El "efecto papaya" y la historia económica de Colombia

Leopoldo Fergusson a

a Profesor asociado, Facultad de Economía, Universidad de los Andes. Correo electrónico: lfergusson@uniandes.edu.co

Sugerencia de citación: Fergusson, L. (2015). El "efecto papaya" y la historia económica de Colombia. tiempo&economía, 2(2), 106-110


Quiero felicitar al profesor Hermes Tovar y a la Facultad de Economía de la Universidad de los Andes por sacar adelante esta Colección de Historia Económica de Colombia, que es muy valiosa. Y esta felicitación también va para Ediciones Uniandes por sacar este conjunto de libros, además, muy bien editados. Como ustedes se darán cuenta, creo que son pertinentes.

Hasta en las pequeñas cosas la historia se repite, como con lo que les voy a contar. Trataré de ser breve y no demasiado árido; por eso, más que hablar como investigador voy a hacer una especie de anecdotario, y en el proceso quedará clara, espero, la importancia del libro de McGreevey y de editarlo nuevamente.

El primer capítulo de la historia empieza en 1965, cuando McGreevey era un joven estudiante de doctorado del MIT que recibía su título de doctor, con una tesis que se convertiría en 1971 en la publicación en inglés de este libro.

El título en inglés fue An Economic History of Colombia, 1845-1930. Noten el énfasis en una historia económica de Colombia. En español le quitaron ese una, y eso puede haber herido algunas sensibilidades, porque sonó como si fuera la historia definitiva. Cuenta la leyenda que Mc-Greevey había elegido estudiar a Colombia porque cuando fue a la biblioteca del MIT encontró que prácticamente no había libros sobre Historia Económica de Colombia, y decidió: "ya tengo tema de tesis". Yo también hice mi doctorado en el MIT, y me lo puedo imaginar (como estuve yo 45 años después) en la librería Dewey de Ciencias Sociales rompiéndose la cabeza por encontrar un tema de tesis que valiera la pena, teniendo presente además que tenía que convencer a sus asesores, liderados ni más ni menos que por Simon Kuznets.

Así fue como llegó a trabajar en Bogotá en 1963 (tuvo incluso uno de sus hijos en Bogotá), a escarbar la historia económica de Colombia en el CEDE de la Universidad de los Andes y en la Biblioteca Luis Ángel Arango. McGreevey venía entusiasmado a aplicar la criometría, o Nueva Historia Económica, como también se le conoce, que estaba dando sus primeros pasos. El énfasis era el análisis econométrico, guiado por teoría económica, para estudiar la historia económica. Se trataba de una aproximación que aún estaba en pañales y que iba generando tanto entusiasmo como resistencia.

Una muestra de que estaba todavía en pañales es que apenas aparecían los principales trabajos pioneros de esta corriente, como los del propio Kuznets (El crecimiento económico moderno, 1966), o el análisis de los ferrocarriles y el crecimiento que hizo Robert Fogel (1964). Y la historia económica en Colombia también estaba en pañales. Las principales referencias en historía económica eran el trabajo de Luis Eduardo Nieto Arteta de 1942 (Economía y cultura en la historia de Colombia) y el de Luis Ospina Vásquez de 1955 (Industria y protección en Colombia, 1810-1930). Ospina Vásquez, de hecho, fue uno de quienes guio al joven McGreevey recién llegado a Colombia.

Todo esto es clave para entender lo que pasaría con la obra de McGreevey: se trataba de un investigador inexperto que llegaba a aplicar un método que aún estaba en pañales, en un contexto donde el estudio de la historia económica apenas empezaba.

El segundo capítulo de la historia empieza en 1975, cuando su libro se publicó en español con el título Historia económica de Colombia, 1845-1930. Ese año, McGreevey recibió una invitación a un seminario en Bogotá. Cuenta McGreevey en el Epílogo de esta nueva edición que sólo se enteró al llegar al país que el título de la conferencia era "Un análisis crítico de la obra Historia económica de Colombia, 1845-1930 de William Paul McGreevey". Básicamente, fue una "encerrona académica" que le hicieron a McGreevey. Estaban los historiadores colombianos (Hermes Tovar, Salomón Kalmanovitz, Luis Ospina Vásquez, entre varios otros) y los extranjeros colombianistas (como Frank Safford, Malcolm Deas, David Bushnell). Todos los asistentes le dieron palo a McGreevey.

Frank Safford fue uno de los más contundentes. Le preocupaba, dijo, "que la falta de una literatura muy amplia sobre la historia económica de Colombia, confiera a esta obra una autoridad inmerecida" (Historia económica de Colombia: un debate en marcha, Instituto de Estudios Colombianos, Bogotá, 1979, p. 25). Salomón Kalmanovitz dijo que "la teoría propuesta es no sólo inadecuada para explicar los hechos de la transición colombiana [al capitalismo] sino que es incoherente para explicar cualquier transición en general". Hermes, entre otras cosas, analizó en detalle un libro de cuentas de la hacienda de Doyma entre 1767 y 1769 para refutar las afirmaciones que hacia McGreevey sobre la situación de los indígenas y sectores populares atados a la tierra provocados por la política agraria borbónica.

