, dado que al siguiente
año venden la mitad de la propiedad a Luis Ygarza. En esa venta Velazco
vendió la propiedad por un valor de 600 pesos cargados a censo redimible
a su favor, generando un rédito de 30 pesos anuales.18 Esta fue una decisión
estratégica de su parte, dado que ahora podía pagar el rédito de 25 pesos
anuales que debía a Juan Romero con los réditos de la media estancia que
cedió a Ygarza.
Conclusiones
Retomando el debate del papel de la moneda en la economía colonial
hispanoamericana, estas ventas permitieron observar algunos de los
cambios en la circulación, nominal o física, de la moneda en la ciudad de
Santafé a lo largo de 50 años, que podrían considerarse como parte de un
proceso de organización monetaria que requirió de circunstancias
económicas, sociales e incluso naturales para llegar a buen puerto. Por un
lado, el colapso de la minería del oro, la construcción de la casa de la
moneda y la explotación de plata en Mariquita facilitaron el
establecimiento del peso de 8 reales o patacón como moneda de uso
corriente en Santafé a mediados del siglo XVII. Este proceso de
ordenamiento y reorganización de la sociedad colonial fue lento y apunta a
una época de transición de un universo algo caótico de especies monetarias
de oro y plata a un universo homogéneo de plata corriente de 272
maravedíes o patacones, en consonancia con los flujos comerciales
globales, poniendo fin al quebradero de cabeza para los habitantes de
Santafé y la Real Hacienda a mediados del siglo XVII.
Precisamente fue la convergencia entre la regulación monetaria del
Nuevo Reino y la regulación de los derechos de propiedad sobre la tierra lo
que constituyeron las condiciones propicias para el uso del censo redimible
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y la constitución de una clase rentista de nuevo cuño en la sociedad colonial.
Un contraste importante si se tiene en cuenta que, por lo general, este tipo
de deudas sobre la tierra suelen estar asociadas desde la historiografía a la
esfera eclesiástica. De esta manera, también se abre la posibilidad de la
existencia de un mercado crediticio manejado por particulares incluso
desde principios del siglo XVII y no solo para finales del siglo XVIII.
Lo anterior abre la posibilidad y la necesidad de construir una historia
colonial del crédito como instrumento financiero y como vehículo para la
captación de rentas e incluso como un agente de monetización de las
economías agrarias, dado que incentivaba la producción de bienes para el
mercado por parte de los deudores de estos censos que debían pagarlos en
efectivo. Por último, y como se logró ver a lo largo del texto, es necesario
resaltar la existencia de una capa de propietarios mucho más diversa de lo
que suele pensarse para la época colonial: chapineros, presbíteros,
funcionarios reales, comerciantes y descendientes de los primeros
conquistadores interactuaban en este mercado desde diversas posiciones.
Esta diversidad en todo sentido muestra cómo el siglo XVII, en medio de una
evidente crisis generalizada, también abrió la posibilidad para que nuevos
actores sociales penetraran en las esferas económicas y políticas de una
sociedad colonial en plena transición.
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