¡Y eso que, según cuenta Hermes Tovar, todos los autores (excepto él) corrigieron las memorias publicadas suavizando algunas de sus afirmaciones!

Lo criticaron por muchas cosas, pero podrían agruparse en dos grandes grupos. Primero, por usar datos imperfectos. Segundo, por usar métodos inapropiados. Esto último incluía desde desconocer aspectos del contexto colombiano que hacían poco plausibles los supuestos que guiaban su análisis y sus modelos hasta descartar del todo como válida la aproximación de la criometría.

El asunto fue tan fuerte que el profesor James Robinson, en un seminario en Bogotá (que debió ser en 2003 o 2004), postuló el McGreevey Effect en una presentación sobre el desarrollo de largo plazo en Colombia:

El Efecto McGreevey

Teorema: Si un académico gringo asegura que x es verdad sobre Colombia, los estudiosos colombianos rotundamente afirman que x no es cierto.

Prueba: La Historia económica de Colombia de William McGreevey.

Corolario: Se acabaron los gringos que escriben sobre la historia económica de Colombia.

Claramente es una exageración humorística, pero capta la esencia de la controversia. Yo en ese momento era apenas un asistente de investigación que especulaba con hacer un doctorado, y trabajaba para el profesor Robinson. Pero Robinson tuvo la generosidad de anotarme como coautor de la ponencia.

En esa ocasión, un economista connotado, casi que reiterando como con reflejo la actitud que denunciaba el Efecto McGreevey, me dijo: "A usted no le conviene asociarse con Robinson y Acemoglu". Tal vez sabía que yo iba a acabar como McGreevey, pues por culpa de Robinson y Acemoglu es que pude entrar a convertirme en estudiante del MIT.

Pero es interesante que con el tiempo se haya venido reivindicando esta obra de McGreevey, por varias razones. Hay un par de ensayos de la historiografía colombiana que hablan del libro y que son particularmente útiles, el de Meisel1 y el de Kalmanovitz.2

Meisel rescata que McGreevey utilizó fuentes extranjeras para construir las cifras de comercio exterior en el siglo XIX, pues las locales se consideraban muy problemáticas, por el contrabando y la subfacturación. Y aunque se sabe que las cifras extranjeras también tienen problemas, eso fue una innovación y una salida ingeniosa. Kalmanovitz dice: "El contrapunteo entre el tabaco durante el siglo XIX y el café durante el siglo XX que elaboró McGreevey es interesante desde el punto de vista de los encadenamientos e impactos de la actividad exportadora en el crecimiento de largo plazo". Meisel también agrega: "McGreevey encontró que en general para el periodo 1920-1949 los ferrocarriles fueron una inversión rentable. Tanto por el manejo de las cifras como por la explicación clara de la metodología utilizada, la evaluación costo-beneficio de las inversiones en ferrocarril que realizó McGreevey es bastante convincente, y es, a mi juicio, la principal revisión que hizo el autor a la historiografía económica colombiana".

Robinson, en el prólogo a esta nueva edición del libro, destaca además que esta obra, a pesar de las posibles fallas en algunas de sus interpretaciones y la revisión en algunos de sus datos, tiene mucho que destacar. Entre otras cosas, el énfasis en condiciones políticas (como la ausencia de un Estado capaz) e instituciones ineficientes heredadas de la Colonia que pudieron haber truncado el desarrollo económico. En este sentido, aunque sin el nivel de precisión que tuvieron los trabajos posteriores, el trabajo de McGreevey fue casi que precursor de las obras del neoinstitucionalismo que han sido tan influyentes, tanto en el mundo en general como en América Latina en particular, para entender mejor las raíces profundas del desarrollo.

Dado que se ha ido reivindicando hasta cierto punto el valor del libro, una pregunta válida es por qué fueron tan duros con McGreevey en su momento. Una primera razón es que, aunque en efecto tiene muchas falencias, varias resonaron mucho, tal vez demasiado, por tener que ver precisamente con aplicar un método en infancia en un entorno en infancia: McGreevey hizo lo que pudo con lo que tenía a su alcance. No es coincidencia que donde los datos fueron mejores, sus resultados han sido más valorados, como el caso de su análisis del transporte. Pero como hablábamos con Hermes, tampoco se le puede acusar a McGreevey por haber usado su imaginación. La imaginación es parte fundamental del proceso de investigación. Sin imaginación no habría innovación en el conocimiento. Parece que a los críticos más feroces de McGreevey les molestaba que el título de su libro (sobre todo en español) lo hacía ver como el trabajo definitivo. Pero quizás ellos más que McGreevey estaban defendiendo alguna aproximación definitiva, una verdad definitiva y un método definitivo.

Muchos vieron el trabajo de McGreevey como una amenaza. La cita de Safford lo muestra claro. Como señala Meisel, no sorprende en una época en que la criometría iba desplazando historiadores económicos tradicionales, que estaban a la defensiva. Además, como lo muestra Kalmanovitz en su ensayo bibliográfico, era una época donde aceptar la criometría era como aceptar una postura política. O más en general, donde había una correspondencia más clara entre método y postura política en general. Se creía que por estar atado a la teoría neoclásica, entonces no se podía acomodar fácilmente el papel de las instituciones colectivas, y se representaba más bien una postura de "derecha". Pero los avances del neoinstitucionalismo muestran que esto no es así necesariamente.

En resumen, mucha gente se veía amenazada: el que privilegiaba el estudio de casos específicos a fondo para conocer el contexto se veía amenazado por las frías cifras cuantitativas y descontextualizadas, o el que miraba el mundo con los lentes del marxismo veía cuestionada esa visión del mundo.

Hoy tal vez lo vivimos un poco distinto. Hoy en día somos mucho más promiscuos: construimos teorías afines a teorías marxistas con herramientas formales de la economía "neoclásica", incorporamos las instituciones colectivas y miles de fallas de mercado, aunque partamos del individualismo metodológico; exploramos a fondo estudios de caso, aunque hagamos regresiones econométricas con miles de observaciones. Somos promiscuos y no nos importa mezclar aproximaciones. Pero tengo la impresión de que no era así en esa época. Era como ponerle los cachos a la mujer: había que elegir una aproximación o la otra.

La segunda gran razón por la que le dieron duro a McGreevey es porque dio papaya. En el caso de McGreevey, se hizo famosa su afirmación en el libro –en su esfuerzo por explicar el despegue de un crecimiento sostenido en Colombia en el siglo XX en algunas regiones de Colombia y no en otras– según la cual los colombianos finalmente hicieron la transición al crecimiento sostenido "porque así lo quisieron". En efecto, planteada así la ingenuidad, es enorme y no se contesta la verdadera pregunta: ¿Y por qué quisieron? ¿Y por qué quisieron en ese momento y no antes? ¿Y por qué quisieron los paisas y no otros?

Pero aun en este caso, McGreevey estaba en cierto sentido en la dirección correcta, al señalar que no se trataba de barreras tan enfatizadas como nuestra imposible geografía o la necesaria dependencia de los países pobres como causa del desarrollo. En esto de la geografía, por ejemplo, el trabajo de Xavier Durán sobre el transporte en Antioquia y California le da la razón a McGreevey.3 Durán no logra encontrar en la geografía, ni en la rentabilidad de los proyectos, ni en las fuentes de financiamiento, las diferencias en la construcción de vías en California y Antioquia, sugiriendo que en algún sentido profundo "no quisimos" desarrollarnos.

En fin, no es para negar que McGreevey dio papaya y en muchas cosas fue ingenuo. Pero nos concentramos tanto en eso que por mucho tiempo no vimos lo valioso que podía tener su libro. Y entonces, en línea con el Efecto McGreevey, quiero proponer un segundo teorema, afín al del Efecto McGreevey:

El Efecto Papaya

Teorema: Si un académico gringo da papaya, los colombianos lo aprovechan.

Prueba: La Historia económica de Colombia de William McGreevey.

Corolario: No le ponemos atención a lo valioso que pueda decir el gringo.

Es interesante porque, para terminar con una nota de coyuntura, muy recientemente el autor del Efecto McGreevey, el profesor Robinson, dio papaya al afirmar, entre otras cosas,que los problemas de Colombia no están en el campo y que, en lugar de hacer promesasimposibles sobre restitución de tierras, el país debería enfocarse en la educación y dejar que los problemas rurales se marchiten.4 Yo, que soy alumno de Robinson y he sido educado bajo su visión del mundo; creo que dio papaya y no estoy de acuerdo con todo lo que dijo al respecto.

Pero al mismo tiempo, creo que el Efecto Papaya puede estar haciendo que no veamos lo más importante que dijo en las famosas notas periodísticas que generaron un amplio debate: que los colombianos nos estamos hablando paja pensando que la guerra es la causa fundamental de nuestros problemas y que la firma de un tratado de paz será su solución. Ninguna de las dos cosas son ciertas, y eso lo digo aunque apoyo todos los esfuerzos por acabar el conflicto interno por la vía del diálogo. Espero que no pasen 45 años para que lo descubramos y empecemos a pensar, en serio, cómo hacemos para desarrollarnos. Para que, en serio, eso sea "lo que queramos", como dijo McGreevey.

Notas al pie

1 Adolfo Meisel, 1998, "La criometría en Colombia: una revolución interrumpida, 1971-1999", Borradores de Economía 118, Banco de la República de Colombia.

2 Salomón Kalmanovitz, 2004, "La criometría y la historia económica institucional: reflejos latinoamericanos", Historia Crítica, 27 (enero-junio): 63-90.

3 Xavier Durán, "Why not Using the Wheel? Evidence from Colombia and California", mimeo.

4 James Robinson, "¿Cómo modernizar a Colombia?", El Espectador, diciembre 13 de 2014, y James Robinson, "Colombia: ¿Esta vez es diferente?", El Espectador, enero 17 de 2015.